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jueves, 13 de octubre de 2016

Ser madre joven, ¿fácil?

Dentro 4 días cumplo 23 años y ya tengo dos hijos.
Me quedé embarazada de mi mayor a los 18. Desde entonces la vida ha puesto constantemente en mi camino a personas que me han juzgado y desvalorizado por el simplísimo hecho de ser mamá joven.





La cosa se agrava conforme vas teniendo más hijos y sigues aparentando ser una niña.
Si me dieran un euro por la cantidad de veces que le han dicho a mi madre "¡anda, ahora con cincuenta años a volver a criar, eh!" o comentarios por el estilo, tendría para terminar de pagar el coche.
La gente no se corta y suelta esos comentarios delante de una, y eso jode molesta bastante. Qué pasa, ¿no me ven capaz y tiene que criar mi madre por mí?
En este último mes me han preguntado dos veces que si soy de etnia gitana por tener dos hijos ya y una vez que si soy kika (los católicos que están en contra de usar métodos anticonceptivos para evitar un embarazo). ¿Y A VOSOTROS QUÉ NARICES OS IMPORTA LO QUE YO SEA? Yo no voy preguntándole a la gente por la calle si son católicos o que si tienen el pelo teñido, pues esto es igual.


También están las típicas preguntas/afirmaciones del tipo:

-¿Qué te dijeron tus padres cuando les diste la noticia?, ¿Te castigaron?
-¿No te planteaste abortar?
-¿Fueron buscados?
-Te has arruinado la vida
-Dile adiós a tus sueños
-Seguro que los tratas como si fuesen Nenucos
-No sabes lo que has hecho
-Si tú aun no estás criada, ¿cómo vas a criar?
-No sabes lo que es disfrutar

Y decenas de comentarios por el estilo...




Señores, si quieren salseo pónganse la serie de la MTV Teen Mom y a mí déjenme en paz.

Cuando nació Diego sentí que tenía que demostrar a diario que yo era capaz de hacerlo sola (añadamos mas hierro al asunto, era madre joven... ¡Y SOLTERA!)
Era un examen constante que tenía que aprobar a cada minuto. Tuve la suerte de poder ahorrar y pagarle los botes de leche yo, sin ayuda económica DE NADIE.
Mi madre, de vez en cuando me decía si quería que le comprase X cosa al niño y yo siempre le contestaba un "yo puedo sola".
Cuando él nació, las noches en vela y los terribles cólicos me los tragué yo solita. A los días estaba tan saturada que rompí a llorar; mi madre me escuchó y me dijo si quería que se quedase al niño un par de horas y así yo podía dormir un poco, mi frase favorita era "es mío, es mi responsabilidad. Esto me lo tengo que tragar yo". Escribo esto y me invade la tristeza y la ansiedad que tenía en aquel momento.
Tardé días en ceder y dejar que me ayudasen. Ojalá pudiera dar marcha atrás y decirme a mí misma que no iba a ser menos madre por dejarle el niño a su abuela y yo dormir dos horas seguidas esos primeros días...
La mayoría de las madres de mi tribu son bastante más mayores que yo, y a todas les ayudaron en sus inicios, en esos momentos de adaptación e inseguridad dónde las hormonas y la mente te juegan malas pasadas.

La diferencia es que a una mujer no se la juzga igual con 30 años que con 20.

No hay día en el que no me cruce a alguien por la calle y no me mire con pena y compasión.
Estoy harta de repetir que soy madre por vocación. Siempre quise tener hijos, siempre quise hacerlo pronto... Quizá no tanto, pero Diego vino sin buscarlo y fue deseado por su madre desde el minuto 0. Así me vino y así lo acepté, con lo bueno y con lo malo que tiene tener hijos antes de los 25.

Los pros que saco es que tengo mucha energía y paciencia, que cuando tenga 40 ellos ya estarán criados, que si ellos quieren seré una abuela joven e incluso podré llegar a ser bisabuela ¡o tatarabuela! También cuando somos jóvenes tenemos más facilidad para los cambios, los embarazos también suelen ser más llevaderos. Hay menos posibilidades de que el bebé tenga problemas y menos tasa de cesáreas. Los abuelos también son jóvenes. Maduro y aprendo a diario, disfrutaré mucho tiempo de mis hijos, y que he conocido antes de tiempo un amor que no se puede comparar a nada, a nadie.

