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miércoles, 28 de diciembre de 2016

EXTEROGESTACIÓN O EXOGESTACIÓN, ¿QUÉ ES?

NUEVE MESES DENTRO, NUEVE MESES FUERA.

La gestación de un ser humano dura aproximadamente cuarenta semanas, considerándose un embarazo a término a las treinta y siete.
No obstante, cuando el embarazo concluye y el bebé nace, se necesitan otros nueve meses para que su desarrollo se complete.

Los primeros meses son muy duros. El pequeño, que hasta hace nada lo tenía todo dentro del útero, ahora necesita a alguien para comer, moverse, asearse... Y la única forma de hacernos saber que le falta algo es llorando.
Todos los que somos padres sabemos que puede llegar el punto en el que te duelan los brazos de cargar todo el día a tu hijo. Pero eso es lo que necesita, tanto como el comer.





La antropóloga Werida Trevathan afirma que debido a la bipedestación humana, el embarazo de nuestra especie se ha adelantado varias semanas con respecto a hace miles de años para que la cabeza del feto pueda salir con éxito por el canal de parto. La gestación humana debería de durar más, pero si la cabeza y cerebro del feto siguieran creciendo dentro del útero al ritmo que lo hace fuera, sería imposible que saliera por el canal vaginal, con lo cual, la gestación tiene que completarse fuera.

Nuestros bebés nacen con el 25% del cerebro desarrollado, que es muy poquito (los simios, por ejemplo, nacen con el 50% de desarrollo). En los siguientes meses de vida, éste establece millones de conexiones neuronales gracias a los estímulos externos (la voz de sus figuras de apego, los masajes, las risas, el contacto piel con piel...)
Seguro que todos habéis visto alguna vez una foto de un canguro con su cría en el marsupio (la bolsa que tienen delante). Esto es debido a que las crías de los marsupiales nacen en un estado de desarrollo muy incompleto, para el que es necesario el "porteo" y la cercanía de su madre.
A nosotros nos pasa igual. Necesitamos ese contacto.

Cuando finaliza la exterogestación, el desarrollo psicomotriz del niño adquiere una mayor capacidad, que es, en su mayoría (que no siempre), cuando empiezan a gatear, a desplazarse o a intentar ponerse de pie, alrededor de los nueve meses.

Para mí esta etapa tan sumamente agotadora es de las mejores. Cambian por días, crecen por segundos. Por eso no se deberían separar de sus padres (o en defecto de su madre) durante este tiempo. Es cuando se fortalece más el vínculo y sus cambios son casi diarios.

Éste mes mi hija cumplió sus nueve meses y, mirando las fotos, veo la magia que somos capaces de crear.
Cuando estoy extremadamente cansada y casi al límite intento repetirme a mí misma que los días son largos, pero los años son cortos. Y que tengo que exprimirlos, porque cada día que pasa son más mayores, más maduros y más independientes.

lunes, 4 de abril de 2016

Un mes. El amor no se divide... Se multiplica.

UN MES.

Delia cumple hoy un mes, y yo cumplo con ella un mes de bimadre, de aprender, de probar mis limitaciones, mis capacidades. De amar.
Un mes que me ha sorprendido en muchos, muchísimos sentidos.


