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miércoles, 22 de febrero de 2017

A mi cuerpo.

Cuánto le debo a mi cuerpo.

Cuánto le debo. Por crear de la nada dos placentas. Porque esas placentas alimenten a dos seres indefensos, vulnerables, frágiles.
A mi útero, por aguantar el peso de dos bebés durante treinta y nueve largas semanas. Por soportar el dolor de las contracciones, fuerte, intenso, rompedor. Por soportar, después, los entuertos, la cuarentena, la sangre.
A mis ovarios. Por producir y secretar los óvulos. Por soportar dolor durante varios días, una vez al mes, durante treinta años.
A mi espalda, por soportar la ciática, los calambres, las contracturas. Por soportar 12 kilos adicionales. Por levantarse de la cama todas las mañanas.
A mis piernas. Por andar cuando estoy agotada. Por correr cuando es necesario.
A mis pulmones, por llenarse de aire con cada respiración. Por ayudarme a relajarme cuando estoy nerviosa. Por ayudarme a llevar el oxígeno a la placenta y así, ayudar a mis hijos también.
A mi pelvis. A mi cadera. A mi canal de parto. A mi vagina. Por abrirse ante una nueva vida. Por soportar tres kilos saliendo hacia la luz. Por soportar una incisión y más de veinticinco puntos. Por curarse. Recomponerse. Por hacerme sentir poderosa, grande, viva.
A mi hipófisis. Por segregar y regular hormonas tan importantes como la prolactina o la gonadoliberina.
A mis pechos. Por alimentar a mis hijos. Por nutrir mi alma. Por soportar las subidas a deshoras. Por trabajar cuando quieren descansar. En ocasiones por soportar grietas, mastitis, ingurgitaciones.
A mis ojos. Por aguantar abiertos a las 5 de la mañana. Por permitirme ver lo más bonito que he hecho nunca. Por soportar los ríos de lágrimas en días duros, en noches largas.
A mi boca. A mis cuerdas vocales. Por permitirme cantarles las nanas más dulces. Por permitirme decirles cuánto los quiero, cuánto los necesito.
A mis labios, porque gracias a ellos puedo besar, besarlos.
A mis oídos, por escuchar los llantos a media noche. Por permitirme oír el sonido más maravillosos del mundo, su risa, sus carcajadas.
A mi nariz, por recibir el olor a bebé, a comida recién hecha, a las flores que me regalan o a café por las mañanas.
A mi cabeza, a mi cerebro. Por no permitir que los pensamientos negativos me ahoguen. Por su fuerza. Por caer en la depresión y por demostrarme lo fuerte que soy al salir de ella. Por permitirme estudiar, trabajar y criar al mismo tiempo. Por no volverse loco con tanto estrés. Por hacerme saber cómo organizarlo todo bien, aunque a veces esté sumida en un profundo kaos. Por soportar la falta de sueño, las noches sin dormir.
A mis estrías. Por recordarme todos los días de lo que he sido y soy capaz. Porque no me molestan. Porque las veo bonitas.
A mis brazos. Por permitirme rodear con ellos a la gente que quiero. Por soportar las agujetas al estar todo el día cargando a mis niños.
A mis dedos. Porque gracias a ellos puedo hacerles cosquillas, acariciarlos.
A mis rodillas. Por permitirme ponerme a su altura. Hablarles de tú a tú. Jugar en el suelo. Agacharme a curarlos, a besarlos, a tomarlos.
A mis muslos. Porque mis hijos se sientan en ellos. Se duermen en ellos.
A mi estómago. A mi aparato digestivo. Por soportar que haya días que no tenga tiempo para comer. O que en ocasiones solo pueda malcomer.
A mi piel. Por todo lo que ha soportado. Por las heridas que se han curado. Por las cicatrices que me ha dejado. Cada una es una historia, un recuerdo. Está bien recordar.
A mi corazón. Por seguir latiendo. Por latir por ellos.




Gracias a cada poro, a cada célula, a cada marca, a cada órgano. Gracias por hacer que lo que estoy viviendo día a día sea posible. Gracias por ser fuerte, poderoso.
Porque cuando pienso que no puedo más, miro lo pasado y veo que sí. Que siempre puedo.



viernes, 11 de marzo de 2016

Mi segundo parto. ¿Merece la pena no saber el sexo del bebé?

Hoy Delia cumple una semana. Ha sido una semana mágica, en la que ha habido momentos de sueño extremo, de agobio por no poder prestar a Diego la atención que se merece, por pensar que no llegas a todo... El inicio de la lactancia, el conocernos más aún los 4... Hago balance y aun con todo eso, ha sido la semana más maravillosa de mi vida. Qué cierto es eso de que el amor no se divide, se multiplica.

He llevado un embarazo totalmente sedentario. La vagueza se apoderó de mí y la media hora que me decía la matrona que anduviera todos los días... Si eso la andaba al mes.
El jueves pasado (03/03) no paré, me costaba mucho andar porque el bebé estaba muy encajado, pero aun así me tiré toda la tarde de arriba para abajo.