Los contras son que he tenido que aparcar mis sueños un tiempo, pero eso no es problema porque no hay nada que no se pueda retomar. Que si me apetece irme a la otra punta del mundo sola no puedo, o mejor dicho, no quiero. Que he cambiado y adaptado mi rutina por completo, que no tengo ahorros. Por cada 100 prendas de ropa que les compro a ellos yo me compro un par de calcetines. No tengo ojeras de bailar toda la noche, las tengo de no dormir por dar de comer a mi hija cada 2 horas. Si tus amigos aún no han sido padres (que es lo más probable) seguramente la relación con ellos se tense y a veces incluso se rompa. Vamos a un ritmo de vida muy diferente de los que no tienen niños. Y ya no hablemos de la discriminación de otras madres, en las clases de preparación al parto de mi primer hijo me miraban como si fuese un mono de feria, se sentaban en grupitos y yo siempre estaba sola. Me intentaba acercar y no había manera... En los grupos de madres y padres del colegio me ha pasado igual. No creo que tenga tres ojos para que se me mire con esa extrañeza.

Pero creedme: nada de eso importa. Son cosas totalmente banales... El amor que me dan a diario es el mayor premio... Ellos valen todos los esfuerzos. Valen la pena. Ellos valen la vida.

viernes, 9 de septiembre de 2016

LA ETERNA JUSTIFICACIÓN DE LAS MADRES.


¿Le das biberón? Sí porque...
¿Aún sigue tomando pecho? Sí porque...
¿Le das purés? Sí porque...
¿Lo llevas en el carrito? Sí porque...
¿Le vas a dar trozos enteros de comida? Sí porque...
¿No va demasiado pegado a ti en esa mochila? No porque...
¿Le has puesto las vacunas de paga? Sí porque...
¿Lo dejas durmiendo en la cuna solo? Sí porque...
¿Es que te vas a quedar en casa sin trabajar cuidando a tus hijos? Sí porque...
¿Lo vas a llevar a la guardería? No porque...
¿El niño duerme en su cuna? No porque...
¿Vas a trabajar tan pronto? Sí porque...


Como éstas, las madres tenemos que soportar mil preguntas por el estilo. Es raro el día que no tengamos que contestar alguna pregunta así o parecida.
El otro día me di cuenta de que cuando estrené maternidad con Diego, pasé cerca del primer año y medio de vida de mi hijo justificándome.





PORQUE ME DA LA REAL GANA. Porque así lo hemos decidido su padre y yo. Porque sigo mi instinto. Porque si me equivoco aprenderé por mí misma. Porque yo conozco a mis hijos y me conozco a mí, porque se nuestras necesidades y nuestros derechos.

Llevo un tiempo que me fijo mucho que en la redes sociales hay que justificarlo absolutamente todo, porque sino ya llegan las madres del año y te atacan. NO.
Las hay que directamente te preguntan ¿cuando vas a dejar de darle teta a tu hija? Pero vamos a ver, señora... ¿Y a usted qué le importa? Llega un punto en el que cansa dar tanta explicación, en el que aprendes que no te tienes que explicarlo todo. Que siempre va a haber alguien que no esté de acuerdo y siempre va a haber otro alguien que te va a apoyar. Nunca llueve a gusto de todos y no se puede basar la elección de la crianza de nuestros hijos en el qué dirán los demás. Esto es algo que se aprende con el tiempo... Ojalá hubiera tenido esta seguridad cuando di a luz a mi primer hijo. Era jovencísima y por el simple hecho de tener 19 años se me cuestionaba absolutamente todo lo que hacía, sobre todo las mujeres más mayores que criaban a la antigua usanza.
Estaba harta de escuchar que lo dejara llorar, que no debía dormir conmigo, que le diera de comer en horarios estrictos. Terminé tan quemada que con mi segunda hija he terminado por no pasar ni una.
Tú cría a tus hijos como te parezca mejor, que yo haré lo mismo con los míos.




No me cansaré de decir que el pilar de una buena educación es el respeto, y si nuestros hijos ven de primera mano que respetamos otros modos de pensar, otras formas de actuar; estaremos criando niños tolerantes y respetuosos.