Me ha sorprendido Diego, que no ha tenido ni un ápice de celos. Antes de que naciera su hermana, estábamos pegados cual lapa el uno al otro, no nos separábamos... Yo jugaba todo el día con él, hacíamos actividades, paseábamos, estábamos todo el día haciendo el mono... Ahora me paso todo el día pegada a Delia, ella es muy hambrona, y el 75% del día está enganchada al pecho, con lo que depende de mí 100%. Diego, lejos de ponerse celoso me ayuda... Me acerca el agua cuando la amamanto, me trae las gasitas, le limpia la leche que le cae por la comisura del labio, le da palmaditas para que eructe...
Se tira absolutamente todo el día pegado a ella, nunca le he visto dar tantas caricias y besos en tan poco tiempo. La gente le dice lo típico de '¿me puedo llevar a tu hermanita a mi casa?' y él dice que ni hablar, que la hermanita es suya.
Yo llevo un mes con las hormonas on fire, un mes en el que no dejo de culparme. Me culpo a diario por haberlo destronado, por haber hecho que crezca de golpe... Me culpo cuando lo veo jugando solo en el salón de casa, sin quejarse... Me culpo cuando veo que me faltan manos, que me falta tiempo, cuando él quiere ir al parque y solo puedo llevarlo 10 minutos, o cuando le digo un ''no'' con todo el dolor de mi corazón y esperando una rabieta, pero no, lejos de eso él me sonríe y me dice ''vale, mami''.
Me culpo porque sí, porque soy humana y he perdido los nervios. Diego lleva 4 noches que se despierta llorando (supongo que por pesadillas) y yo intento calmarlo, cuando veo que lleva una hora llorando desconsolado, Néstor se va con él a otra habitación, y yo me quedo llorando en la cama, porque me gustaría irme con él, pero la niña depende de mí. Él me llama a mí, y el no poder atenderle cuando me necesita me duele muchísimo.
Le he pedido perdón muchas veces, y él no sabe ni por qué.
Soy consciente de que le he hecho el mejor regalo que una madre le puede hacer a un hijo, un hermano. Soy también consciente de que cuando empiecen a interactuar toda esta culpa se calmará... Pero ahora no puedo evitar sentirme así.
Ayer estuve toda la tarde hasta las 23:45 sola con los dos. Eran las 21:30 y Diego y yo aún no habíamos cenado, él me decía que tenía hambre, pero yo le estaba dando el pecho a Delia... Imaginad cómo me sentí al no poder partirme en dos.


Néstor es el que más me ha sorprendido. Todos, toditos los miedos que yo tenía respecto a él y que cuento aquí eran totalmente absurdos. Parece que ha tenido 15 hijos recién nacidos... Desde el minuto 0, cuando Delia salió de mi cuerpo, él se volcó en ella, la cogía sin miedo alguno (y fijaos, yo que ya he vivido lo que es tener un bebé tan pequeñito, estaba acojonada temblaba las primeras veces al cogerla), le cambiaba todos los pañales, la calmaba... Puede estar la niña dos horas llorando que él no se pone nervioso, la duerme con una facilidad asombrosa, la viste y la desviste, la baña...
Respecto a mi cuarentena, me ha cuidado, me ha curado, ha limpiado, me ha hecho de comer, me ha mimado, y sobretodo, me ha dado cariño y seguridad.
En estos 31 días de bipadres... Me he re-enamorado de él... Hasta las trancas.


Mi madre. Estas dos últimas semanas, Nés ha tenido que trabajar 15h seguidas sábado y domingo. Ella ha estado aquí ayudándome y apoyándome. Ha sido mi desahogo, ha sido una ayuda muy muy importante.


La madrina de Delia... Me ha ayudado y apoyado, cuando Delia estaba removida ella tampoco perdía la calma, cuando a mí me ha entrado la inseguridad, ella ha estado ahí para hacerme ver que puedo con todo.


Mi suegra, mis amigas, mi abuela, mi familia... Ha sido un mes llenísimo de amor... Hemos visto lo arropados que estamos, y eso nos da fuerza, mucha.


También nos hemos decepcionado. Gente que pensábamos que iba a estar al 200% con nosotros no ha  llegado ni al 5%.
Y, en cambio, gente por la que no dábamos un duro, nos ha sorprendido gratamente.

En resumen, ha sido un mes inolvidable, mágico. Ha pasado tan rápido que aún me cuesta creer que ya seamos cuatro. Un mes en el que he descubierto lo que es amar de verdad y que la felicidad, aunque pienses que es plena, siempre puede ser más y más intensa


martes, 16 de febrero de 2016

El glamour del embarazo.

Cuando una mujer se queda embarazada le llueven los piropos. Dicen que la etapa en la que una mujer está más guapa es en el embarazo, el pelo no se cae, las uñas crecen rápidas y duras y la piel tiene un extraño brillo que no tiene cuando no estás preñati. DICEN.

