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sábado, 15 de abril de 2017

El sentimiento de rechazo a la Lactancia Materna.

Quién me sigue y me conoce sabe que soy una persona muy lactivista. Estudio para Asesora de Lactancia y defiendo y promuevo, siempre con estudios en mano, la importancia y los beneficios de la lactancia materna tanto en el bebé, como en la madre y hasta en la sociedad actual. Tengo libros relacionados con la lactancia, estoy al corriente de novedades y nuevos artículos de investigación y, como no podría ser de otra manera, mi hija pequeña y yo llevamos trece meses lactando.
Pero no todo ha sido así siempre. Yo no he sido así siempre.




Desde pequeña quise ser madre joven y desde pequeña me imaginaba amamantando a mis hijos. Pensaba que era un instinto innato y que era fácil, que el extra de la LM venía de serie en la maternidad cuando parías a tu cachorro.
En el embarazo de Diego no me informé, lo veía todo tan fácil, que pensaba que si tenía tantas ganas de dar pecho nada malo podía pasar.
Llegó el día, parí a mi niño y me di de bruces contra la realidad. Una realidad que nadie me contó y de la que yo no me informé. Una lactancia fracasada con muchísimo dolor que os cuento aquí.

Cuando salía a la calle y veía a mujeres amamantando, me invadía por dentro un profundo sentimiento de tristeza y rechazo. Cuando mis amigas, recientemente madres, le daban la teta a sus bebés, yo me sentía muy incómoda. Y lo que más me pasaba; cuando leía por internet o en alguna revista o consulta médica, información sobre lo buena, maravillosa y beneficiosa que era la lactancia materna... Me sentía atacada, me sentía ofendida y enseguida reprochaba. 
Acababa de dar por concluida mi lactancia con muchísimo dolor y, todo lo que veía a mi alrededor eran mamás super felices dando teta a sus pequeños.

Las miraba de reojo, porque aunque no quisiera verlas, sabía que realmente me encantaba lo que estaban haciendo.


Qué decir de cuando veía lactancias prolongadas... Pequeños de más de un año enganchados a su mamá... Ellas habían conseguido X meses/años de feliz lactancia con el sacrificio que ello conlleva y yo... Yo no había podido cumplir ni un mes. Cómo me flagelaba yo sola y cómo me culpaba a diario por no haber sido capaz.
De hecho, sólo tengo una foto mía dandole un biberón a Diego (la que encabeza el post). No quería ni echarme fotos, y ahora me doy cuenta de lo tonta que fui y del daño que yo misma me hacía.

Entonces algo cambió. Entonces me dije "basta, Mika. Aquí hay un problema y hay que ponerle solución, tú no eres así". Empecé a leer y leer y leer y leeeeeer... A informarme de la mano de pediatras, enfermeros, matronas, grupos de apoyo, grupos de maternidad y asociaciones. 
Ví que mi lactancia no había fracasado, que yo no había fracasado. Comprendí que se juntaron varios factores mezclados con una profundísima desinformación. Y entonces entendí, que los días que le había dado de mamar a mi hijo, lo había hecho lo mejor que sabía y podía y le había dado lo mejor del mundo. Lo mejor de mí. Que estaba sola y que mi entorno no me apoyaba, que un pediatra inepto me había mandado a la farmacia a comprar biberones y polvos y yo sólo le había hecho caso. 

Concocí a otras madres a las que les había pasado o estaban pasando por algo similar y me di cuenta de que este sentimiento es más normal de lo que nos pensamos, pero que se habla muy poco de ello por vergüenza y por temor a ser juzgada.
Y entonces pasó. Dejé de culparme y de llorar al preparar los biberones y cambié el chip. Ponía todo mi amor en cada toma y creaba el famoso vínculo con caricias, susurros, besos, nanas y amor mientras mi fiera se tomaba su leche.

Empecé a sentirme bien conmigo misma y a desterrar ese sentimiento de culpa que tenía tan arraigado dentro. Me costó trabajo, pero menos de lo que pensaba que me iba a costar. Hablaba a mis amigas embarazadas de todo lo positivo que tenía la leche materna y les intentaba informar para que alimentaran a sus hijos como ellas quisieran, pero siempre, siempre, repletitas de información fiable.

A los dos años y medio me quedé embarazada de mi hija y cuando di a luz y empecé a tener problemas con su lactancia, busqué ayuda. Ya sabía que las tomas no debían doler, ya sabía cómo tenía que ser un agarre correcto, ya sabía como distinguir una mastitis... Ahora solo quedaba poner la teoría en práctica, y estaba convencida que con una asesora iba a ser mejor y muchísimo más fácil.
Sólo me bastó ir un día a que me enseñaran a colocármela bien para que todo fuera rodado. Cero dolor, cero molestias, cero tabúes, cero desinformación y mucho, muchísimo amor.

Este sentimiento de rechazo es común, pero no por eso es bueno. Puede hacer daño a mamás que se pueden sentir juzgadas pero, sobretodo, nos hace daño a las personas que lo sentimos o lo hemos sentido. En mi caso me ayudó ver que no era peor persona por sentirlo, sólo tenía una herida dentro y tenía que trabajar un poco para curarla.