Hace unas semanas saltó la polémica con una foto de una mamá que estaba sentada usando el móvil en el aeropuerto y su bebé estaba en el suelo acostado. La mayoría de personas juzgamos la foto (me incluyo, y aunque esa mamá no me vaya a leer nunca, decirle que lo siento) pero todo tenía una explicación y un motivo de ser así. Esa mujer tuvo que leer muchos comentarios por internet que la pusieron de mala madre para arriba, a lo que ella explicó a un periódico que llevaba mas de un día en el aeropuerto porque había habido problemas con su vuelo, no tenia opción a quedarse en un hotel e iba sola con su bebé de menos de tres meses. Después de dormir toda la noche en el suelo con su hijo, a la mañana siguiente se levantó, se sentó en un asiento y se puso a pedir ayuda a sus padres para que fueran como pudieran a recogerla.
Yo me sentí fatal y caí en la cuenta de que había hecho lo que no me gusta que me hagan a mí, juzgar y pedir explicaciones. Pero de todo se aprende, y ahora antes de pensar en negativo sobre una madre, intento ponerme en su lugar y apoyarla.





También tenemos derecho a equivocarnos y a aprender. Yo gracias a otras madres que me han dado consejos sobre porteo, alimentación, lactancia, sueño... He descubierto que con mi primer hijo hacía cosas que ahora jamás haría con Delia, por mero desconocimiento. Y seguramente con el tercero haga cosas que ahora no conozco. Pero una cosa no quita a la otra, no se puede atosigar a una madre, y más si es reciente, a preguntas que no son de nuestra incumbencia. Todas las madres amamos a nuestros hijos, y todas hacemos lo que hacemos por un motivo que seguro tiene justificación (aunque no lo entendamos o no lo compartamos) lo importante es respetarnos entre nosotras, empatizar y no juzgarnos unas a otras.



martes, 14 de abril de 2015

Papá, no te escondas.

Me uno a la iniciativa tan preciosa que da nombre a esta entrada. Hoy, catorce de abril, tenemos que hablar de la importancia de concienciar a los padres a ser y a estar, no solo como meros figurantes, sino como protagonistas del maravilloso camino de la maternidad/paternidad. 

Si queréis leer de qué trata os dejo el post aquí.

Yo puedo hablar desde dos perspectivas, la de madre soltera y la de madre casada.


Mi experiencia con la paternidad, tanto la vivida por mí como la vivida con mi hijo no ha sido del todo buena, y eso, hizo que no creyera en la figura paterna como tal, hizo que viera que padre es el que insemina y madre la que cría.
¡QUÉ EQUIVOCADA ESTABA!

Claro que siempre he necesitado ayuda para criar a Diego, pero he tenido a mi madre, a mi familia, a mis hermanos, a mis amigas... Como dice el dicho, se necesita una tribu entera para criar a un niño, pero jamás me imaginaba que al compartir todo con un padre que se vuelca tanto como tú en la crianza con amor de tu hijo pudiera facilitar tantísimo la vida, tanto, que es como si te ayudaran cien personas.


Apareció Néstor, apareció el buenpadre y mi forma de ver la vida, y consigo la maternidad cambió por completo. Me hizo ver y me demostró que criar es cosa de dos.

A los diez meses de Diego lo conocí, y a los once ya quería formar parte de esto. A los catorce meses ya le decía papá, y a los veinticinco se hacía legal lo que llevaba demostrando año y medio: que era su padre.

Él pertenece a la tribu, a mi tribu. 


Para Diego es tan importante como lo soy yo, somos dos compartiendo al 50% esta aventura. Es increíble que me haya cambiado tanto, y que me haya hecho ver que no es raro, que existen los hombres crían y que cuidan a sus hijos y a su familia, haciendo escuela.

Néstor trabaja de once a doce horas al día, pero su momento de bañar, dar el biberón y dormir a su pequeño todas las noches, no se lo quita nadie. Ese momento es en el que yo descanso, en el que mi cerebro desconecta y entro en un estado de relajación muy necesario.