Mis dos embarazos han sido TOTALMENTE OPUESTOS. En el de Diego vomité 5-6 veces, en el de Minipunto 5-6 veces también, pero al día. En éste estoy teniendo todos y cada uno de los síntomas habidos y por haber menos la ciática, en el de Diego no tuve absolutamente nada excepto ciática. En este tengo acidez todas las santas noches, en el de Diego no sabía ni lo que era.
Cada embarazo es un mundo, y yo el de Diego lo viví con una agilidad que al recordarla ahora me parece increíble. Ir a natación a diario, a todos los sitios andando... Ahora el simple hecho de estar 4 horas en clase me destroza entera.
Yo cuando di a luz a Die no hacía más que contar lo maravilloso que era estar embarazada, pero ahora cuento la parte opuesta. Hay embarazos y embarazos, y en mi caso este está siendo pesadísimo.

Estamos felices, gestamos una vida, nos ceden el asiento en transporte público y bancos (o eso deben de hacer) nos dejan dormir horas extras porque nuestro cuerpo lo necesita, comemos lo que queremos y nos seguimos viendo maravillosas, es más, cuanto más gordita sea la panza más ternura desprendemos, nos miman aunque estemos insoportables por el boom de hormonas que llevamos a cuestas, y tienen más paciencia con nosotras. Estamos consentidas y felices por ello.
Eso ve la gente.

Pero nadie se imagina lo preciosas que estamos cuando, durante el primer trimestre, nos levantamos a vomitar a diario, nos dan cefaleas fortísimas y nuestras encías sangran porque en el embarazo es muy común tener gingivitis. O cuando el exceso de hormonas nos juega la mala pasada de crear un grano justo entre las dos cejas, haciendo que parecemos un unicornio. Aún así seguimos estando bellísimas a ojos de la gente, aunque nosotras nos veamos como cracos.

En el segundo trimestre aparece la ciática, el bebé crece mucho y ya se nota la barriguita, pero en mi caso en el segundo trimestre parecía que mi gordura era porque me había comido un búfalo, y no porque estuviera en estado de buena esperanza.
Te crecen los pechos ¡oh qué bien! Pues no, duelen mucho, y tienes que ir corriendo a comprarte sujetadores porque los de antes de quedarte embarazada te dejan la marca y te oprimen.
También empiezan las contracciones de Braxton Hicks, que con Diego no tuve ni una, pero con éste hacia la semana 28 ya me molestaban (que no dolían).
Llega el temido momento en el que no puedes dormir boca abajo, y en mi caso empezó a subir el numero de veces en el que me tenía que levantar a hacer pis por la noche. Y qué carajo, por el día. Es super sexy decirle a tu marido 'nene, ¿cómo vamos a ir al cine si hago pipí cada 25 minutos? ¡No me voy a enterar de la peli!'
Supuestamente pierdes la libido, supuestamente. O por el contrario te vuelves como una perra en celo. Todo muy extremista.
En algunos casos empieza a salirte calostro del pecho. No mola nada cuando queda tanto tiempo para que pueda ser aprovechado.

El tercer trimestre es, al mismo tiempo, el más ansiado y odiado.
En mi caso vuelven los vómitos, pero esta vez no por náuseas, sino por la acidez. Nunca he sabido lo que es acidez hasta la semana 29 de mi segundo embarazo, entonces descubrí el amor por la Ranitidina que ahora se desvanece poco a poco, porque 6 semanas y media después me está dejando de hacer efecto.
Vamos al baño cada 10 minutos, ya no aguantamos tanto como hace 10 semanas... El útero presiona la vejiga y ésta tiene menos capacidad de aguante.
El bebé se encaja, yo con Diego no me di cuenta, con Minipunto estoy flipando con el dolor que tengo en toda la pelvis.
Salen hemorroides, qué graciosas ellas.
Y estrías. Yo no tengo ni una de momento, pero esto aún no ha acabado.
Tu centro de gravedad se va a tomar por saco, con lo cual tienes que andar como si te llevara el viento, balanceándote. Unos andares que quitan el sentido.
El útero está tan grande que comprime los pulmones, con lo cual al andar 20 minutos ya pareces un Pomeranian después de haber hecho una maratón. Lengua fuera y jadeando.
A mí me pasa hasta al hablar, cuando cuento algo muy largo me falta el aire.
Los ligamentos se resienten al sostener el peso del bebé. Duele.
Ponerte los calcetines y atarte los zapatos es todo un show, estamos super graciosas.
En esta etapa te duele hasta el alma.

