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jueves, 2 de febrero de 2017

Ser madre trabajadora y no morir en el intento.

Hace tres meses me reincorporé al mercado laboral después de dos años criando.
Me quedaban dos meses de subsidio y con un sueldo mileurista era imposible subsistir los cuatro.
Me ofrecieron una oferta en la que, de ser necesario, podían llevarme a Delia al trabajo para que mamara. Pese a prometerme a mí misma que nunca volvería a la hostelería, acepté.

Delia tenia siete meses y tomaba lactancia materna casi exclusiva, ya que estábamos empezando con BLW y aún no sabía comer mucho.          
Yo no tenía banco de leche. Delia no había sido capaz en siete meses de beber ni un mililitro de mi leche a través de un biberón, pese a probar varios tipos y tetinas distintas. Teníamos uno que nos habían regalado sin probar, y era nuestra última esperanza.

El día de antes me enchufé el sacaleches. Me tiré casi tres cuartos de hora para sacarme 30 ml. Iba con la presión de dejarle a mi niña un biberón entero, y yo sola, poniéndome nerviosa y estresándome, hacía que no me saliera casi nada.
Pero un casi nada más otro casi nada, hacen un poquito. Y un poquito más otro poquito hacían casi medio biberón. Fui mezclando todo y le dejé 120ml. Como ella nunca había tomado lactancia en diferido, no sabía qué cantidad tenía que prepararle, así que los primeros días fuimos tanteando.
Para juntar dos extracciones deben de estar a la misma temperatura y corresponder a las mismas 24 horas.


Mi rutina. Un truco para que salga más leche es extraer con el bebé al otro pecho, con extra de oxitocina siempre es mejor.


Al día siguiente me fui con el llanto de mis dos hijos en la cabeza. El mayor no entendía que después de dos años dedicándome a él me tuviera que ir. Me decía que no lo hiciera, que me quedara a su lado. La pequeña también lloraba sin consuelo.
Llegué al trabajo y cuando me dieron el uniforme me fui directa al baño a llorar. Estuve así cerca de un mes. Conforme llegaba, lloraba. Cuando pasaban cuatro horas y me daban las subidas volvía a llorar. Qué duro era saber que mi niña estaría encantada de estar mamando en ese momento...
Llegaba a casa sobre las 00:30-1:00 y, aprovechando que todos dormían yo me sacaba la leche del día siguiente. O parte, porque la mayoría de las veces la tenía que mezclar con la de la mañana.

El primer mes fue horroroso. Lo pasé francamente mal y pensé en tirar la toalla mil y una veces todos los días... Apenas comía, realmente lo que hacía era malcomer. iba a base de galletas Tosta Rica y nueces. Perdí más de dos kilos... Pero pensaba que todo era por ellos y seguía. Seguir cuando crees que no puedes más es lo que te hace diferente a los demás.

También se me juntó que acababa de empezar el curso de Asesora de Lactancia, así que compagino todo como puedo, también he retomado la autoescuela y tengo proyectos en mente, intento organizarme y tener tiempo para todo(s) pero hay días en los que es imposible.


La conciliación del s.XXI


Otra parte muy difícil fue la búsqueda de niñera. Hicimos un montón de entrevistas por teléfono y seleccioné las que mejor podían encajar con los niños. Buscábamos alguien cariñoso, con conocimientos en primeros auxilios (ya que Delia estaba empezando a comer sólidos y no queríamos renunciar a este método), alguien dulce y a la vez firme de ser necesario, que sepa poner límites pero con cariño. Alguien a quien, obviamente le gustaran los niños y tuviera experiencia con ellos. Pago la hora a la niñera más de lo que yo la cobro porque considero que su trabajo es mucho más importante que el mío, así que hay días en los que voy a trabajar prácticamente para pagarle a ella, aunque intentamos cambiar turnos y que Nestor, mi suegra, mi cuñado, mi hermano o mi madre también se queden con los pequeños para que esto no pase mucho, ya que es muy frustrante.