Y me acuerdo perfectamente de la primera vez que lo durmió, que tuvo "su momento" con él. Ese recuerdo esta impreso en mi memoria a fuego, porque es parte de la transición y de todo el cambio en mi forma de ver el mundo. Es momento en el que me preguntó si podía dormirlo, que había estado viendo como lo hacía y que el sabía que iba a poder, al que yo le contesté con  un 'si quieres intentarlo... Pero seguro que no se te duerme y te desesperas...' A los diez minutos lo tenía durmiendo y Néstor con una sonrisa que no había visto en la vida, de satisfacción, de felicidad, de amor.


Seguimos sumando momentos tan mágicos como ese, seguimos compartiendo todo, y seguimos mano a mano con nuestro hijo, enseñándole que el amor de papá es tan puro como el de mamá y que tenemos exactamente la misma importancia en su vida. Criando a un niño feliz y haciéndonos felices nosotros mismos.



jueves, 22 de enero de 2015

Freedom: La historia de una adopción.



Los motivos de mi ausencia han sido varios. Ha sido casi un año sin escribir, y en este año han pasado muchas cosas, buenas, malas, regulares... Pero la más importante es la que encabeza esta entrada: Una adopción.
Esta entrada va dedicada a todas las madres solteras, en especial a Irene Guerrero y Laura Mariotte, mis grandes amigas que han pasado lo mismo que yo, pero multiplicado por dos.

Como todos sabéis, cuando nació Diego yo era un mar de dudas, pero lo que mas me calentaba la cabeza era el apellido. Ponerle o no ponerle el apellido del señor que me inseminó, he ahí la cuestión...
Después de mucho pensar decidí que sí, que mi hijo llevaría el apellido Aguilar, porque yo no era quién para separar a mi hijo de nadie, y menos de él.

Tres meses después, dicha persona ya no quería saber nada del bebé, con lo cual me informé de si el apellido se le podía quitar, y no... No había ninguna forma de quitarlo al ser yo madre soltera. Me tocó tragar y tragar que cada vez que mi hijo fuera al médico dijeran ese apellido, y a mi me daba mucha ansiedad escucharlo, sobretodo si me acompañaba mi madre o mi hermano... Que me decían con la mirada un maldito 'TE LO DIJE'



Estuve muchos meses mal, deseaba que no llegaran las revisiones solo por no tener que escuchar aquello, pero poco a poco me fui haciendo a la idea de que era lo que yo había elegido, y me resigné.

Octubre de 2013, aparece Néstor. Primer día que quedamos primer día que tiene contacto con Diego.
Amor a primera vista de ambos, se adoran, se le tira a los brazos y Néstor empieza a hacer las mismas cucamonas que a día de hoy le hacen reír al pequeño.

Pasan las semanas y éste ya lo baña, lo duerme y le da los biberones... Imaginaos mi cara al ver que lo dormía mejor que yo. Lo que más me enamoraba de Néstor era eso, verle crecer junto a Diego y ver a Diego crecer junto a él.

Una noche, estábamos tomándonos una cerveza y sin ton ni son me suelta que quiere ser su padre, que tiene que haber alguna forma de que él pueda ponerle su apellido. Yo le contesto que no sabe lo que dice, que un hijo es para toda la vida y que además a mí me habían dicho que no se podía quitar el apellido que llevaba.
El me dice que lo sabe, pero que lo siente suyo, que le ha enseñado a andar, a mediohablar, y que, además Diego ya le llama papá, con lo cual él quiere que ese vínculo sea legal.

Yo paso toda la noche dandole vueltas 'joder, es perfecto... Pero... ¿y si sale mal? ¿y si es un loco?'
preguntas y preguntas que rondaban mi cabeza, lo consulte mucho con la almohada, con mi madre, mi familia, mis amigas... Algunos me decían que era una locura, otros me decían que era mi hijo, que yo decidía y que en mi corazón encontraría las respuestas a mis preguntas.
Pues hice lo segundo, escuchar a mi corazón... Y mi corazón me dijo que adelante.

Me puse en contacto con mi abogada, diciéndole que ya sabía que no se podía quitar el apellido así porque sí, pero, ¿y si alguien lo adoptaba?
Me dijo que ella nunca había llevado nada por el estilo, pero que se iba a informar y me iba a intentar ayudar.
Me devolvió la llamada en unos días diciéndome que en efecto, solo podía cambiarse el apellido de un menor de edad mediante una adopción, pero que había varios peros... Teníamos que ser cónyuges el adoptante y yo, es decir, estar casados... Él Innombrable tenía que estar de acuerdo en renunciar frente a un juez y varias cosas más que hacían que viéramos nuestro sueño aun más lejano.
Ella, muy amable, se puso en contacto con el fecundador y éste le dijo que sí, que el estaba dispuesto a todo por renunciar mientras que no tuviera que pagar ni un duro. El tema quedó en el aire.