Estábamos tan cansados Néstor, Diego y yo que nos fuimos a dormir a las 22:00.
A las 22:30 empecé a sentirme un poco molesta con las contracciones de Braxton, las indoloras. Me daban bastantes y yo ya intuía que algo estaba cambiando en mi interior. Una hora después empezaron a dolerme levemente, a lo que empecé a contar el tiempo, me daban cada 8-10 minutos, regulares. Mis soles seguían durmiendo mientras que la duración entre contracciones iba siendo más corta y éstas más largas y molestas. Yo no hacía más que levantarme y pasearme, hasta que a las 3:15 se despertó Néstor y me vio un poco rara. Yo le dije 'me da que mañana no vas a trabajar, eh... Estoy de parto.'
Él se puso eufórico, ya me dolía cada 3 minutos. Yo le dije de esperar a la mañana siguiente, pero a las 5 ya quería irme, le dije que tenía que tener lo menos 5 cm de dilatación, eran muchas horas con contracciones regulares y dolorosas y yo ya era multípara. Llamamos a mi cuñado que se quedó con Diego, éste no hacía más que decirme llorando que no lo dejara, y yo me fui rota por dentro, dejando al que aún era mi pequeño llorando.

a las 5:30 llegamos, me hacen monitores y un tacto que no se me va a olvidar en la vida de lo que me dolió. Estoy 70% cuello borrado y casi 3cm de dilatación. Me desplomé y rompí a llorar... Tantas horas soportando dolor para solo haber dilatado medio cm (lo otro ya lo llevaba dilatado 3 semanas).
Me desmoralicé... Me ingresaron y me dejaron en la habitación con la fitball, pero la cosa empeoraba, lo que eran contracciones regulares cada 3 min. cambiaron a contracciones cada 10-12-4-6... ¿Se me estaba frenando el parto? Cada vez dolían más pero no tenían patrón de tiempo.
Yo estaba agotada y muy triste, veía que me dolía y no servía para nada.
A las 8 y pico pasó una matrona que es un cielo y me hizo un tacto con mucha suavidad, a lo que me dijo que estaba de 4'5 cm, que las contracciones sí estaban dando fruto, y que cuando yo quisiera me pusiera la epidural y nos fuéramos a paritorio.
Yo seguí aguantando en la habitación una hora, hasta que ya volvían a ser muy regulares y muy dolorosas, así que me subieron.
La matrona me preguntó que qué era, niño o niña, a lo que contestamos que no lo habíamos querido saber. Ella se emocionó porque era el primer parto de toda su carrera en el que iba a recibir a un bebé que no sabía su sexo.
Me puse la epidural, y fueron los 40 minutos peores del parto. Me pusieron solo medio bolo porque yo quería sentir el dolor, quería pujar con mi instinto, solo quería indicaciones para evitar el desgarro.
Al ponérmela hicieron lo único que no me gustó, me rompieron la bolsa y me pusieron la oxitocina.
Estaba de 6cm y eran las 14:00, a lo que mi matrona, le dijo a Néstor que se bajara a comer tranquilamente y sin prisa. Que ella no me iba a volver a mirar hasta las 16:00, que esto iba lento. Yo le dije que aguantaba el dolor, que se fuera, y así hizo, se bajó a comer con mi madre que estaba fuera.
Soportaba bien el dolor, movía mucho las piernas y estaba tranquila, respirando genial. Hasta que a las 14:10 me dio una contracción que me partió por dentro. Llamé corriendo, y me dijeron que llevaba muy poca epidural y que a lo mejor se me había ido para un lado, que me pusiera acostada para el otro. Se fue la enfermera y a los 2 minutos me volvió a dar. Sentí que me rompía por dentro. Llamé otra vez con el timbre y me dijeron que no podían hacer nada, que me habían visto hace menos de 15 minutos y que esto era así... Que si quería más chute de analgesia. Yo dije que no y se volvió a ir, y a los 2 minutos otra vez me volví a romper por dentro, a lo que estampé el timbre y llamé a gritos. Me dijeron de hacerme un tacto y yo accedí. 'Madre mía, estás completa y estoy tocando la cabeza, empuja a la próxima, este bebé sale ya'. Yo me puse a llorar, las matronas llamaban a Néstor por teléfono y éste no tenía cobertura, me estaban subiendo al potro y no paraban de decirme que el bebé estaba aquí ya. Yo pensando que Nés se iba a perder el parto, notaba la presión y cómo descendía.
De repente apareció sofocado y poniéndose el gorro y la bata a toda prisa. Automáticamente me tranquilicé y me centré en la que iba a ser la mejor experiencia de mi vida.
Tenía a tres matronas para mí sola, y yo quería que estuvieran las tres. Me estaban tratando genial.
Me pusieron un espejo delante, y yo sola escuché a mi cuerpo. Con cada contracción llenaba a mi hija de oxigeno, conectaba con ella. Pujaba, notaba como bajaba por el canal de parto. Era fantástico.
Al tercer pujo, con todo el dolor, me hicieron episiotomía. Mi piel es muy tersa y era o eso o desgarro.
Al cuarto pujo salió la cabeza. La vi salir, me incorporé cuando aún tenía su cuerpo dentro de mí, agarré sus axilas y me la saqué yo.
Jamás me he sentido como en ese momento. Me sentí más poderosa que nunca, salvaje, mamífera, mujer, fuerte... Sobretodo tremendamente fuerte.