Otra cosa es la gente a la que simplemente no le gusta ver bebés comiendo de sus madres y, bueno... Es respetable aunque yo por ejemplo no lo entiendo. Pero si todos hiciéramos por respetarnos, el mundo sería un lugar mucho más bonito.

sábado, 4 de marzo de 2017

El año más intenso -y feliz- de mi vida.

El primer año de bimaternidad me ha enseñado muchas cosas.

Cuando me quedé embarazada de mi segunda, me creí sabida. Creía que llevando tres años en este mundo de pañales, biberones, lloros, fiebres, risas y juegos no me quedaba nada por aprender. ¡Qué ingenua!
Cuando el embarazo empezó a avanzar fui cambiando de idea. Mis hijos eran diferentes hasta dentro de mi vientre. Diego apenas se movía y Delia no paraba de darme pataditas en todo el día.

Si bien es cierto que tenía claro que iba a ser primeriza en muchas cosas, como en esto de la lactancia (aun no me creo que llevemos un año, ¡y lo que nos queda!), o en el porteo...
También es verdad que estando embarazada tenía claro que iba a darle purés a Delia, igual que hice con Diego; siempre dije que esto del BLW no era para mí, (aquí me reafirmo en que nunca jamás puedo decir ''de este agua no beberé'' porque me he tragado mis palabras como mi hija se come un filete sin triturar).
He cogido del metodo con el que crié a Diego lo mejor y lo he usado con Delia, y he cogido lo que no me funcionó y lo he cambiado. La maternidad es un constante aprendizaje.

Diego siempre será el primero, siempre será el que me enseñó a cambiar un pañal, el que me dio un motivo para salir de la depresión, el que curó mis heridas, el que me enseñó el amplio mundo de los cantajuegos y me hizo vivir una segunda infancia como madre al volver a jugar con los Playmobil's o al celebrar Halloween o Carnaval.

Aún recuerdo que el primer pañal que le puse al mayor se lo puse del revés 😇


Pero Delia... Delia volvió a poner mi vida patas arriba en el mejor sentido de la frase. Me ha cambiado igual que lo hizo su hermano hace cuatro años. La gente me dice que he tenido mala suerte porque no es como Diego, ella no duerme bien, tiene carácter, es guerrillera... Pero yo creo que he tenido la mejor suerte del mundo, porque me llevo la experiencia de dos polos opuestos y puedo hablar, con conocimiento de causa, de muchas, muchísimas cosas y vivencias.

Creo que la palabra que mejor define este primer año de bimaternidad es intenso. Ha sido un año intensísimo. Si llegar a todo con un hijo es imposible, con dos ya ni lo intento. He tenido las camas sin hacer muchos días y me he puesto una camiseta sin planchar en mil ocasiones, pero a mis hijos no les ha faltado una sonrisa en su cara. Y eso es maravilloso.

Un año después sigo sin creerme que soy madre de dos (¡y qué dos!) y cada día me reafirmo más en que son las dos mejores decisiones que he tomado en mi vida. Vaya aventura la de ser madre, vaya pasada... Aun con sus días malos, sus noches malísimas, la preocupación de que les pase cualquier cosa, el ahogo económico que supone mantener a dos personitas... En mi caso todo ha ido rodado, mi instinto ha avalado cada decisión tomada y todo ha sido de lo más natural. De lo más feliz.

Delia, hoy es tu día, hoy tú eres la protagonista.Y hoy ni tu padre ni yo podemos estar contigo.
Somos conscientes de que tú no te enteras, pero nosotros sí. Nosotros sufrimos nuestra propia ausencia y, en días como hoy, vamos a trabajar desganados y sin sacarte(os) de nuestra cabeza.
Hace un año, contigo ya en mis brazos, me imaginaba este día de una manera muy diferente, pero no pasa nada, porque mañana estaremos contigo y soplarás tu primera velita rodeada de la gente que te quiere, tú estarás disfrutando de más primeras veces, nosotros estaremos disfrutándote a ti. Feliz primera vuelta al sol, mi princesa. Le das a nuestras vidas un toque de locura y mucha, muchísima felicidad. Diego nos unió hace cuatro años, tú nos has reunido y conseguido que papá y yo nos enamoremos más el uno del otro.
Gracias por elegirnos.













miércoles, 22 de febrero de 2017

A mi cuerpo.

Cuánto le debo a mi cuerpo.