Y aún así la gente sigue viéndote espléndida, aún así esto es lo mejor que te ha pasado en la vida, sonríes sin parar y te sonrojas cuando lees o escuchas lo bonita que es tu barriga, y aún así cuando des a luz y pasen los meses estarás echando en falta la barriga a diario. Se olvida.
MERECE LA PENA.








domingo, 10 de enero de 2016

Tú eres bueno, tú eres guapo, tú eres importante.


Hoy os voy a escribir de algo que a mi parecer resulta muy MUY importante: Potenciar el autoestima del niño.



Yo he tenido el autoestima por el suelo, y ha sido algo que ha condicionado de forma directa mi adolescencia, haciéndome una persona muy vulnerable y manejable, con la que la gente hacía lo que quería. Hoy en día no tengo el autoestima que me gustaría, pero ya no me dejo pisar, no lo permito. Me ha costado años cambiar esto, por eso quiero que mis hijos crezcan sabiendo lo que valen.

Yo le potencio mucho las cosas que tiene Diego especiales, físicamente hablando.
Él tiene Glositis Migratoria Benigna (lengua geográfica, coloquialmente hablando. Es que la lengua muda la piel, poniendo formas o 'dibujos' blancos en su superficie, a Diego le suelen cambiar cada 3-4 días) eso es algo que cuando se lo diagnosticaron me dijeron que era para siempre, que no iba a tener ningún problema de salud, que es una afección estética, pero que los niños son crueles, y si ven que él tiene algo que ellos no, pueden tomarlo como una vía para meterse con él. Así que cada vez que le cambia le pido que me la enseñe, le digo que me encanta, que ojalá yo la tuviera porque son unos dibujos super originales (realmente es flipante) y él va super contento enseñándonos la lengua.

La lengua de Diego.
También tiene el pelo super ultra rizado, a él le gusta, y nosotros no hacemos más que decirle 'nos encantan tus rizos, ojalá lo tuviéramos nosotros tan chulo' (y es verdad, yo tengo el pelo liso y siempre he querido tener un rizo tan bonito como el suyo).
Le solemos preguntar si quiere cortárselo, y nos dice que no. 



Quitando la parte física, hacemos que sepa que él puede hacer lo que se proponga. Últimamente le cuesta colgar su abrigo en la percha, y cuando se le cae dos veces me viene entristecido/frustrado diciéndome que él no puede colgarlo, a lo que yo le contesto 'claro que puedes, puedes hacer todo lo que te propongas, si quieres mamá te ayuda' y le enseño a hacerlo. O en su defecto, cuando lo cuelga bien a la primera le aplaudo y le digo '¡olé, eres un máquina, lo has hecho tú solito!'.

Cuando trajo los trabajos que había hecho en clase en el primer trimestre (todo dibujos) le dije 'vaya, qué pasada, cada vez coloreas y dibujas mejor' 'Es increíble, qué colores más bonitos has utilizado' 'me gusta lo que te has esforzado, me encanta cómo has trabajado'

Diego nos ayuda con las tareas de casa, pone la mesa para cenar y siempre recoge su plato, así que le digo 'gracias por colaborar, eres muy curioso'. O cuando hago yo mis cosas, como tender, lavar, planchar, cocinar... Le pregunto si me quiere ayudar, si me dice que sí, al terminar le digo 'gracias por ayudarme, sin ti hubiera tardado el doble' (que a lo mejor hubiese tardado la mitad)
'¿te gusta como nos ha quedado la tarta? Está muy bonita' 'he disfrutado mucho haciendo estas galletas contigo'




Cuando por el contrario se equivoca en algo, no quiere recoger, no quiere secarse el pelo, o tiene una pataleta, le explicamos por qué hay que hacer esas cosas, y cuando lo entiende 'gracias por entenderlo, eres muy comprensivo'.

Todos los días le habla al bebé, le acaricia, le dice que salga ya de la barriguita de mamá, que está deseando jugar con él y cuidarlo... A lo que yo le contesto 'Eres muy bueno, vas a ser un gran hermano mayor, el mejor del mundo'

Cuando elige su ropa o el juguete que se quiere llevar a la calle 'te respeto, respeto tu decisión' '¿Te hace feliz? Adelante'.