Néstor empezó a decirme que nos casáramos, que él me quería para toda la vida, que él nos quería para toda la vida.
Volvieron las dudas, casarme me iba a cambiar la vida, por Dios, ¡que tenía veinte años! Lo veía disparatado... Yo le decía que él no hablaba enserio, que lo de casarnos lo decía por decir, y me juraba y perjuraba que no, que quería casarse conmigo, y ahí se quedó la cosa.

El 20 de enero se acabaron los 16 meses de orden de alejamiento, con lo cual si yo ya estaba nerviosa los meses antes, con ese dato ya me ponía enferma. Ansiedad a cascoporro, qué mal se pasa...

El 14 de febrero, cenando en un restaurante Néstor me tiene preparada una sorpresa:

                                     

Mi sueño hecho realidad, montar en globo aerostático.
Pero... la cosa no acaba ahí. Saca una cajita y tras un discurso que hace que a la tercera palabra se me salten las lagrimas, me pide matrimonio.




Lloro, lloro y le digo que sí entre sollozos...
Desde la semana siguiente empezamos a preparar papeles, una boda rapidita que esto corre prisa.
Nos dicen que en dos semanas estamos casados, pero no... Pasan un mes, dos meses... Tenemos que llamar al ayuntamiento e ir detrás una y otra vez, y por fin, el 10 de Mayo de 2014, tras un precioso e inolvidable vuelo en globo, nos casamos.

Nuestro sueño cada vez mas cerca...

Empezamos a recopilar una serie de documentos que se nos exigen para la adopción, un contrato indefinido por aquí, unos certificados por allá... Más meses en busca de todo.
Tenemos la primera vista en el juzgado, mi abogada (que se tiene el cielo ganado) tuvo que ir hasta la misma puerta de la casa del Innombrable a recogerlo para llevarlo a firmar, porque decía que no podía pagar el bus. Nervios y más nervios, pero firmamos todos y queda visto para el juez.
En septiembre nos llaman de nuevo, tenemos que ir a firmar otra vez porque en el juzgado de Murcia se habían confundido de adopción y Pepito estaba adoptando a Romualdo, así que vuelta a empezar y todo de nuevo.
Esperas y más esperas, incertidumbres, nervios, el tiempo no pasaba y parecía que todo iba marcha atrás pero no, el 19 de septiembre se hace firme la adopción y hay que esperar 20 días para actualizar la partida de nacimiento y cambiar los apellidos. Más esperas, 20 días que se convierten en 4 meses...
Cansados de todo esto, el 19 de enero de 2015 nos presentamos en el registro civil, exigiendo explicaciones de toda esta demora. 
Nos dicen que no saben donde está la adopción, que vayamos al juzgado de familia. Vamos de nuevo y ahí nos dan la adopción que tenemos que volver a llevar al registro para que -cuando quieran- actualicen la partida de nacimiento.
Yo no me puedo creer tanta ineptitud, así que después de pelearnos con dos señoras, conseguimos que nos hagan caso.
Nos dicen que hasta el veintipico de enero no van a tener tiempo de hacerlo, con lo cual suplicamos que lo hicieran en el momento, que era un segundo y que para nosotros era muy muy muy importante.
Después de mucho llorarles lo conseguimos, y he aquí el resultado:



Recordaremos toda la vida el día 19 de enero, día en que Diego pasó de ser Aguilar a ser GONZÁLEZ, día en que tres personas que se amaban con toda su alma pasaron a ser, legalmente, una FAMILIA.

Esto podía haberme salido muy mal, podía haber metido la pata hasta el fondo, pero no... ¡Os puedo asegurar que somos la familia más feliz del mundo!


Como bien he dicho, le dedico ésta entrada a todas las madres solteras, para demostrarles que los cuentos de hadas sí existen, no porque nos digan que los monstruos existen, sino porque podemos vencerlos.


jueves, 29 de mayo de 2014

El parto, mi parto. El comienzo de mi verdadera vida.