Cuánto le debo. Por crear de la nada dos placentas. Porque esas placentas alimenten a dos seres indefensos, vulnerables, frágiles.
A mi útero, por aguantar el peso de dos bebés durante treinta y nueve largas semanas. Por soportar el dolor de las contracciones, fuerte, intenso, rompedor. Por soportar, después, los entuertos, la cuarentena, la sangre.
A mis ovarios. Por producir y secretar los óvulos. Por soportar dolor durante varios días, una vez al mes, durante treinta años.
A mi espalda, por soportar la ciática, los calambres, las contracturas. Por soportar 12 kilos adicionales. Por levantarse de la cama todas las mañanas.
A mis piernas. Por andar cuando estoy agotada. Por correr cuando es necesario.
A mis pulmones, por llenarse de aire con cada respiración. Por ayudarme a relajarme cuando estoy nerviosa. Por ayudarme a llevar el oxígeno a la placenta y así, ayudar a mis hijos también.
A mi pelvis. A mi cadera. A mi canal de parto. A mi vagina. Por abrirse ante una nueva vida. Por soportar tres kilos saliendo hacia la luz. Por soportar una incisión y más de veinticinco puntos. Por curarse. Recomponerse. Por hacerme sentir poderosa, grande, viva.
A mi hipófisis. Por segregar y regular hormonas tan importantes como la prolactina o la gonadoliberina.
A mis pechos. Por alimentar a mis hijos. Por nutrir mi alma. Por soportar las subidas a deshoras. Por trabajar cuando quieren descansar. En ocasiones por soportar grietas, mastitis, ingurgitaciones.
A mis ojos. Por aguantar abiertos a las 5 de la mañana. Por permitirme ver lo más bonito que he hecho nunca. Por soportar los ríos de lágrimas en días duros, en noches largas.
A mi boca. A mis cuerdas vocales. Por permitirme cantarles las nanas más dulces. Por permitirme decirles cuánto los quiero, cuánto los necesito.
A mis labios, porque gracias a ellos puedo besar, besarlos.
A mis oídos, por escuchar los llantos a media noche. Por permitirme oír el sonido más maravillosos del mundo, su risa, sus carcajadas.
A mi nariz, por recibir el olor a bebé, a comida recién hecha, a las flores que me regalan o a café por las mañanas.
A mi cabeza, a mi cerebro. Por no permitir que los pensamientos negativos me ahoguen. Por su fuerza. Por caer en la depresión y por demostrarme lo fuerte que soy al salir de ella. Por permitirme estudiar, trabajar y criar al mismo tiempo. Por no volverse loco con tanto estrés. Por hacerme saber cómo organizarlo todo bien, aunque a veces esté sumida en un profundo kaos. Por soportar la falta de sueño, las noches sin dormir.
A mis estrías. Por recordarme todos los días de lo que he sido y soy capaz. Porque no me molestan. Porque las veo bonitas.
A mis brazos. Por permitirme rodear con ellos a la gente que quiero. Por soportar las agujetas al estar todo el día cargando a mis niños.
A mis dedos. Porque gracias a ellos puedo hacerles cosquillas, acariciarlos.
A mis rodillas. Por permitirme ponerme a su altura. Hablarles de tú a tú. Jugar en el suelo. Agacharme a curarlos, a besarlos, a tomarlos.
A mis muslos. Porque mis hijos se sientan en ellos. Se duermen en ellos.
A mi estómago. A mi aparato digestivo. Por soportar que haya días que no tenga tiempo para comer. O que en ocasiones solo pueda malcomer.
A mi piel. Por todo lo que ha soportado. Por las heridas que se han curado. Por las cicatrices que me ha dejado. Cada una es una historia, un recuerdo. Está bien recordar.
A mi corazón. Por seguir latiendo. Por latir por ellos.




Gracias a cada poro, a cada célula, a cada marca, a cada órgano. Gracias por hacer que lo que estoy viviendo día a día sea posible. Gracias por ser fuerte, poderoso.
Porque cuando pienso que no puedo más, miro lo pasado y veo que sí. Que siempre puedo.



miércoles, 28 de diciembre de 2016

EXTEROGESTACIÓN O EXOGESTACIÓN, ¿QUÉ ES?

NUEVE MESES DENTRO, NUEVE MESES FUERA.

La gestación de un ser humano dura aproximadamente cuarenta semanas, considerándose un embarazo a término a las treinta y siete.
No obstante, cuando el embarazo concluye y el bebé nace, se necesitan otros nueve meses para que su desarrollo se complete.

Los primeros meses son muy duros. El pequeño, que hasta hace nada lo tenía todo dentro del útero, ahora necesita a alguien para comer, moverse, asearse... Y la única forma de hacernos saber que le falta algo es llorando.
Todos los que somos padres sabemos que puede llegar el punto en el que te duelan los brazos de cargar todo el día a tu hijo. Pero eso es lo que necesita, tanto como el comer.





La antropóloga Werida Trevathan afirma que debido a la bipedestación humana, el embarazo de nuestra especie se ha adelantado varias semanas con respecto a hace miles de años para que la cabeza del feto pueda salir con éxito por el canal de parto. La gestación humana debería de durar más, pero si la cabeza y cerebro del feto siguieran creciendo dentro del útero al ritmo que lo hace fuera, sería imposible que saliera por el canal vaginal, con lo cual, la gestación tiene que completarse fuera.