'¡¡AQUÍ TIENES A TÚ PRINCESA, ES UNA PRINCESA!!'

Yo me acosté y la abracé fuerte, lloré como no he llorado nunca. Chillaba una y otra vez ¡PRINCESA! No me lo creía... Intuí hasta el final que era un niño... Néstor lloraba como no lo he visto llorar nunca, como un niño, frágil y vulnerable... Estaba feliz.

No hubo pinzamiento tardío de cordón, la placenta salió disparada sin yo pujar y tuvieron que cortar corriendo... Fue una pena, pero en ese momento solo quería llorar de felicidad.

La matrona me cosió y con lágrimas me dio las gracias. 'Gracias por haberme regalado un parto tan bonito, tan especial'.

Tengo el parto grabado entero, y cada vez que lo veo lloro y se me pone el vello de punta. Euforia, emoción... Era pura oxitocina.

La pregunta que me hace todo el mundo es si ha merecido la pena la incertidumbre. Por supuesto que sí, ha merecido totalmente la pena... La cosa es que le sigo llamando 'el bebé' porque no me acostumbro a que sea una niña, aún estoy alucinando.
También digo que me llevo la experiencia, pero si tengo un tercero no lo volveré a hacer, las últimas semanas son de nervios por no saber lo que tienes, estás muy limitado para comprar cosas y ropa, demasiado sexismo en todo...

También cómo llevé los dos días de ingreso por el estrés post traúmatico del hospital. Pues los llevé genial, como bien me decía todo el mundo, no iba a tener tiempo de pensar ni dónde estaba metida. Nada de ansiedad y nada de taquicardias.

Gracias Delia, me has enseñado más de lo que te puedes imaginar en tan solo una semana. Te debo tanto...



viernes, 4 de marzo de 2016

Os presentamos a Minipunto

Estoy escribiendo esta entrada un lunes, recién cumplidas las 38 semanas. Me encuentro tranquila después del ingreso de la semana pasada, la dejo escrita y la publicaré cuando nazca Minipunto, enseñándoos su carita, que seguro que es preciosa.

Porque creo que os merecéis conocerlo tanto como las personas que tengo a mi lado físicamente.
Porque me habéis aguantado mis días malos y mis días malísimos, como ha sido esta semana pasada (37 semanas).
Porque también habéis aguantado lo mejor, la felicidad que he sentido pese a haber tenido un embarazo tan pesado y tan cuesta arriba.
Me habéis aconsejado cuando lo he necesitado y habéis apoyado todo lo que hemos decidido, como si tuviéramos una mano amiga al otro lado de la pantalla del móvil a la que apretar cuando dudábamos de nosotros mismos.
Habéis soportado 9 largos meses sin saber el sexo del bebé, habéis soportado 9 largos meses de lloros y risas, y me habéis alegrado con los mensajes tan bonitos que hemos recibido y con todos los buenos deseos, cuando flaqueábamos siempre tenía alguno para leer con el que retomar las fuerzas.
Se seguro, que todos o al menos, la mayoría de los que habéis estado con nosotros durante este tiempo, lo estaréis en el postparto y viendo crecer a nuestros hijos. Igual que yo seguiré estando para lo que me necesitéis siempre.

Os presentamos a Delia, nuestra niña, nuestra preciosa niña. 3.200gr y 50cm.

martes, 16 de febrero de 2016

El glamour del embarazo.

Cuando una mujer se queda embarazada le llueven los piropos. Dicen que la etapa en la que una mujer está más guapa es en el embarazo, el pelo no se cae, las uñas crecen rápidas y duras y la piel tiene un extraño brillo que no tiene cuando no estás preñati. DICEN.

Mis dos embarazos han sido TOTALMENTE OPUESTOS. En el de Diego vomité 5-6 veces, en el de Minipunto 5-6 veces también, pero al día. En éste estoy teniendo todos y cada uno de los síntomas habidos y por haber menos la ciática, en el de Diego no tuve absolutamente nada excepto ciática. En este tengo acidez todas las santas noches, en el de Diego no sabía ni lo que era.
Cada embarazo es un mundo, y yo el de Diego lo viví con una agilidad que al recordarla ahora me parece increíble. Ir a natación a diario, a todos los sitios andando... Ahora el simple hecho de estar 4 horas en clase me destroza entera.
Yo cuando di a luz a Die no hacía más que contar lo maravilloso que era estar embarazada, pero ahora cuento la parte opuesta. Hay embarazos y embarazos, y en mi caso este está siendo pesadísimo.

Estamos felices, gestamos una vida, nos ceden el asiento en transporte público y bancos (o eso deben de hacer) nos dejan dormir horas extras porque nuestro cuerpo lo necesita, comemos lo que queremos y nos seguimos viendo maravillosas, es más, cuanto más gordita sea la panza más ternura desprendemos, nos miman aunque estemos insoportables por el boom de hormonas que llevamos a cuestas, y tienen más paciencia con nosotras. Estamos consentidas y felices por ello.
Eso ve la gente.