Los dos años que estuve dedicándome en cuerpo y alma sólo a mis hijos fueron maravillosos a la par que cansados. La casa muchas, muchísimas veces se me venía encima. Recuerdo que las últimas horas del día eran las peores... El cansancio acumulado, el no dormir sumado a hacer cenar, baños, dormir a uno, dormir a la otra... Cuando por fin lo conseguía siempre se despertaba uno de los dos y me reclamaba.. Fueron meses muy duros, pero ojalá pudiera volver a ellos. A veces siento que no los aproveché del todo y ahora me arrepiento. 

Ahora llego al trabajo y cada vez que veo a una mamá con un niño me lanzo a esa mesa. Mis compañeros se ríen y siempre lo comentan.
Realmente cuando estoy trabajando desconecto y aunque esté más cansada físicamente estoy más descansada psicológicamente. Pero cuando alguno de los dos está malito todo se desmorona dentro de mí, y aunque estoy segura de que los dejo en buenas manos... Sé que para ellos, como las mías no hay ningunas.

miércoles, 31 de agosto de 2016

16 SEMANAS NO SON SUFICIENTES. #ConciliarEsVivir #ConciliAcción

La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda la lactancia materna (en caso de no poder/querer, la artificial) como alimento exclusivo durante los 6 PRIMEROS MESES DE VIDA.
Tenemos 16 semanas de baja maternal, lo que equivale a poco menos de cuatro meses. Entonces... No me salen las cuentas.
La realidad de una madre trabajadora que quiere continuar con la lactancia materna es dura, difícil y triste. En el mejor de los casos hay que tirar de sacaleches y que algún familiar le de lactancia en diferido al bebé exclusivamente hasta los seis meses, es decir, dos meses que dependemos de alguien que manipule nuestra leche (la descongele, la deseche de ser necesario...) Otra opción es introducir la alimentación complementaria a los cuatro meses, cuando nos guste o no, el estómago del bebé no esta completamente maduro y hay riesgos de desarrollar alergias. También se tendría que meter al niño en una guardería o contratar una niñera. O comenzar con lactancia mixta. Pero en todos estos casos la conciliación es un problema.
No tenemos hijos para que a los cuatro meses los tengamos que dejar. Tenemos hijos para criarlos, para disfrutar de ellos, para que ellos nos disfruten a nosotros. A los cuatro meses no saben ni sentarse... Nos necesitan.

En caso del padre es igual, dos semanas de baja... Cuando el papel del papá es también importantísimo. En mi caso fue un pilar fundamental para conseguir una lactancia exitosa, fue un apoyo total en todas las subidas y bajadas de hormonas. Fisicamente me curaba y me cuidaba.
Y lo mas importante, dejando atrás todo esto... Él también necesitaba estar/cuidar a nuestra hija. Cuando regresó al trabajo tuvo un bajón bastante gordo (encima empezó de fines de semana y se tiraba dos días sin vernos).

Tenemos que luchar por lo que nos pertenece, por lo que nos merecemos. En el resto de Europa las bajas son así:




Estamos entre los países europeos con menos baja maternal/paternal. ¿Cómo pretenden que suba la natalidad así? Porque a mí se me quitan las ganas de ir a por el tercero, y tengo amigas muy cercanas que desean tener el segundo y no pueden por el trabajo.

Ya nos estamos moviendo, ya estamos luchando por una conciliación real. Para hacer ruido va a haber una quedada en Twitter el lunes 5 de septiembre a las 10:00 y otra a las 22:00. El resto de semana solo se hará una diaria a las 22:00h.

Para participar hay que twittear poniendo los hastag #ConciliarEsVivir el lunes, el martes y el miércoles; #ConciliAcción el jueves, el viernes y el sábado y #MADRESGUERRERAS todos los días. Vamos a intentar hacer trendic topic algo tan importante como la conciliación, que si algo tan banal como la telebasura consigue serlo a diario, estamos obligados a lograrlo. Esto sí es importante.





Para más información os dejo aquí un post de Madres sí. Pero guerreras también, en el que explica todo a la perfección.

Movámonos, luchemos por pasar tiempo con nuestros hijos, por estar presentes durante los meses más trascendentales de sus vidas. Por nosotros. POR ELLOS.