Nuestros bebés nacen con el 25% del cerebro desarrollado, que es muy poquito (los simios, por ejemplo, nacen con el 50% de desarrollo). En los siguientes meses de vida, éste establece millones de conexiones neuronales gracias a los estímulos externos (la voz de sus figuras de apego, los masajes, las risas, el contacto piel con piel...)
Seguro que todos habéis visto alguna vez una foto de un canguro con su cría en el marsupio (la bolsa que tienen delante). Esto es debido a que las crías de los marsupiales nacen en un estado de desarrollo muy incompleto, para el que es necesario el "porteo" y la cercanía de su madre.
A nosotros nos pasa igual. Necesitamos ese contacto.

Cuando finaliza la exterogestación, el desarrollo psicomotriz del niño adquiere una mayor capacidad, que es, en su mayoría (que no siempre), cuando empiezan a gatear, a desplazarse o a intentar ponerse de pie, alrededor de los nueve meses.

Para mí esta etapa tan sumamente agotadora es de las mejores. Cambian por días, crecen por segundos. Por eso no se deberían separar de sus padres (o en defecto de su madre) durante este tiempo. Es cuando se fortalece más el vínculo y sus cambios son casi diarios.

Éste mes mi hija cumplió sus nueve meses y, mirando las fotos, veo la magia que somos capaces de crear.
Cuando estoy extremadamente cansada y casi al límite intento repetirme a mí misma que los días son largos, pero los años son cortos. Y que tengo que exprimirlos, porque cada día que pasa son más mayores, más maduros y más independientes.

viernes, 9 de septiembre de 2016

LA ETERNA JUSTIFICACIÓN DE LAS MADRES.


¿Le das biberón? Sí porque...
¿Aún sigue tomando pecho? Sí porque...
¿Le das purés? Sí porque...
¿Lo llevas en el carrito? Sí porque...
¿Le vas a dar trozos enteros de comida? Sí porque...
¿No va demasiado pegado a ti en esa mochila? No porque...
¿Le has puesto las vacunas de paga? Sí porque...
¿Lo dejas durmiendo en la cuna solo? Sí porque...
¿Es que te vas a quedar en casa sin trabajar cuidando a tus hijos? Sí porque...
¿Lo vas a llevar a la guardería? No porque...
¿El niño duerme en su cuna? No porque...
¿Vas a trabajar tan pronto? Sí porque...


Como éstas, las madres tenemos que soportar mil preguntas por el estilo. Es raro el día que no tengamos que contestar alguna pregunta así o parecida.
El otro día me di cuenta de que cuando estrené maternidad con Diego, pasé cerca del primer año y medio de vida de mi hijo justificándome.





PORQUE ME DA LA REAL GANA. Porque así lo hemos decidido su padre y yo. Porque sigo mi instinto. Porque si me equivoco aprenderé por mí misma. Porque yo conozco a mis hijos y me conozco a mí, porque se nuestras necesidades y nuestros derechos.

Llevo un tiempo que me fijo mucho que en la redes sociales hay que justificarlo absolutamente todo, porque sino ya llegan las madres del año y te atacan. NO.
Las hay que directamente te preguntan ¿cuando vas a dejar de darle teta a tu hija? Pero vamos a ver, señora... ¿Y a usted qué le importa? Llega un punto en el que cansa dar tanta explicación, en el que aprendes que no te tienes que explicarlo todo. Que siempre va a haber alguien que no esté de acuerdo y siempre va a haber otro alguien que te va a apoyar. Nunca llueve a gusto de todos y no se puede basar la elección de la crianza de nuestros hijos en el qué dirán los demás. Esto es algo que se aprende con el tiempo... Ojalá hubiera tenido esta seguridad cuando di a luz a mi primer hijo. Era jovencísima y por el simple hecho de tener 19 años se me cuestionaba absolutamente todo lo que hacía, sobre todo las mujeres más mayores que criaban a la antigua usanza.
Estaba harta de escuchar que lo dejara llorar, que no debía dormir conmigo, que le diera de comer en horarios estrictos. Terminé tan quemada que con mi segunda hija he terminado por no pasar ni una.
Tú cría a tus hijos como te parezca mejor, que yo haré lo mismo con los míos.




No me cansaré de decir que el pilar de una buena educación es el respeto, y si nuestros hijos ven de primera mano que respetamos otros modos de pensar, otras formas de actuar; estaremos criando niños tolerantes y respetuosos.

Hace unas semanas saltó la polémica con una foto de una mamá que estaba sentada usando el móvil en el aeropuerto y su bebé estaba en el suelo acostado. La mayoría de personas juzgamos la foto (me incluyo, y aunque esa mamá no me vaya a leer nunca, decirle que lo siento) pero todo tenía una explicación y un motivo de ser así. Esa mujer tuvo que leer muchos comentarios por internet que la pusieron de mala madre para arriba, a lo que ella explicó a un periódico que llevaba mas de un día en el aeropuerto porque había habido problemas con su vuelo, no tenia opción a quedarse en un hotel e iba sola con su bebé de menos de tres meses. Después de dormir toda la noche en el suelo con su hijo, a la mañana siguiente se levantó, se sentó en un asiento y se puso a pedir ayuda a sus padres para que fueran como pudieran a recogerla.
Yo me sentí fatal y caí en la cuenta de que había hecho lo que no me gusta que me hagan a mí, juzgar y pedir explicaciones. Pero de todo se aprende, y ahora antes de pensar en negativo sobre una madre, intento ponerme en su lugar y apoyarla.