Y ya la parte más importante: Que sepa lo querido que es.  'me encanta estar contigo' 'te quiero más que a nada' 'para mí eres lo más importante' 'no hay dos como tú' 'eres único' 'me lo he pasado muy muy bien jugando contigo en el parque' 'disfruto cuando vemos una película juntos'... 

Es increíble la reacción positiva que tiene cada vez que le digo cualquiera de estas frases que a mí no me cuestan nada. Sonríe, se crece, se come el mundo. Algo tan simple como mostrarle lo que es, cómo es, reforzarle positivamente... Está haciendo que sea un niño que sabe que puede con todo, un niño fuerte, un niño al que no le importa lo que la gente diga de él, tiene orgullosas a las personas que más quiere, ¿para qué más?

jueves, 31 de diciembre de 2015

Say goodbye, 2015

Los últimos 5 años han sido años de muchos cambios. Desde que me independicé con 17 años mi vida ha sido una montaña rusa, con más bajadas que subidas, pero eso sí, las subidas me han llevado hasta el cielo.

Éste año que dejamos atrás, el 2015, empezó de la mejor manera que podía empezar un año para esta familia: La adopción de Diego. 2014 fue un año lleno de trámites y burocracias que parecían no acabar nunca, pero que lo hicieron el 19 de enero de 2015, día en que Diego pasaba a ser legalmente hijo de Néstor.

En febrero cambié por completo. El que éramos un grupo de amigas que llevábamos un año compartiéndolo todo se rompió en dos. Eso desencadenó muchas peleas que a mí me hicieron dar un giro a mi manera de pensar, perder a gente que para mí era muy importante me dolió muchísimo, pero también, gracias a eso me uní mas a las que ahora son mis mejores amigas, el grupo friki cotilla. Sinceramente no sé qué haría sin ellas 9, perder a una sola sería perder parte de mí.
Conocí a Irene (@ireneigh), que vino con Lola a pasar unos días desde Ponferrada a casa, me perdí el concierto de Joaquín Sabina al que tenía tantísimas ganas de ir, y por estar en el hospi tuvimos que revender las entradas, ¡qué dolor más grande!

Todo esto a la par a la que me decían que me iba a costar ayuda quedarme embarazada, después el ingreso y después el cuadro de depre tan duro del que me costó tanta ayuda salir.

Y salí, y en Mayo nos fuimos a Valencia, conocí a Xusi, (@xu83) ví por primera vez en concierto a Vetusta Morla, disfruté como una niña de 10 años... Al día siguiente, ya que estabamos de ruta, jugando a ser novios sin Diego, subimos hasta Vinaròs y vimos a Cynthia (@ccynthiaro), a la que día a día echo muchísimo de menos pero que pronto, muy pronto, volveremos a ver.
Y me quedé embarazada, y a Néstor lo cogían en un trabajo que le vuelve loco, y empezaron a ser todo buenas noticias, todo empezó a ir rodado.

En verano tuvimos la visita de Andrea (@andreea_mf) y de Isa (@love.ainara) y su familia. Vinieron a casa varios días y yo no podía ser más felíz, desvirtualizar gente a la que quiero tantísimo es de las mejores cosas que me podían pasar ese verano.
También me uní más si podía a la que será la madrina de Littlepoint (@laurayadriian), creo que en este año hemos estado más veces juntas que en los 7 u 8 que nos conocemos.

Mientras las semanas seguían pasando, la panza me seguía creciendo y yo no cabía en mí de felicidad.

En Septiembre Diego entra al cole, su primer año... Muchos cambios que él se toma mejor que bien. Lo único malo que le pongo a esta etapa es el mediobulling que sufrió por los niños de 5 años, que nos lo hicieron pasar bastante mal y que ya os contaré, y también que ahora me mezcla el inglés, el valenciano y el castellano hablándome, así que he tenido que volver a aprender a entenderlo, pero me río muchísimo con sus mezclotes.

Octubre como siempre el mes más mágico, se juntan aniversario y cumpleaños y llueven buenos deseos por todos lados. También conocí a Elvira (@diariodeunamadreenpracticas) y volví a ver a Andrea, fue un mes increíble.
Retomé viejas amistades, volví a tener el feeling del principio con gente con la que me había distanciado, como por ejemplo mi amiga Raquel o el grupo de amigas de Murcia.