Pero nadie se imagina lo preciosas que estamos cuando, durante el primer trimestre, nos levantamos a vomitar a diario, nos dan cefaleas fortísimas y nuestras encías sangran porque en el embarazo es muy común tener gingivitis. O cuando el exceso de hormonas nos juega la mala pasada de crear un grano justo entre las dos cejas, haciendo que parecemos un unicornio. Aún así seguimos estando bellísimas a ojos de la gente, aunque nosotras nos veamos como cracos.

En el segundo trimestre aparece la ciática, el bebé crece mucho y ya se nota la barriguita, pero en mi caso en el segundo trimestre parecía que mi gordura era porque me había comido un búfalo, y no porque estuviera en estado de buena esperanza.
Te crecen los pechos ¡oh qué bien! Pues no, duelen mucho, y tienes que ir corriendo a comprarte sujetadores porque los de antes de quedarte embarazada te dejan la marca y te oprimen.
También empiezan las contracciones de Braxton Hicks, que con Diego no tuve ni una, pero con éste hacia la semana 28 ya me molestaban (que no dolían).
Llega el temido momento en el que no puedes dormir boca abajo, y en mi caso empezó a subir el numero de veces en el que me tenía que levantar a hacer pis por la noche. Y qué carajo, por el día. Es super sexy decirle a tu marido 'nene, ¿cómo vamos a ir al cine si hago pipí cada 25 minutos? ¡No me voy a enterar de la peli!'
Supuestamente pierdes la libido, supuestamente. O por el contrario te vuelves como una perra en celo. Todo muy extremista.
En algunos casos empieza a salirte calostro del pecho. No mola nada cuando queda tanto tiempo para que pueda ser aprovechado.

El tercer trimestre es, al mismo tiempo, el más ansiado y odiado.
En mi caso vuelven los vómitos, pero esta vez no por náuseas, sino por la acidez. Nunca he sabido lo que es acidez hasta la semana 29 de mi segundo embarazo, entonces descubrí el amor por la Ranitidina que ahora se desvanece poco a poco, porque 6 semanas y media después me está dejando de hacer efecto.
Vamos al baño cada 10 minutos, ya no aguantamos tanto como hace 10 semanas... El útero presiona la vejiga y ésta tiene menos capacidad de aguante.
El bebé se encaja, yo con Diego no me di cuenta, con Minipunto estoy flipando con el dolor que tengo en toda la pelvis.
Salen hemorroides, qué graciosas ellas.
Y estrías. Yo no tengo ni una de momento, pero esto aún no ha acabado.
Tu centro de gravedad se va a tomar por saco, con lo cual tienes que andar como si te llevara el viento, balanceándote. Unos andares que quitan el sentido.
El útero está tan grande que comprime los pulmones, con lo cual al andar 20 minutos ya pareces un Pomeranian después de haber hecho una maratón. Lengua fuera y jadeando.
A mí me pasa hasta al hablar, cuando cuento algo muy largo me falta el aire.
Los ligamentos se resienten al sostener el peso del bebé. Duele.
Ponerte los calcetines y atarte los zapatos es todo un show, estamos super graciosas.
En esta etapa te duele hasta el alma.

Y aún así la gente sigue viéndote espléndida, aún así esto es lo mejor que te ha pasado en la vida, sonríes sin parar y te sonrojas cuando lees o escuchas lo bonita que es tu barriga, y aún así cuando des a luz y pasen los meses estarás echando en falta la barriga a diario. Se olvida.
MERECE LA PENA.








jueves, 23 de julio de 2015

Deseos.

Deseos, qué bonita palabra, ¿no? Deseosos esperábamos ese positivo, deseosos vivimos el segundo embarazo.




Tantas diferencias con el primero... Todo es totalmente opuesto... Yo no sabía qué era que te besaran la barriga con amor y dulzura, qué te cogieran el pelo mientras lo pasas mal en el baño echando hasta la bilis... Que te cuiden, que si te dicen que las galletitas saladas y la leche condensada palian las nauseas, él salga a comprarlas a un 24h... Yo no sabía nada de esto, estoy aprendiendo tanto como con el primero, vuelvo a ser primeriza.
Hasta las cosas más agotadoras y desgastadoras de los tres primeros meses las estamos disfrutando. Todo, todito, todo.

Muchos preguntais qué como queremos el embarazo y el parto, y aquí os lo voy a decir.

¿Quereis niño o niña? Pregunta que nos han hecho mil millones de veces y en la que siempre Néstor es el que contesta rápido ¡NIÑA! y yo lo miro de reojo y siempre siempre contesto lo mismo 'me da igual' Y os explico el por qué... A mi de entrada me gustan más los niños, pero claro, me gustaría saber también qué se siente al tener una niña... Con lo cual, salga lo que salga tiene mil cosas positivas que aportarme, así que es lo de menos. Y como es lo de menos... No queremos saber el sexo del bebé hasta el parto. Ese es el deseo más claro que tenemos, queremos llevarnos una sorpresa, porque como nos da exactamente igual... Tiene que ser maravilloso que te digan como en las películas.. ¡ES UN(A) NIÑX!

