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martes, 19 de enero de 2016

19 de Enero de 2016. Un año desde que me convertí en una mujer libre.

Creo que somos de las familias que más cosas celebran, y es que en nuestra casa, todo lo que sea una alegría se apunta en el calendario de forma permanente y se celebra todos los años.

Néstor y yo celebramos tres aniversarios, el de novios, el de casados por lo civil y el de casados por la iglesia. Celebramos el aniversario del día que me pidió matrimonio también. Sumamos cumpleaños y santos, fiestas destacadas, los altas de las veces que he estado ingresada, cuando nos fuimos a vivir juntos y todo lo que se nos ocurra por el camino, hasta las cosas más chorras.

Pero sin alguna duda, la cosa más importante que celebramos es el día que se hizo firme la adopción de Diego ante un juez, con su sentencia, su libro de familia, su todo. Lo normal, pero que después de un año de comparecencias, juzgados, jueces, fiscales, firmas, abogados, trámites... Nos parecía algo inalcanzable, lejano e imposible.

Hoy es el primer día que vamos a celebrar esto, hoy hace un año que vivimos el momento más feliz de nuestras vidas, de la vida de los 3 y de las vidas de las dos familias que nos acompañan.

Ha pasado un año desde el día que retomé el blog, con esta maravillosa noticia que podéis leer aquí.

Un año desde que soy libre. LIBRE. Ya solo tengo unión con quién yo quiero, con quien yo elijo.
Siempre tendré que mirarme las espaldas, es algo que voy a llevar a cuestas de por vida, pero legalmente soy libre, y eso no se puede pagar ni con todo el oro del mundo.
Para vosotros quizá sea una tontería... No solemos valorar lo que tenemos hasta que nos lo arrebatan, por eso hoy en día yo valoro tanto la vida.





Todo no ha sido siempre como es hoy en día, muchas personas pensarán que sólo publicamos la parte idílica de nuestra vida, lo felices/enamorados/pletóricos que estamos... Pero es que es así, ahora es así... Nos ha costado muchas lágrimas llegar a ser lo que somos, llegar a estar como estamos. Hemos pasado todos mucho, quizá demasiado. Mi madre, mi familia, ha sufrido mucho todo este trámite. La familia de Néstor también. Diego, que parece que no se daba cuenta, pero claro que se daba... Percibía nuestra ansiedad y se la contagiábamos sin querer.. Pero sin duda la palma nos la hemos llevado mi marido y yo. No todo ha sido tan maravilloso como lo es ahora. Hemos llorado, hemos llorado muchísimo, y lo hemos hecho juntos, siempre.
Hemos vivido ataques de pánico. Estar en el juzgado con taquicardias esperando que toda persona que tenía que firmar lo hiciese... Las largas no, larguísimas esperas, y sin hablar del tema económico, que también nos ha costado mucho. No pedimos ayuda a nadie, todo lo hemos pasado y pagado nosotros dos, TODO, y creedme que no es poco.
Así que ahora me puedo permitir gritar lo feliz que estoy, que estamos. Lo merecemos después de 3 años de sufrimiento en el que la palabra felicidad perdió para nosotros todo su significado.
No sabéis la agonía que es intentar recordar qué es lo que se sentía estando feliz y no poder hacerlo. El dolor de cabeza, la mirada apagada, hasta el cuerpo pagaba ese sentimiento perdiendo peso sin control y quedándose escaso de carne. La forma de mirar, de hablar.
Ahora soy quién siempre he querido ser y tengo lo que siempre he querido tener, ¿por qué no iba a compartirlo con el mundo? Sólo tengo ganas de gritar lo bien que estoy, porque nunca se sabe cuando puede acabar algo.

Por eso vamos a seguir disfrutando de aniversarios con y sin sentido, vamos a seguir transmitiendo lo que somos, lo que hemos conseguido. Vamos a seguir contestando mensajes de mujeres y parejas que están pasando por lo mismo y no ven una salida. Vamos a seguir intentando ayudar, intentando hacer ver que se puede conseguir todo por lo que se lucha con uñas y dientes.
Vamos a seguir amándonos y gritándoselo al mundo. Nos lo merecemos.

Feliz primer año de González, Diego.
Feliz primer año de papá, mi amor.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Me abro, os cuento mis miedos más profundos.