También conocí a dos grupos de mujeres maravillosas, de los que estoy orgullosa de compartir nuestro día a día, en esos grupos se me ha enseñado la bondad desinteresada de las personas, el apoyo incondicional, la magia de los valores... Ayudar porque sí, porque te nace, porque quieres, porque no esperas nada a cambio... Eso es precioso.

Y llega Diciembre y ya empiezo a mentalizarme de que esto se acaba, dejamos atrás un año y damos la bienvenida a otro, en el que voy a conocer al tercer amor de mi vida. Estoy deseando decirle adiós dentro de unas horas, en Enero tengo mil visitas al médico y pruebas y seguro que se me va a pasar volado, y ya llega Febrero... ¿Será el mes? Según nuestros cálculos sí, pero después si sale vaguete o vagueta lo mismo se queda dentro hasta Marzo. Sea como sea queda poquísimo, y yo no hago más que soñar con Minipunto.

Gracias a todos los que os habéis quedado con nosotros este año, y gracias también a los que os habéis ido. A los que os hemos echado nosotros de nuestra vida adiós, espero no volver a veros nunca, si os hemos dicho nosotros adiós es porque nos habéis hecho muchísimo daño.
Gracias a Dios, al Karma, al universo o a las estrellas, gracias por haberme hecho aprender tantísimo, por haberme hecho madurar más aún, por haberme llenado de paciencia para aguantar muchas cosas, ya no soy ni la mitad de la mitad de impulsiva que era en 2014.
Gracias a mi familia, porque no hay nada más bonito que estar unidos, y cuando nos juntamos todos, no hay nada que pueda con nosotros.
Gracias a todos los que no habéis votado a Rajoy, para mí también habéis sido muy importantes, ojalá podamos cambiar la situación del país y crear un mundo mejor en el que puedan vivir decentemente nuestros hijos.

Os deseo un 2016 increíble, lleno de muchísimas cosas buenas y muy poquitas malas, porque haberlas tiene que haberlas. Que améis y seáis amados, que lloréis de risa mil veces, que hagáis mucho el amor, que no os calléis ante las injusticias, que luchéis por vuestros sueños, por vuestras metas. Os deseo lo mejor de lo mejor, a todos los que perdéis 5 minutos en leerme y a los que no.

¡Feliz año nuevo!



miércoles, 11 de noviembre de 2015

Me abro, os cuento mis miedos más profundos.

Noviembre, 23 semanas y media de embarazo, ha llegado el frío, ha salido la barriga, el bebé no para de moverse, y veo la llegada de Minipunto cada vez más cerca.

Cuando estábamos en plena búsqueda de embarazo ya pensaba en los miedos que me iban a aflorar cuando lo consiguiera, pero cada vez se están haciendo más fuertes, a medida que crece el amor, crece el miedo con él.

Tengo una familia que para mí es perfecta, preciosa, única, irremplazable. Mi marido me ama tanto como yo le amo a él, y nuestro hijo nos ama cada día más.
Vivimos felices, Diego se bebe los vientos por su padre y por su familia paterna, los adora en proporción a lo que ellos lo adoran a él, es todo como siempre soñé... Pero ahora entra un nuevo jugador a nuestro equipo, un jugador que tendrá la sangre de todos, fifty fifty, será una mezcla preciosa de dos familias super unidas.

¿A qué temo? A que nunca he vivido algo así, y tampoco conozco a nadie que esté en mi lugar -por favor, si me lees y te identificas házmelo saber, necesito alguien que me entienda-. Diego para mí es lo primero en todo, es mi vida, mi amor, y temo que se sienta desplazado inconscientemente porque la sangre tire más.
Quien conoce a Diego sabe que es imposible no quererlo, IMPOSIBLE, tiene una bondad y un cariño que enamora, y no es porque sea su madre -que también- es porque todos los que lo han conocido lo dicen. Es un niño que te lo da todo a cambio de nada...
Quizá no me explique bien, pero estoy atemorizada porque su familia paterna tenga cierta preferencia por la maravilla que llevo dentro... Esto lo he hablado con todos y todos me tranquilizan diciéndome que es imposible querer más a alguien de lo que ya quieren a Diego, y la tranquilidad me dura unos días hasta que se me olvida la charla y los pensamientos más negativos vuelven a mi cabeza.