Después está la prueba del triple screening... En la que se detectan anomalías cromosómicas mediante  un análisis de sangre... No me la quiero hacer. Sea lo que sea que ponga en ese papel lo vamos a querer igual, así que en mi opinión veo que te condiciona el embarazo, te hace angustiarte antes de tiempo. En cambio el Buenpadre si quiere que me la haga, no por nada, sino para estar preparados para posibles gastos, los dos estamos de acuerdo en que ese papel no va a hacernos cambiar el amor por nuestro hijo, así que seguramente no me la haga.

Momento parto, me encantaría dar a luz en mi casa, pero no está la economía para eso... Por desgracia no entra en la Seguridad Social y es demasiado dinero. Así que voy a dar a luz en Murcia, porque el hospital de Elda es como un matadero, he estado mil veces en ginecología y siempre he visto que dejan a las mujeres solas en medio de los pasillos, gritando ayuda. Me asusta que me traten tan mal como en el parto de Diego. Me niego. No, no y no. Con la primera contracción cogemos maletita y para mi tierra, que está a 50 minutos y sí que llego de sobra.

Queremos pinzamiento tardío de cordón, cuando éste deje de latir, que el bebé no llegue al mundo con prisas por respirar, que sea él quien lo haga cuando la placenta no de más de sí. En este artículo lo explica genial todo.

No quiero medicamentos que mi cuerpo no necesite, no quiero que me rompan la bolsa, no quiero que me metan de todo por vena solo para acelerar el parto, NO.
Quiero parir a mi ritmo, con mis tiempos, disfrutar del proceso. No quiero Kristeller, ni que me chillen, ni que me amenacen con cesárea. Yo sé que puedo parir, ya lo he hecho, y sé que si confían en mí lo puedo hacer de una manera preciosa.
No quiero epidural, con Diego parí sin epidural, así que con éste también puedo, (que lo mismo luego la pido a grito pelao', cada parto es un mundo)
Si tengo ganas de andar, quiero andar, si quiero estar sentada, quiero sentarme. No quiero que me obliguen a estar en la misma postura, quiero estar como yo esté más cómoda.

Quiero piel con piel nada más tenerlx, quiero lactancia prolongada, quiero cuna de colecho.

Esos, a priori, con nuestros deseos, estamos deseando vivirlo todo, pero queremos disfrutar de cada cosa a su tiempo. Estamos muy felices de la vida que estamos creando, es increíble el amor que se puede sentir a una cosa tan diminuta.






martes, 17 de febrero de 2015

Doulas: Esos maravillosos monstruos.

Escribo este post a raíz de la polémica que se ha creado estos días con las Doulas. ¿Sabéis que son, a qué se dedican o cuál es su papel en la maternidad? Yo os lo explico a continuación.



Según Wikipedia, una Doula es una asistente sin titulación oficial que proporciona un apoyo físico y emocional a las mujeres durante el embarazo, el parto y el postparto.
Y tienen razón, no tiene un titulo que esté reglamentado, ni por sanidad ni por nada. Pero... ¿Eso es relevante en el aspecto de la maternidad?
Estudios científicos demuestran que un parto en presencia de una doula tiene muchas menos posibilidades de acabar de cesárea o instrumentado.

Antiguamente las doulas eran esclavas que ayudaban a sus amas a parir. Hoy son mujeres que ayudan a otras mujeres a parir, como y dónde quieran. No tienen una carrera, no existe esa carrera, la mas parecida es la especialidad de matrona en enfermería... Pero estudian, señores y señoras... Estudian mucho para llegar a ser doulas. Estudian lo relacionado con la ginecología femenina y el aparato reproductor femenino, estudian las controversias que se pueden dar en un parto, las complicaciones... Pero en muchos países no se escandalizan por esta practica, en esos países hay un indice de cesáreas muy muy por debajo del de España. Aquí más del 20% de partos son por cesárea, cuando en algunos sitios no llega ni al 8%. Es muy triste.
Estas mujeres te preparan durante el embarazo y te hacen ver que tú si puedes parir de forma natural. Ellas te informan, te empapan de conocimientos, y te dan seguridad, mucha seguridad. ¿Qué hay de malo en dar seguridad a una mujer que es un revoltijo de hormonas, bañándola de saber? Pues para matronas y ginécologos mucho, porque dicen que hay intrusión laboral. 
Y yo os digo... Ojalá en mi parto hubiera habido una maravillosa doula y no las matronas que me atendieron, que me agredieron, que me dejaron la barriga con contusiones, que me presionaban para parir, que se reían, que me humillaban... Ojalá.

También se critica su precio. Se dice que ronda los 1200€ e incluye todo el proceso del embarazo, parto y postparto, y ayuda con la lactancia, pero... ¿Es real? No. El precio suele ser libre, como en todo habrá alguna que cobre eso, pero no, por norma general cobran bastante menos, por desgracia. 