Noviembre, 23 semanas y media de embarazo, ha llegado el frío, ha salido la barriga, el bebé no para de moverse, y veo la llegada de Minipunto cada vez más cerca.

Cuando estábamos en plena búsqueda de embarazo ya pensaba en los miedos que me iban a aflorar cuando lo consiguiera, pero cada vez se están haciendo más fuertes, a medida que crece el amor, crece el miedo con él.

Tengo una familia que para mí es perfecta, preciosa, única, irremplazable. Mi marido me ama tanto como yo le amo a él, y nuestro hijo nos ama cada día más.
Vivimos felices, Diego se bebe los vientos por su padre y por su familia paterna, los adora en proporción a lo que ellos lo adoran a él, es todo como siempre soñé... Pero ahora entra un nuevo jugador a nuestro equipo, un jugador que tendrá la sangre de todos, fifty fifty, será una mezcla preciosa de dos familias super unidas.

¿A qué temo? A que nunca he vivido algo así, y tampoco conozco a nadie que esté en mi lugar -por favor, si me lees y te identificas házmelo saber, necesito alguien que me entienda-. Diego para mí es lo primero en todo, es mi vida, mi amor, y temo que se sienta desplazado inconscientemente porque la sangre tire más.
Quien conoce a Diego sabe que es imposible no quererlo, IMPOSIBLE, tiene una bondad y un cariño que enamora, y no es porque sea su madre -que también- es porque todos los que lo han conocido lo dicen. Es un niño que te lo da todo a cambio de nada...
Quizá no me explique bien, pero estoy atemorizada porque su familia paterna tenga cierta preferencia por la maravilla que llevo dentro... Esto lo he hablado con todos y todos me tranquilizan diciéndome que es imposible querer más a alguien de lo que ya quieren a Diego, y la tranquilidad me dura unos días hasta que se me olvida la charla y los pensamientos más negativos vuelven a mi cabeza.

Yo siempre, desde pequeñita, he querido adoptar, y sé que en mi caso el amor nacido del corazón sería igual que el nacido de mi vientre... Pero no me puedo meter en la cabeza de la gente y saber lo que ellos sienten/piensan. Sé también que ellos son sinceros, que adoran a Diego, que darían lo que fuera por él, lo que fuera. Pero también sé que nunca han vivido lo que van a vivir ahora y que esto es tan nuevo para mí como para ellos. Seguramente, dentro de 3 meses y medio, cuando nazca Minipunto, lea esto y me ría de los miedos sinsentidos, pero ahora mismo, por las hormonas, porque tengo tiempo para pensar, porque estoy super negativa... Es lo que me preocupa.

Otra cosa que me inquieta es el momento del parto. Néstor hizo hace tiempo un curso de eso, y se devora mil vídeos de partos con toda la ilusión del mundo. Pero ver un expulsivo no es lo mismo que estar al pie del cañón todas las horas que dure la dilatación. Mi primer parto fue horrible, lo cuento aquí. No soy nada agresiva, NADA, pero en ese momento el dolor me dominaba y pegaba a la gente, insultaba, chillaba, hablaba mal... Néstor no me conoce así, creo que no podría imaginarme así... Pero yo si me he visto y parecía que me estuviesen matando.
Intento concienciarme de que son dos situaciones totalmente opuestas, ahora estoy rodeada de amor y calor, y hace 3 años solo pensaba en lo desgraciada que era por no tener lo que todas las compañeras que estaban dilatando conmigo tenían. Creo que yo solita hice que mi parto fuera traumático, no estaba en lo que estaba y no paraba de lamentarme por lo que me había tocado vivir en vez de disfrutar del momento que me cambiaría la vida.

El postparto también me aflige y no dejo de darle vueltas. Yo sí sé lo que es no dormir del tirón por tener que amamantar cada 2-4 horas. Pero Nés no lo sabe... Yo sí se lo que es llorar de desesperación por no poder calmar los cólicos de un bebe que no deja de llorar porque no se sabe expresar de otra manera. Él no. Yo si sé que las hormonas se vuelven unas cabronas y que todo te molesta en esos momentos, sé que me volvía insoportable y que hasta el aire que rozaba mi carita me ponía de mala leche. Él no.
Pero me tranquiliza que nadie nace enseñado, que el camino se hace andando, que yo sé que todo compensa, claro que compensa, compensa MUCHO. Sus primeras sonrisas hacen que todo se olvide, todo.