También tenemos derecho a equivocarnos y a aprender. Yo gracias a otras madres que me han dado consejos sobre porteo, alimentación, lactancia, sueño... He descubierto que con mi primer hijo hacía cosas que ahora jamás haría con Delia, por mero desconocimiento. Y seguramente con el tercero haga cosas que ahora no conozco. Pero una cosa no quita a la otra, no se puede atosigar a una madre, y más si es reciente, a preguntas que no son de nuestra incumbencia. Todas las madres amamos a nuestros hijos, y todas hacemos lo que hacemos por un motivo que seguro tiene justificación (aunque no lo entendamos o no lo compartamos) lo importante es respetarnos entre nosotras, empatizar y no juzgarnos unas a otras.



miércoles, 31 de agosto de 2016

16 SEMANAS NO SON SUFICIENTES. #ConciliarEsVivir #ConciliAcción

La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda la lactancia materna (en caso de no poder/querer, la artificial) como alimento exclusivo durante los 6 PRIMEROS MESES DE VIDA.
Tenemos 16 semanas de baja maternal, lo que equivale a poco menos de cuatro meses. Entonces... No me salen las cuentas.
La realidad de una madre trabajadora que quiere continuar con la lactancia materna es dura, difícil y triste. En el mejor de los casos hay que tirar de sacaleches y que algún familiar le de lactancia en diferido al bebé exclusivamente hasta los seis meses, es decir, dos meses que dependemos de alguien que manipule nuestra leche (la descongele, la deseche de ser necesario...) Otra opción es introducir la alimentación complementaria a los cuatro meses, cuando nos guste o no, el estómago del bebé no esta completamente maduro y hay riesgos de desarrollar alergias. También se tendría que meter al niño en una guardería o contratar una niñera. O comenzar con lactancia mixta. Pero en todos estos casos la conciliación es un problema.
No tenemos hijos para que a los cuatro meses los tengamos que dejar. Tenemos hijos para criarlos, para disfrutar de ellos, para que ellos nos disfruten a nosotros. A los cuatro meses no saben ni sentarse... Nos necesitan.

En caso del padre es igual, dos semanas de baja... Cuando el papel del papá es también importantísimo. En mi caso fue un pilar fundamental para conseguir una lactancia exitosa, fue un apoyo total en todas las subidas y bajadas de hormonas. Fisicamente me curaba y me cuidaba.
Y lo mas importante, dejando atrás todo esto... Él también necesitaba estar/cuidar a nuestra hija. Cuando regresó al trabajo tuvo un bajón bastante gordo (encima empezó de fines de semana y se tiraba dos días sin vernos).

Tenemos que luchar por lo que nos pertenece, por lo que nos merecemos. En el resto de Europa las bajas son así:




Estamos entre los países europeos con menos baja maternal/paternal. ¿Cómo pretenden que suba la natalidad así? Porque a mí se me quitan las ganas de ir a por el tercero, y tengo amigas muy cercanas que desean tener el segundo y no pueden por el trabajo.

Ya nos estamos moviendo, ya estamos luchando por una conciliación real. Para hacer ruido va a haber una quedada en Twitter el lunes 5 de septiembre a las 10:00 y otra a las 22:00. El resto de semana solo se hará una diaria a las 22:00h.

Para participar hay que twittear poniendo los hastag #ConciliarEsVivir el lunes, el martes y el miércoles; #ConciliAcción el jueves, el viernes y el sábado y #MADRESGUERRERAS todos los días. Vamos a intentar hacer trendic topic algo tan importante como la conciliación, que si algo tan banal como la telebasura consigue serlo a diario, estamos obligados a lograrlo. Esto sí es importante.





Para más información os dejo aquí un post de Madres sí. Pero guerreras también, en el que explica todo a la perfección.

Movámonos, luchemos por pasar tiempo con nuestros hijos, por estar presentes durante los meses más trascendentales de sus vidas. Por nosotros. POR ELLOS.

lunes, 1 de agosto de 2016

Mi lactancia con Diego. MI LECHE NO ESTÁ EN VENTA. #LactanciaxDinero

1 de agosto. Empieza la semana mundial de la lactancia materna, y con ella un campaña para quejarnos de algo que nos parece inaceptable: Que haya pediatras que se carguen lactancias por una comisión económica.
Hace unas semanas se daba a conocer la noticia de que dos pediatras -reputados- de Alicante, promovían la lactancia artificial de X marca a cambio de dinero. Igual pasó hace dos años en Italia.
A mí este tema me toca mucho las narices, puesto que yo lo viví en mis carnes con Diego. La desinformación de una mamá primeriza que soñaba con dar el pecho pero que se pensaba que es algo tan natural que no podían existir problemas, una mastitis y un pediatra inepto, se cargaron nuestra lactancia poco antes del primer mes de vida de mi primer hijo.