Y por último debato el tema 'canibalismo'. 
Y os preguntaréis ¿ha dicho canibalismo? ¿CANIBALISMO? Sí. Las atacan diciendo que son una secta caníbal. ¿Por qué?  Porque antiguamente ofrecían a las madres la ingesta de su propia placenta. 
Estaréis flipándolo, igual que flipé yo la primera vez que lo leí, pero os comento... Al igual que el ser humano es el único mamífero que bebe leche de otro mamíferos y no la suya propia (para algo tenemos mamas, para MAMAR) también es el único que no ingiere placenta después de dar a luz.
Yo no he comido placenta, me da un poco de asco el solo pensar en alguien ingiriéndola y no tengo pensado comerla nunca en ninguno de mis próximos partos, pero he leído muchísimo y me he informado mucho de todo lo relacionado con este tema. 
La práctica se denomina placentofagia, y los animales no se comen la placenta porque este buena o sepa a dulce de leche... Se la comen por los supuestos beneficios que tiene. Tiene prostaglandina, que favorece los entuertos, la disminución del útero a su forma original mucho más rápida y menos dolorosa. Contiene altos niveles de hierro y vitaminas... Es cicatrizante... También contiene oxitocina, que favorece la subida de la leche y una producción mayor de esta. Y recientes estudios demuestran que disminuye el dolor de todo el proceso vivido. También ayuda a superar o a que no te de la depresión postparto.
Las mujeres que deciden tomársela, en la mayoría de los casos lo hace en batido. Frutas dulces y un trocito muy pequeño de placenta. Su sabor no se nota, es como tomarse un zumo.
Yo, sinceramente pienso que es algo que si tú cuerpo ha expulsado es porque ya ha hecho toda su función. También pienso que los mamíferos se toman la placenta para no dejar rastro por los depredadores... Pero no soy científica ni médico, es solo mi opinión.
¿Qué tiene que ver esto con las doulas? Pues que ellas te ayudan a hacerte el batido o lo que tú quieras, pueden hasta encapsulártela si se lo pides... Por eso se les dice secta canibalista, por darte una opción a hacer algo con la placenta antes de tirarla. Ellas te informan y si tú quieres lo haces y si tú no quieres no, es como en todo.

Para mí, una doula es una mujer que más que ayudarte a parir, te instruye para que tu lo hagas. No interfiere en el parto si no es necesario, confía en ti, y hace que tú misma confíes en ti. Hacen una labor enorme, y ojalá que algún día se las reconozca y se haga oficial un título de doula.

Dicho esto, acabo el post dando las gracias a su trabajo, y espero que sirva de ayuda a las personas que se quieren informar, que tienen dudas, que critican sin saber... Y sobretodo a las doulas, gracias por hacer del principio de la maternidad una experiencia plena, digna de recordar y gozosa.

jueves, 29 de mayo de 2014

El parto, mi parto. El comienzo de mi verdadera vida.

Cuando te quedas embarazada de tu primer hijo llueven las dudas, los miedos, las preocupaciones... Las primeras semanas son mortales con tanto revoltijo de hormonas, con tantos cambios en tu día a día, con tantos pensamientos... Y más si no es un bebé buscado (que no deseado, que no es lo mismo).
Yo asistía a todas las clases de preparación al parto, en todas estaba super puntual en la puerta del ambulatorio. Recuerdo que eran los viernes, a las 9:30, y que yo era la mas jóven de todas las futuras mamás, de las pocas que iban solas, y la única que no había tenido acompañante en ninguna clase. Recuerdo también que ninguna se me acercaba, no se por qué, supongo que por mi edad o por vergüenza (ya veis, qué tontería...) y que ninguna me hablaba.
Pero yo iba con una ilusión todas las semanas increible. Me encantaba aprender todo lo que podía enseñarme mi matrona sobre lo que iba a ser mi futuro parto, me encantaba escuchar anécdotas y aprender de ellas, pero al final lo que condicionaría el nacimiento de Diego iba a ser yo, mi actitud y mis ganas de tenerlo.

Siempre soñé con un parto natural, en casa, con la gente que yo quisiera sin limite de meter una persona solo al paritorio, sin la frialdad de esa sala, de ese hospital y de todos esos instrumentos que daban mucho miedo... Pero sabía que con Diego no podía hacerlo... Mi situación no era la más apropiada y yo hasta el mismo día de dar a luz estuve con muchas dudas de meter al Innombrable en mi parto.

Un mes antes yo tenía medio claro que le iba a poner su apellido, y empecé a comentarselo a mi familia, que no estuvo de acuerdo con mi decisión, pero que al fin y al cabo tenían que respetar.

El 14 de Diciembre por la noche, con 39 semanas recién cumplidas mi madre empezó a bromear diciéndome que por favor mi pusiera de parto ese finde (era viernes) que así ella no tenía que faltar al trabajo y podía llevarme al hospital, yo le dije que ojalá pero que no le veía intención a Diegorri de nacer, y ella leyó que la tónica lleva oxitocina, que puede provocarte las contracciones, me dijo que en la nevera tenía 6, que nos tomaramos una y que a ver que pasaba. Yo fui super confiada y estaban caducadas, a lo que me dispuse a abrirlas para vaciarlas y tirarlas (no sin antes olerlas, a ver si me subía un poco de oxitocina).