Está siendo un embarazo soñado, tener a tu mitad al lado compartiendo 100% esta experiencia es... inexplicable.
Estoy deseando ver al bebé, saber si será niño o niña, si se parecerá a papá o a mamá, si será peludo o pelón... Pero no quiero que acabe la gestación por dos motivos, todos los miedos que arriba explico y lo maravillosísima que está siendo esta etapa.







jueves, 22 de enero de 2015

Freedom: La historia de una adopción.



Los motivos de mi ausencia han sido varios. Ha sido casi un año sin escribir, y en este año han pasado muchas cosas, buenas, malas, regulares... Pero la más importante es la que encabeza esta entrada: Una adopción.
Esta entrada va dedicada a todas las madres solteras, en especial a Irene Guerrero y Laura Mariotte, mis grandes amigas que han pasado lo mismo que yo, pero multiplicado por dos.

Como todos sabéis, cuando nació Diego yo era un mar de dudas, pero lo que mas me calentaba la cabeza era el apellido. Ponerle o no ponerle el apellido del señor que me inseminó, he ahí la cuestión...
Después de mucho pensar decidí que sí, que mi hijo llevaría el apellido Aguilar, porque yo no era quién para separar a mi hijo de nadie, y menos de él.

Tres meses después, dicha persona ya no quería saber nada del bebé, con lo cual me informé de si el apellido se le podía quitar, y no... No había ninguna forma de quitarlo al ser yo madre soltera. Me tocó tragar y tragar que cada vez que mi hijo fuera al médico dijeran ese apellido, y a mi me daba mucha ansiedad escucharlo, sobretodo si me acompañaba mi madre o mi hermano... Que me decían con la mirada un maldito 'TE LO DIJE'



Estuve muchos meses mal, deseaba que no llegaran las revisiones solo por no tener que escuchar aquello, pero poco a poco me fui haciendo a la idea de que era lo que yo había elegido, y me resigné.

Octubre de 2013, aparece Néstor. Primer día que quedamos primer día que tiene contacto con Diego.
Amor a primera vista de ambos, se adoran, se le tira a los brazos y Néstor empieza a hacer las mismas cucamonas que a día de hoy le hacen reír al pequeño.

Pasan las semanas y éste ya lo baña, lo duerme y le da los biberones... Imaginaos mi cara al ver que lo dormía mejor que yo. Lo que más me enamoraba de Néstor era eso, verle crecer junto a Diego y ver a Diego crecer junto a él.

Una noche, estábamos tomándonos una cerveza y sin ton ni son me suelta que quiere ser su padre, que tiene que haber alguna forma de que él pueda ponerle su apellido. Yo le contesto que no sabe lo que dice, que un hijo es para toda la vida y que además a mí me habían dicho que no se podía quitar el apellido que llevaba.
El me dice que lo sabe, pero que lo siente suyo, que le ha enseñado a andar, a mediohablar, y que, además Diego ya le llama papá, con lo cual él quiere que ese vínculo sea legal.

Yo paso toda la noche dandole vueltas 'joder, es perfecto... Pero... ¿y si sale mal? ¿y si es un loco?'
preguntas y preguntas que rondaban mi cabeza, lo consulte mucho con la almohada, con mi madre, mi familia, mis amigas... Algunos me decían que era una locura, otros me decían que era mi hijo, que yo decidía y que en mi corazón encontraría las respuestas a mis preguntas.
Pues hice lo segundo, escuchar a mi corazón... Y mi corazón me dijo que adelante.

Me puse en contacto con mi abogada, diciéndole que ya sabía que no se podía quitar el apellido así porque sí, pero, ¿y si alguien lo adoptaba?
Me dijo que ella nunca había llevado nada por el estilo, pero que se iba a informar y me iba a intentar ayudar.
Me devolvió la llamada en unos días diciéndome que en efecto, solo podía cambiarse el apellido de un menor de edad mediante una adopción, pero que había varios peros... Teníamos que ser cónyuges el adoptante y yo, es decir, estar casados... Él Innombrable tenía que estar de acuerdo en renunciar frente a un juez y varias cosas más que hacían que viéramos nuestro sueño aun más lejano.
Ella, muy amable, se puso en contacto con el fecundador y éste le dijo que sí, que el estaba dispuesto a todo por renunciar mientras que no tuviera que pagar ni un duro. El tema quedó en el aire.