Mi hijo nació con anquiloglosia, (lo operaron con 21 meses.) No se agarraba bien al pecho, nunca lo hizo. En 2012 yo no estaba tan metida RRSS, ni en grupos de apoyo ni de madres, por lo que no tenía a quién consultar si el dolor que sentía cada vez que a mi bebé le tocaba comer era o no normal. Probé cremas para las grietas, grietas enormes y profundas que sangraban. Cada vez que él lloraba para pedir comida yo lloraba con él porque sabía lo que me tocaba. A las dos semanas y media tuve una mastitis, estuve así una semana, con un bulto rojo y caliente en el pecho izquierdo y con los pezones llenos de sangre por grietas que lejos de curarse, empeoraban.
Acudí al pediatra por la revisión del mes de Diego y, pese a que mi hijo -no se cómo- no había perdido peso, me escribió en un papel la leche que tenía que darle y cómo hacerle los biberones. No me dijo que lo pusiera al pecho para drenar el bulto. No me dijo que una mastitis se cura mucho antes con la ayuda de la succión del bebé. No me preguntó si deseaba dar biberón. Sólo me apuntó eso en un papel y me mandó a la farmacia.
El mismo día, justo después tuve revisión con la matrona, y yo estaba cabizbaja, me sentía inútil y fracasada, sentí que no era capaz de hacer algo tan instintivo como amamantar, estaba apunto de romper a llorar. Ella me preguntó y yo le dije que tenía una mastitis y que el pediatra me acababa de decir eso, a lo que ella me respondió ''já, seguro que si no se hubiesen inventado las leches de formula soportarías el dolor sin rechistar por no dejar morir a tu hijo de hambre''  Esas palabras se me taladraron en el corazón. Estuve mucho meses sintiéndome la peor madre por no ser capaz de apretar los dientes, soportar el dolor y alimentar a mi hijo como tanto había soñado siempre.
La leche tardo en irse, yo no me tomé la pastilla, a los 10 meses aún seguían saliéndome unas gotitas si me apretaba. Recuerdo que cada vez que las veía me sentía fatal...

A los 21 meses de mi hijo, empezamos a buscar a Delia, y durante todos los meses que duró la búsqueda más los 9 de embarazo me informé, leí mucho, me uní a grupos de lactancia, me empapé de opiniones y consejos de mamás, pediatras y médicos expertos en lactancia. ME EMPODERÉ.
Tenía una espinita clavada muy dentro y necesitaba quitármela, y eso hacía que tuviera más miedo a fracasar de nuevo, a volver a equivocarme, pero no. Llevamos 5 meses de lactancia materna exclusiva. Salvaje, viva, placentera. La lactancia materna no duele.
He vuelto a tener una mastitis pero esta vez mi médico estaba informado, y me mandó dos semanas de antibióticos y MUCHO TRABAJO DE SUCCIÓN DE MI  BEBÉ.

Estamos capacitadas para amamantar, está en nuestra naturaleza. La leche no se convierte en agua como mucha gente te va a decir. Tu bebé no necesita manzanilla ni agua teniendo al alcance tu pecho cuando él quiera. No le van a salir torcidos los dientes ni se le va a deformar el paladar tampoco. Los pechos se te van a caer con la gravedad y el tiempo, independientemente de que amamantes o no. Si te duele solo tienes que buscar ayuda, porque no es normal y tiene solución. Una mastitis no es ni muchísimo menos el fin, como me pintaron a mí. Tu leche va a seguirle alimentando después del año. Las mamás de múltiples producen leche suficiente para sus bebés. Las mamás de prematuros pueden amamantar, de hecho su leche es la mejor medicina. No te va a dar osteoporosis ni le vas a pasar un resfriado a través de tu leche.
Basta de seguir difundiendo mitos y de seguir alimentando la desinformación.

Si tu hijo se desteta que sea porque él o tú quereis, no porque os lo impongan u os obliguen. Es algo muy personal, vuestra lactancia no está en las manos de terceras personas, tú leche no está a la venta.









lunes, 6 de junio de 2016

#ElPoderDeLaTeti con ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE. #BloguerasxlaLactancia

SUERTE.

A lo largo del día no hago más que pensar en la suerte que tenemos. Hemos nacido en el primer mundo, la gran mayoría de nosotros con agua potable, un techo, juguetes, comida, trabajo, medios, sanidad, información...
Por desgracia, en pleno siglo XXI sigue habiendo mucha desigualdad. Algunas zonas del mundo seguimos avanzando mientras otras se quedan estancadas en una situación de precariedad y pobreza extrema. Como en toda la zona del Sahel. Ahora mismo están atravesando una situación de sequía bastante preocupante.
Allí, el principal alimento de los bebés es la leche materna, puesto que es algo que es gratuito y que, como bien sabemos todos, es lo mejor que se les puede ofrecer... Pero claro, si no hay agua... Es muy posible que hayan muchas lactancias que fracasen, porque también hay desinformación, desnutrición y enfermedades...