Me acosté y me dormí. A las 2 de la mañana del sábado 15 de Diciembre me desperté con una ligerísima molestia en la barriga, yo pensaba que de oler las tónicas mi mente se estaba sugestionando y que no serían mas que paranoias mías.
Me levanté y fui a hacer pipí ¡sorpresa! tenía un poquitín de flujo ensangrentado al limpiarme a lo que yo muy tranquila me fui a la habitación de mi madre y la desperté. Me dijo que nos fueramos al hospital ya y yo le dije que no, que a mi no me dolía nada y que no se preocupara, que siguiera durmiendo.
Yo me acosté, pero claro... Ya sabes que en cuestión de horas te va a cambiar la vida para siempre y no podía dormir. La molestia se convertía en dolor muy leve y soportable, pero yo apenas pensaba en eso, solo en que iba a ser madre de un pequeño Diego, y que mi abuelo, que estaba muy malito lo iba a poder conocer.
Sobre las 6 me volví a levantar, y seguí echando el tapón mucoso. Me sorprendía la tranquilidad que tenía y lo poco que me preocupaban los dolores.
Volví a la cama y a las 10 ya me fui al baño y ya empecé a sangrar un poco más, las contracciones eran mucho mas seguidas y ya tenía que despertar a mi madre. Sabía que Diego estaba cerca ya.

Me dijo que desayunara corriendo y que nos fueramos, a lo que yo le dije con toda la calma del mundo que iba a prepararme. Me metí al baño y me duché, depilé, lavé el pelo, me lo alisé... Iba hecha un pincel.





Nos subimos al coche e ibamos contando las contracciones, cada 3 minutos, cada 2... Esto iba ya deprisita, pero a mi seguía sin dolerme apenas.




Llegamos y me exploraron "quítate todo y ponte el camisón, estas de 4 cm y te quedas"
¡¡¡Madre mía cómo rompí a llorar!!! Todo lo que no había llorado en la vida lo estaba llorando en la sala de exploración. Yo les decía histérica que no me dolía nada, que lloraba de los nervios y de la emoción, y ellas se reían.

Me bajaron a dilatación, y me enchufaron de todo en vena. Seguía casi sin dolor, y me decía de ponerme la epidural y yo me negaba, decía que se esperasen que esto era soportable.
Me rompieron la bolsa y ahí empezó la fiesta. Vaya contracciones, por el amor de Dios. De un momentico a otro empecé a chillar, a pegarle a la gente, a llorar... ¡Cómo había cambiado todo en un minuto!




A todo esto... Yo quería decirle a mi madre que avisara al Innombrable, pero no sabía como. Sabía que se iba a liar muy gorda y tenía miedo.
En una de estas contracciones se lo dije, "Llámalo, por favor, no quiero ser la culpable de que Diego me recrimine en un futuro que fue mi culpa que él no estuviera" a lo que mi madre empezó a llorar con una crisis de ansiedad diciendome que por favor no le hiciera eso, que era el hombre que había maltratado a su hija durante meses y que no lo iba a llamar. Yo cada vez estaba más agresiva, por lo que al final cedió. En una hora ya había llegado. 
Me pusieron la epidural, y me metieron al paritorio en cuestión de minutos. Había dilatado rapidísima y no me estaba haciendo efecto la analgesia.
Eran las 16:00 cuando entré con mi madre. Al principio hacía los pujos bien, pero la cosa se torció cuando empecé a pensar en lo que estaba pasando en la sala de espera. Me bloqueé. Fuera estaba toda mi familia, mis tíos, primas, hermanos, padre... Y sabía que él iba solo, así que tenía miedo a que se pudiera liar de alguna forma. Era impredecible.
Empecé a ignorar a las matronas y a empujar cuando a mí me daba la gana, empecé a ponerme histérica, a agarrar a todos, a pellizcarles y a maldecir el dolor que tenía. Me dolía mucho, muchísimo, y nada me lo calmaba, solo el no respirar.
De un momento a otro empecé a convulsionar, y las voces iban siendo cada vez mas lejanas. Escuchaba de lejos "¡que se salga la madre, echad a la madre de aquí!" Y veía como mi madre abandonaba el paritorio llorando entre los empujones de los enfermeros. Me desmayé.
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero me despertó la salida de Diego. 
¡Qué sensación! Noté algo que no puedo describir, y al segundo me espabiló un llanto, un dulce llanto con el que empezaba mi vida, mi nueva vida, mi mejor vida.
Al minuto me lo trajo mi madre, a la que ya habían dejado pasar. Me lo puso encima y yo no podía dejar de abrazarlo y llorar.




Me subieron a reanimación y me lo enganché al pecho, ¡cómo comía el tío! Pasó lento el tiempo hasta subir a la habitación, en la que estaban todos esperándome, TODOS.

Mi estancia en ese hospital fue de horror, hubo trescientas mil visitas que yo no quería, me tocó una enfermera bastante gilipollas, y las cosas con mi familia no estaban bien después de haber llamado al Innombrable.

Él estuvo una noche, y durmió plácidamente. Yo no podía dormir pensando en lo que sería de mi vida, en que nada tenía sentido en ese momento, que se tenía que haber quedado mi madre a dormir y no él (que lo había decidido yo). No estaba a gusto y no sabía qué iba a ser de mí y sobretodo qué iba a ser de Diego.