Néstor empezó a decirme que nos casáramos, que él me quería para toda la vida, que él nos quería para toda la vida.
Volvieron las dudas, casarme me iba a cambiar la vida, por Dios, ¡que tenía veinte años! Lo veía disparatado... Yo le decía que él no hablaba enserio, que lo de casarnos lo decía por decir, y me juraba y perjuraba que no, que quería casarse conmigo, y ahí se quedó la cosa.

El 20 de enero se acabaron los 16 meses de orden de alejamiento, con lo cual si yo ya estaba nerviosa los meses antes, con ese dato ya me ponía enferma. Ansiedad a cascoporro, qué mal se pasa...

El 14 de febrero, cenando en un restaurante Néstor me tiene preparada una sorpresa:

                                     

Mi sueño hecho realidad, montar en globo aerostático.
Pero... la cosa no acaba ahí. Saca una cajita y tras un discurso que hace que a la tercera palabra se me salten las lagrimas, me pide matrimonio.




Lloro, lloro y le digo que sí entre sollozos...
Desde la semana siguiente empezamos a preparar papeles, una boda rapidita que esto corre prisa.
Nos dicen que en dos semanas estamos casados, pero no... Pasan un mes, dos meses... Tenemos que llamar al ayuntamiento e ir detrás una y otra vez, y por fin, el 10 de Mayo de 2014, tras un precioso e inolvidable vuelo en globo, nos casamos.

Nuestro sueño cada vez mas cerca...

Empezamos a recopilar una serie de documentos que se nos exigen para la adopción, un contrato indefinido por aquí, unos certificados por allá... Más meses en busca de todo.
Tenemos la primera vista en el juzgado, mi abogada (que se tiene el cielo ganado) tuvo que ir hasta la misma puerta de la casa del Innombrable a recogerlo para llevarlo a firmar, porque decía que no podía pagar el bus. Nervios y más nervios, pero firmamos todos y queda visto para el juez.
En septiembre nos llaman de nuevo, tenemos que ir a firmar otra vez porque en el juzgado de Murcia se habían confundido de adopción y Pepito estaba adoptando a Romualdo, así que vuelta a empezar y todo de nuevo.
Esperas y más esperas, incertidumbres, nervios, el tiempo no pasaba y parecía que todo iba marcha atrás pero no, el 19 de septiembre se hace firme la adopción y hay que esperar 20 días para actualizar la partida de nacimiento y cambiar los apellidos. Más esperas, 20 días que se convierten en 4 meses...
Cansados de todo esto, el 19 de enero de 2015 nos presentamos en el registro civil, exigiendo explicaciones de toda esta demora. 
Nos dicen que no saben donde está la adopción, que vayamos al juzgado de familia. Vamos de nuevo y ahí nos dan la adopción que tenemos que volver a llevar al registro para que -cuando quieran- actualicen la partida de nacimiento.
Yo no me puedo creer tanta ineptitud, así que después de pelearnos con dos señoras, conseguimos que nos hagan caso.
Nos dicen que hasta el veintipico de enero no van a tener tiempo de hacerlo, con lo cual suplicamos que lo hicieran en el momento, que era un segundo y que para nosotros era muy muy muy importante.
Después de mucho llorarles lo conseguimos, y he aquí el resultado:



Recordaremos toda la vida el día 19 de enero, día en que Diego pasó de ser Aguilar a ser GONZÁLEZ, día en que tres personas que se amaban con toda su alma pasaron a ser, legalmente, una FAMILIA.

Esto podía haberme salido muy mal, podía haber metido la pata hasta el fondo, pero no... ¡Os puedo asegurar que somos la familia más feliz del mundo!


Como bien he dicho, le dedico ésta entrada a todas las madres solteras, para demostrarles que los cuentos de hadas sí existen, no porque nos digan que los monstruos existen, sino porque podemos vencerlos.


domingo, 23 de febrero de 2014

Y entonces apareció él, el buenpadre.

Después de dar a luz lo veía todo más negro si cabía. Vale, ya no tenía un panzón, pero tenía un complemento que para los hombres que me cruzaba era como un repelente.
Mi prioridad siempre ha sido, es y será Diego, y eso había gente que no lo entendía.