Tenemos que ayudarles, y para eso Madresfera y la ONG Acción Contra El Hambre se han unido para crear esta iniciativa. Se juntan varios equipos, cada equipo con 10 blogueras, que escribimos y recaudamos fondos para éste fin (el objetivo es que cada equipo llegue a los 1000€). Yo estoy en el equipo EL PODER DE LA TETI, de Nuria Rodríguez de It Mum.







La donación mínima es de 4€, y de verdad, por muy poco que sea para nosotros, para ellos es un mundo. El dinero recaudado entre todos los equipos irá íntegro a esta lucha.

Para donar, tenéis que clickar aquí. Estoy segura que antes del 15 de Julio (fecha tope) podremos conseguirlo.




Sólo somos gente pequeña, haciendo grandes acciones.

viernes, 4 de marzo de 2016

Os presentamos a Minipunto

Estoy escribiendo esta entrada un lunes, recién cumplidas las 38 semanas. Me encuentro tranquila después del ingreso de la semana pasada, la dejo escrita y la publicaré cuando nazca Minipunto, enseñándoos su carita, que seguro que es preciosa.

Porque creo que os merecéis conocerlo tanto como las personas que tengo a mi lado físicamente.
Porque me habéis aguantado mis días malos y mis días malísimos, como ha sido esta semana pasada (37 semanas).
Porque también habéis aguantado lo mejor, la felicidad que he sentido pese a haber tenido un embarazo tan pesado y tan cuesta arriba.
Me habéis aconsejado cuando lo he necesitado y habéis apoyado todo lo que hemos decidido, como si tuviéramos una mano amiga al otro lado de la pantalla del móvil a la que apretar cuando dudábamos de nosotros mismos.
Habéis soportado 9 largos meses sin saber el sexo del bebé, habéis soportado 9 largos meses de lloros y risas, y me habéis alegrado con los mensajes tan bonitos que hemos recibido y con todos los buenos deseos, cuando flaqueábamos siempre tenía alguno para leer con el que retomar las fuerzas.
Se seguro, que todos o al menos, la mayoría de los que habéis estado con nosotros durante este tiempo, lo estaréis en el postparto y viendo crecer a nuestros hijos. Igual que yo seguiré estando para lo que me necesitéis siempre.

Os presentamos a Delia, nuestra niña, nuestra preciosa niña. 3.200gr y 50cm.

lunes, 28 de septiembre de 2015

La crianza con apego es mi forma de cambiar el mundo.

Cuando eres madre, mucha gente te cuestiona, te pone en duda, te intentar inculcar su manera de criar, cómo educan ellos o como lo hicieron sus padres. Cuando un bebé nace, lo hacen también una madre y un padre, y al igual que el aprende día a día, nosotrxs también lo hacemos.
Está genial tener gente que te aconseje, eso quiere decir que se preocupan por ti, por él, por vosotros... Pero en tu mano está elegir la forma de criar, decidir si amar de tu hijo de una forma o de otra. Y una cosa son consejos y otra intentar decidir por la gente, lo poco gusta y lo mucho cansa.

Yo elijo la crianza con apego. Pienso que un niño criado con amor, solo puede dar amor, y que un niño criado con violencia, verá normal la violencia.


Yo no le pego a mi hijo. 
'¿Nunca? Pero si un guantazo a tiempo hace a los niños educados...' 
No. El dialogo y el amor hace a los niños educados, respetuosos y queridos. 
La gente no lo entiende, hasta que pongo el ejemplo de que si el padre me desobedece en algo le suelto un tortazo, ahí es cuando se pone el grito en el cielo. Si no está permitido pegarle a tu marido o a tu mujer... ¿Por qué a tu hijo sí, que encima es más indefenso? 
¿Y cómo haces para educarlo?
Hablando, hablando y hablando. Aún no dialogamos con soltura, pero él me entiende y yo le entiendo, y con eso basta.
Se atraen más moscas con miel que con veneno, y los niños atienden mejor con cariño que con zapatillazos.



Colecho.
Aquí viene la rama por la que más se me ha criticado. Diego duerme con nosotros, dormía conmigo cuando sólo éramos dos y sigue así cuando somos tres y un cuarto.
'¿Y cómo hacéis para mantener relaciones?'
Pues no caemos en la rutina, la cama es para dormir, y la casa para jugar. Hay 24 horas al día y nuestro hijo no está pegado a nosotros cual lapa.
'¿Por qué no ha dormido en una cuna nunca?'
Porque de recién nacido para mí era más fácil para darle el pecho, estaba a mi lado y solo tenía que levantarme la camiseta y seguir durmiendo. Con los cólicos se aliviaba estando bocabajo encima de mí, y porque me gusta y le gusta, no hay más.
'Te vas a enterar cuando lo quieras pasar a su cama'
Cuando ÉL se quiera pasar a su cama se pasará. No conozco aún ninguna adolescente durmiendo con sus padres. Los bebés dejan de ser bebés muy rápido, y quiero tenerlo pegadito a mi corazón el máximo tiempo posible.
Para mí no hay nada mejor en el mundo que el olor a bebé, ese olor meloso que te envuelve... Dormir con mi nariz en su pelo y acariciando su piel tan tan suave... Es indescriptible.