Cuando te quedas embarazada de tu primer hijo llueven las dudas, los miedos, las preocupaciones... Las primeras semanas son mortales con tanto revoltijo de hormonas, con tantos cambios en tu día a día, con tantos pensamientos... Y más si no es un bebé buscado (que no deseado, que no es lo mismo).
Yo asistía a todas las clases de preparación al parto, en todas estaba super puntual en la puerta del ambulatorio. Recuerdo que eran los viernes, a las 9:30, y que yo era la mas jóven de todas las futuras mamás, de las pocas que iban solas, y la única que no había tenido acompañante en ninguna clase. Recuerdo también que ninguna se me acercaba, no se por qué, supongo que por mi edad o por vergüenza (ya veis, qué tontería...) y que ninguna me hablaba.
Pero yo iba con una ilusión todas las semanas increible. Me encantaba aprender todo lo que podía enseñarme mi matrona sobre lo que iba a ser mi futuro parto, me encantaba escuchar anécdotas y aprender de ellas, pero al final lo que condicionaría el nacimiento de Diego iba a ser yo, mi actitud y mis ganas de tenerlo.

Siempre soñé con un parto natural, en casa, con la gente que yo quisiera sin limite de meter una persona solo al paritorio, sin la frialdad de esa sala, de ese hospital y de todos esos instrumentos que daban mucho miedo... Pero sabía que con Diego no podía hacerlo... Mi situación no era la más apropiada y yo hasta el mismo día de dar a luz estuve con muchas dudas de meter al Innombrable en mi parto.

Un mes antes yo tenía medio claro que le iba a poner su apellido, y empecé a comentarselo a mi familia, que no estuvo de acuerdo con mi decisión, pero que al fin y al cabo tenían que respetar.

El 14 de Diciembre por la noche, con 39 semanas recién cumplidas mi madre empezó a bromear diciéndome que por favor mi pusiera de parto ese finde (era viernes) que así ella no tenía que faltar al trabajo y podía llevarme al hospital, yo le dije que ojalá pero que no le veía intención a Diegorri de nacer, y ella leyó que la tónica lleva oxitocina, que puede provocarte las contracciones, me dijo que en la nevera tenía 6, que nos tomaramos una y que a ver que pasaba. Yo fui super confiada y estaban caducadas, a lo que me dispuse a abrirlas para vaciarlas y tirarlas (no sin antes olerlas, a ver si me subía un poco de oxitocina).



Me acosté y me dormí. A las 2 de la mañana del sábado 15 de Diciembre me desperté con una ligerísima molestia en la barriga, yo pensaba que de oler las tónicas mi mente se estaba sugestionando y que no serían mas que paranoias mías.
Me levanté y fui a hacer pipí ¡sorpresa! tenía un poquitín de flujo ensangrentado al limpiarme a lo que yo muy tranquila me fui a la habitación de mi madre y la desperté. Me dijo que nos fueramos al hospital ya y yo le dije que no, que a mi no me dolía nada y que no se preocupara, que siguiera durmiendo.
Yo me acosté, pero claro... Ya sabes que en cuestión de horas te va a cambiar la vida para siempre y no podía dormir. La molestia se convertía en dolor muy leve y soportable, pero yo apenas pensaba en eso, solo en que iba a ser madre de un pequeño Diego, y que mi abuelo, que estaba muy malito lo iba a poder conocer.
Sobre las 6 me volví a levantar, y seguí echando el tapón mucoso. Me sorprendía la tranquilidad que tenía y lo poco que me preocupaban los dolores.
Volví a la cama y a las 10 ya me fui al baño y ya empecé a sangrar un poco más, las contracciones eran mucho mas seguidas y ya tenía que despertar a mi madre. Sabía que Diego estaba cerca ya.

Me dijo que desayunara corriendo y que nos fueramos, a lo que yo le dije con toda la calma del mundo que iba a prepararme. Me metí al baño y me duché, depilé, lavé el pelo, me lo alisé... Iba hecha un pincel.





Nos subimos al coche e ibamos contando las contracciones, cada 3 minutos, cada 2... Esto iba ya deprisita, pero a mi seguía sin dolerme apenas.