Me dieron el alta y poco a poco la cosa con mi familia se fue calmando. Tenían que entender SÍ o SÍ que era mi hijo y que yo tomaba las decisiones, pensando en él, pensando en su futuro, pensando en mí y pensando en nuestro futuro. Eran decisiones difíciles que no le deseo a nadie y en las que está en juego la vida de una personita que no tiene conocimiento ni poder de decisión.

Lo mas grande es que pudo conocer a su bisabuelo, al Diego grande, al maestro, al tuerto, a mi vida, a lo más adorable que tenía antes de Diego.





Y nada, a las semanas el Innombrable ya se había olvidado de él y yo empezaba a coger una rutina, una preciosa rutina.

Diego y yo solos, y que explote el mundo si quiere.






lunes, 17 de febrero de 2014

Diego me salvó, en todos los sentidos en los que puede salvarse a una persona.


¡Hola! 
Me llamo Mika, soy mamá primeriza de Diego, que nació un sábado, 15 de Diciembre de 2012 (actualmente, 14 meses de amor)

Tengo veinte años, y como casi todo el mundo pesaréis que soy una niña y que no sé nada de la vida. Seguramente también podríais llegar a pensar que mi madre/familia cría a mi hijo, que yo aún no estoy criada y un sinfín de tópicos que nos rodean a las mamás jóvenes.
Quien piense eso se equivoca con todo. Sé mucho más de la vida que una chavala de veinte años normal, por suerte o por desgracia me ha tocado vivir mucho en poco tiempo. 

Mi historia es la siguiente:
Me independicé con diecisiete añitos, me fui a vivir con mi entonces pareja, un DJ al que me amarré como un clavo ardiendo. A los tres meses de convivencia empezaron las peleas. Peleas fuertes y duras que no quiero y no me apetece recordar. Yo me distancié totalmente de mi familia y amigos por él. No voy a echarle la culpa de eso, porque de eso la culpa la tengo enteramente yo. Tenía una dependencia brutal a ese hombre, y llegó un punto en el que creía que mi vida iba a seguir en esa línea de infelicidad para siempre.

Entonces pasó. Al año de vivir juntos me quedé embarazada, y decidí tenerlo, porque ante todo ese pequeño garbanzo que crecía en mi interior era mi hijo.

Siempre he dicho que Diego me salvó, en todos los sentidos en los que puede salvarse a una persona. 
La noche en la que me enteré no pegué ojo... Pensaba mucho, muchísimo... Si era niña no quería que viera que su madre consentía los malos tratos de su padre. Y si era niño no quería que mamara de esa situación que hacerle semejantes cosas a una mujer estaba bien, que eso era lo correcto.

Gracias a mi madre y a una amiga conseguí despegarme poco a poco de él. Volví a casa de mi madre, ya que viviendo con él no podía asegurarme un plato de comida todos los días, de hecho había días que ni comíamos, y si lo hacíamos solía ser pasta o arroz... Y una embarazada se tiene que alimentar equilibradamente.

Los dos primeros meses que estuve separada de él me dí cuenta de que no lo necesitaba. Él no me acompañó a ninguna visita de matrona, tocólogo... Se despreocupaba totalmente, así que un día, tuvimos una pelea que llegó a más, y me armé de valor y lo dejé.
Se lió mucho, hasta tal punto que tuve que denunciarlo cuando estaba de 6 meses y medio.
16 meses de orden de alejamiento que hicieron que pudiera pasar el resto de embarazo medio tranquila.

Él renunció a su hijo, pero aun así, el 15 de Diciembre, cuando me puse de parto y llegué al hospital, le dije a mi madre que lo llamara y lo avisara.
Esto (entre otras cosas) hizo que mi parto fuera horrible, ya que estaba más pendiente de lo que estaba pasando en la sala de espera con él que de hacer correctamente los pujos, hasta tal punto que perdí el conocimiento y tuvieron que instrumentar.
Mi familia se cabreó conmigo por haberlo llamado, pero yo pensaba en Diego. Pensaba en que en un futuro él supiera que yo puse todo de mi parte para no separarlo de ese hombre.

Le puse sus apellidos, y las dos primeras semanas más o menos, yo le pasaba fotos, le decía de quedar para verlo, se lo llevaba en autobús hasta su casa (a 40 minutos de donde yo vivía...) pero poco después pasó lo que tenía que pasar, seguía con su vida loca, bebida, drogas, fiesta... Y yo con un bebé, sola. Me cansé de ir detrás de él.

Volvió a renunciar en Marzo, cuando ya tenía puestos los apellidos. Pero ya no había nada que hacer, no se puede renunciar a un hijo (legalmente) así como así. Me resigné y seguí mi vida con mi hijo, criándolo con mucho amor. No dejaba que nadie me ayudara, sabía que era mi responsabilidad y así lo hice. Yo le pagaba todo. Estoy orgullosa de decir que pese a mi juventud y por mi cabezonería, he podido mantenerlo yo, con mis ahorros y con lo poco que cobraba, cosa que hoy en día es dicifil con Mariano Rajoy como presidente.

Así que, por eso Diego me salvó, yo no sé donde estaría si no me hubiera quedado embarazada, pero prefiero no pensarlo. Ahora tiene catorce meses, y me lleva loca, pero no cambio a este torbellino por nada en el mundo.