Conocí a un chico que casualmente se interesó en mí, pero claro... Yo quería decirle que era madre de un precioso bebé cara a cara, ya que así podía sopesar su reacción sin que hubiesen malentendidos por el mundo 2.0.

Llevábamos hablando semanas y semanas todos los días, y yo se lo dejaba caer muchas veces 'romperse un hueso no es nada con el dolor que he pasado yo físicamente hace no mucho', 'yo antes dormía 14 horas al día y ahora no me puedo permitir dormir tanto' y demás pullas que le dejaba caer sin aparente resultado.
Una noche, sin rodeos me mandó un mensaje diciéndome '¿tienes un hijo?' a lo que logicamente le contesté que sí, y que cómo lo había sabido. Me dijo que estaba cantao y entonces yo le pasé una foto de mi bebé, a lo que me respondió que era precioso pero que (OJOCUIDAO) con un hijo es casi imposible tener un relación.
¿Perdona? Entonces qué pasa, ¿que yo me tengo que quedar soltera toooooda la vida ya?
Le contesté que por qué, que me diera una razón de peso, a lo que el me contestó: porque tu prioridad no voy a ser yo, va a ser siempre él.
NO-ME-DI-GAS.

El chico después de enterarse de que era madre.

Rompí a llorar, decepcionada, dolida, frustrada. JODER, CLARO QUE DIEGO ES MI PRIORIDAD, Y LO VA A SER SIEMPRE.
Me preguntaba cómo podía haber alguien tan sumamente egoísta, y no puedo describir como me sentí, rompí a llorar. 
Le dije que no siguiera, que no quería leer más gilipolleces, y ahí se quedó la cosa.

La gente parecía que sabía la parte mala del cuento, pero no sabía lo maravilloso que es un abrazo de un bebé, una mirada que no tiene un ápice de maldad, una sonrisa con la que se te van hasta los dolores, el que te agradezca el amor que le das sin necesidad de decir una palabra... Mido las cosas malas y las cosas buenas y ganan las buenas por goleada.

Entonces apareció él, apareció Néstor.



Sin conocerme de nada me felicitó en mi cumpleaños y le dijo a una amiga en común que yo le gustaba (sabiendo desde el minuto 0 que Diego existía).
Mi amiga me lo dijo a mí y yo le dije que no estaba mal, pero que yo ya estaba con el escudo puesto porsiaca.
Dudando mucho, le di mi teléfono y empezamos a hablar (yo super reacia por la mala experiencia anterior) pero poco a poco se iba ganando mi confianza y mi interés.
Días después dejé a Diego con una amiga y me fui a cenar con Néstor. 
Desde el primer segundo hubo complicidad, sonrisas, miradas, risas, conversaciones... Que hablaban por sí solas.
Después de cenar le dije que si le apetecía que recogiéramos a Diego, a lo que el me dijo que por supuesto, que tarde o temprano lo iba a conocer y prefería que fuera antes.
Lo recogimos y a Diego le encantó desde el primer momento, se dejaba coger y jugar con él.

Y ahí estaba, LA ILUSIÓN.

Me despertaba todos los días con ilusión, pero también con miedo, miedo a que me pasara lo mismo, o peor, miedo a que pudiera pasarle algo a Diego por mi culpa.
Pero cedí y confié, con pasos largos pero firmes, y seguimos y seguimos...
Tiene detalles conmigo y con Diego que yo solo creía que pasaban en las películas, detalles día a día, hora a hora y minuto a minuto.
Cuando estamos juntos él me pide bañar al bebé, le da la comida, lo viste, lo duerme, lo cambia... Hace todo, y lo más importante es que lo hace porque le nace, porque le gusta y porque él quiere.







Hemos tenido momentos geniales y no tan geniales como todas las parejas, pero eso nos hace fuertes y nos consolida todos los días.
Juntos vamos a enseñarle a Diego el valor del amor, del respeto, de la felicidad. Vamos a jugar, vamos a educarlo, vamos a ser muy muy muy felices.

Hoy en día estamos comprometidos, y en menos de un mes nos casamos. Va a adoptarlo, y no seremos una familia perfecta, pero somos una familia FELÍZ.