Llegamos y me exploraron "quítate todo y ponte el camisón, estas de 4 cm y te quedas"
¡¡¡Madre mía cómo rompí a llorar!!! Todo lo que no había llorado en la vida lo estaba llorando en la sala de exploración. Yo les decía histérica que no me dolía nada, que lloraba de los nervios y de la emoción, y ellas se reían.

Me bajaron a dilatación, y me enchufaron de todo en vena. Seguía casi sin dolor, y me decía de ponerme la epidural y yo me negaba, decía que se esperasen que esto era soportable.
Me rompieron la bolsa y ahí empezó la fiesta. Vaya contracciones, por el amor de Dios. De un momentico a otro empecé a chillar, a pegarle a la gente, a llorar... ¡Cómo había cambiado todo en un minuto!




A todo esto... Yo quería decirle a mi madre que avisara al Innombrable, pero no sabía como. Sabía que se iba a liar muy gorda y tenía miedo.
En una de estas contracciones se lo dije, "Llámalo, por favor, no quiero ser la culpable de que Diego me recrimine en un futuro que fue mi culpa que él no estuviera" a lo que mi madre empezó a llorar con una crisis de ansiedad diciendome que por favor no le hiciera eso, que era el hombre que había maltratado a su hija durante meses y que no lo iba a llamar. Yo cada vez estaba más agresiva, por lo que al final cedió. En una hora ya había llegado. 
Me pusieron la epidural, y me metieron al paritorio en cuestión de minutos. Había dilatado rapidísima y no me estaba haciendo efecto la analgesia.
Eran las 16:00 cuando entré con mi madre. Al principio hacía los pujos bien, pero la cosa se torció cuando empecé a pensar en lo que estaba pasando en la sala de espera. Me bloqueé. Fuera estaba toda mi familia, mis tíos, primas, hermanos, padre... Y sabía que él iba solo, así que tenía miedo a que se pudiera liar de alguna forma. Era impredecible.
Empecé a ignorar a las matronas y a empujar cuando a mí me daba la gana, empecé a ponerme histérica, a agarrar a todos, a pellizcarles y a maldecir el dolor que tenía. Me dolía mucho, muchísimo, y nada me lo calmaba, solo el no respirar.
De un momento a otro empecé a convulsionar, y las voces iban siendo cada vez mas lejanas. Escuchaba de lejos "¡que se salga la madre, echad a la madre de aquí!" Y veía como mi madre abandonaba el paritorio llorando entre los empujones de los enfermeros. Me desmayé.
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero me despertó la salida de Diego. 
¡Qué sensación! Noté algo que no puedo describir, y al segundo me espabiló un llanto, un dulce llanto con el que empezaba mi vida, mi nueva vida, mi mejor vida.
Al minuto me lo trajo mi madre, a la que ya habían dejado pasar. Me lo puso encima y yo no podía dejar de abrazarlo y llorar.




Me subieron a reanimación y me lo enganché al pecho, ¡cómo comía el tío! Pasó lento el tiempo hasta subir a la habitación, en la que estaban todos esperándome, TODOS.

Mi estancia en ese hospital fue de horror, hubo trescientas mil visitas que yo no quería, me tocó una enfermera bastante gilipollas, y las cosas con mi familia no estaban bien después de haber llamado al Innombrable.

Él estuvo una noche, y durmió plácidamente. Yo no podía dormir pensando en lo que sería de mi vida, en que nada tenía sentido en ese momento, que se tenía que haber quedado mi madre a dormir y no él (que lo había decidido yo). No estaba a gusto y no sabía qué iba a ser de mí y sobretodo qué iba a ser de Diego.

Me dieron el alta y poco a poco la cosa con mi familia se fue calmando. Tenían que entender SÍ o SÍ que era mi hijo y que yo tomaba las decisiones, pensando en él, pensando en su futuro, pensando en mí y pensando en nuestro futuro. Eran decisiones difíciles que no le deseo a nadie y en las que está en juego la vida de una personita que no tiene conocimiento ni poder de decisión.

Lo mas grande es que pudo conocer a su bisabuelo, al Diego grande, al maestro, al tuerto, a mi vida, a lo más adorable que tenía antes de Diego.





Y nada, a las semanas el Innombrable ya se había olvidado de él y yo empezaba a coger una rutina, una preciosa rutina.

Diego y yo solos, y que explote el mundo si quiere.