Nunca dejarlo llorar.
Si tú vieras llorar a tu marido/mujer, a tu madre, a un amigo, a tu abuela... ¿Lx dejarías llorando solx? ¿Por qué a un bebé que su única forma de expresarse es llorando sí?
'Así se le expanden los pulmones, llorar un rato nunca ha matado a nadie, tiene que aprender a ser autosuficiente, te está choteando porque sabe que si lloras vas.... ETC'
Señores opinólogos, lo que para ustedes puede ser un grano de arena para ese bebé puede ser un mundo, jamás he dejado ni dejaré llorando a nadie, y menos a la persona que más quiero en el mundo.

No chillarle, no reñirle por todo, entender sus rabietas.
Personalmente Diego me ha puesto las cosas muy fáciles, en casi 3 años no ha tenido más de 3 rabietas... Es un niño super conformista, si le dices que no él entiende que es que no.
No obstante sigue siendo un niño, y para mí, la mejor forma de afrontar las poquísimas rabietas que tiene no es dejarlo llorar, desesperarme, chillarle, o pegarle, cuando tiene una lo que hago es dejar lo que estoy haciendo, agacharme, ponerme a su lado y abrazarlo. Decirle que me explique por qué llora, qué le pasa y qué podemos hacer para que estemos bien los dos.
Cuando empiezo a agacharme ya va dejando de llorar, y cuando lo abrazo siempre SIEMPRE me besa.  Simple, simplísimo... Hablarle bajito en vez de chillarle, acariciarle en vez de pegarle, dialogar, dialogar mucho y decirle que mamá y papá están a su lado, es muy MUY fácil, al menos con él.


Lactancia.
Por una desinformación tremenda yo dejé de dar el pecho al mes, pero tengo claro que con el Minipunto quiero una lactancia prolongada. No sé si lo conseguiré, pero juro hacer todo lo que esté en mi mano para lograrlo.
Quiero darle pecho hasta que quiera dejarlo el bebé, el ser humano es el único animal que le roba la leche a otro mamífero por simple comodidad, la mejor leche para nuestros cachorros es la nuestra, y la mejor leche para los cachorros de otras especies es la suya. De esto no puedo escribir tanto como me gustaría, así que me lo reservo para otra entrada.


Porteo.
Cuando me informé del porteo, Diego ya iba andado a todos sitios, pero ya tengo vista una mochila ergonómica para Minipunto. Quiero llevarlo cerca, porque pasa 40 largas semanas dentro de mi vientre, y quiero que se sienta lo más arropado y pegadito a su papá y a mí. Qué decir de la comodidad, tener las dos manos libres para hacer la compra, limpiar, llevar a Diego... No hay nada mejor, y estoy deseando que nazca para poder poner en practica todo lo que he leído.


Quiero que descubra el mundo, que se manche, que se inmunice, que se DIVIERTA.
'Tú serás madre toda tu vida, él solo será niño una vez' y como así es, quiero que tenga un recuerdo puro y bonito de su niñez. Estoy cansada de comentarios tipo 'Dale tú la comida, ¡que se mancha!, por Dios, ¡va hecho un cristo!' Me da exactamente igual tirarme dos horas con el quitamanchas en mano frotando, me da igual tener que poner más lavadoras a la semana, me da igual lo que opine la gente cuando lo ve saltando en los charcos o tirandose arena por encima, o cuando toca el suelo y no voy corriendo con la toallita para limpiarlo entero, me da igual porque veo que es feliz, que está sano, que está fuerte, que disfruta... Y viendo eso yo disfruto con él.



He seguido sus ritmos para todo.
Él solo se quitó el chupete con 21 meses, él solo ha aprendido a comer, él solo dejó el biberón con 2 años, él solo se ha quitado el pañal con 29 meses, él ha hablado cuando ha querido, él dormirá solo cuando él quiera... En algunas cosas está siendo muy precoz, como con la lectoescritura, pero porque ÉL QUIERE. No hemos tenido ningún tipo de problema para enseñarle nada porque es él el que decide cuando quiere aprender.





Le dejo elegir.
Desde la ropa que se pone o que le compramos a la colonia que quiere usar. Cuando se acerca su cumpleaños por ejemplo, le doy a elegir entre X juguetes, no le sobreestimulo con una tienda entera, de esa tienda cojo 4 o 5 que sé que le gustan y que él elija el que quiere, lo mismo con todo, meriendas, almuerzos, ropa...
A veces va muy desconjuntado, pero más feliz que unas castañuelas, y me da igual que la gente piense que la que no sabe que el azul y el verde no pegan soy yo.



Los padres elegimos lo que creemos mejor para nuestros hijos, y si la gente es libre para criticar lo que haces cuando ni le va ni le viene, yo soy libre para poner los ojos en blanco y que me entre por un oído y me salga por otro.