Yo siempre, desde pequeñita, he querido adoptar, y sé que en mi caso el amor nacido del corazón sería igual que el nacido de mi vientre... Pero no me puedo meter en la cabeza de la gente y saber lo que ellos sienten/piensan. Sé también que ellos son sinceros, que adoran a Diego, que darían lo que fuera por él, lo que fuera. Pero también sé que nunca han vivido lo que van a vivir ahora y que esto es tan nuevo para mí como para ellos. Seguramente, dentro de 3 meses y medio, cuando nazca Minipunto, lea esto y me ría de los miedos sinsentidos, pero ahora mismo, por las hormonas, porque tengo tiempo para pensar, porque estoy super negativa... Es lo que me preocupa.

Otra cosa que me inquieta es el momento del parto. Néstor hizo hace tiempo un curso de eso, y se devora mil vídeos de partos con toda la ilusión del mundo. Pero ver un expulsivo no es lo mismo que estar al pie del cañón todas las horas que dure la dilatación. Mi primer parto fue horrible, lo cuento aquí. No soy nada agresiva, NADA, pero en ese momento el dolor me dominaba y pegaba a la gente, insultaba, chillaba, hablaba mal... Néstor no me conoce así, creo que no podría imaginarme así... Pero yo si me he visto y parecía que me estuviesen matando.
Intento concienciarme de que son dos situaciones totalmente opuestas, ahora estoy rodeada de amor y calor, y hace 3 años solo pensaba en lo desgraciada que era por no tener lo que todas las compañeras que estaban dilatando conmigo tenían. Creo que yo solita hice que mi parto fuera traumático, no estaba en lo que estaba y no paraba de lamentarme por lo que me había tocado vivir en vez de disfrutar del momento que me cambiaría la vida.

El postparto también me aflige y no dejo de darle vueltas. Yo sí sé lo que es no dormir del tirón por tener que amamantar cada 2-4 horas. Pero Nés no lo sabe... Yo sí se lo que es llorar de desesperación por no poder calmar los cólicos de un bebe que no deja de llorar porque no se sabe expresar de otra manera. Él no. Yo si sé que las hormonas se vuelven unas cabronas y que todo te molesta en esos momentos, sé que me volvía insoportable y que hasta el aire que rozaba mi carita me ponía de mala leche. Él no.
Pero me tranquiliza que nadie nace enseñado, que el camino se hace andando, que yo sé que todo compensa, claro que compensa, compensa MUCHO. Sus primeras sonrisas hacen que todo se olvide, todo.

Está siendo un embarazo soñado, tener a tu mitad al lado compartiendo 100% esta experiencia es... inexplicable.
Estoy deseando ver al bebé, saber si será niño o niña, si se parecerá a papá o a mamá, si será peludo o pelón... Pero no quiero que acabe la gestación por dos motivos, todos los miedos que arriba explico y lo maravillosísima que está siendo esta etapa.







miércoles, 26 de agosto de 2015

12 SEMANAS DE AMOR

El lunes, Minipunto cumplió 12 semanas. 12 semanas en las que las hormonas han dado mucha guerra. 12 semanas en las que mi peso disminuía al mismo tiempo que mi amor crecía hasta desbordarme el alma.
12 semanas eternas, llenas de idas y venidas al WC, en las que no he tolerado apenas ni el agua.
Llenas de dolores de cabeza inmensos, de preocupaciones, de miedos, de dudas de primeriza (porque sigo siendo primeriza) de magnificar las cosas más simples...
Se me han pasado rápidas, a la misma vez que lentas... Las que habéis pasado un embarazo o lo estéis pasando me entenderéis.




Es un embarazo muy deseado, muy buscado y muy querido, de ahí vienen los miedos.
En abril, tras casi 6 meses de búsqueda me ingresaron 5 días por una hidrosalpinx en la trompa izquierda, la cual hasta se me desplazó de su sitio. Fueron 5 días horribles en los que no hice más que llorar, no podía ser fuerte cuando me tenían metida en mi mayor fobia, un hospital.
Me vieron un montón de ginecólogos, y al curarme me dijeron que si me quedaba embarazada, tenía muchas más posibilidades de un embarazo ectópico... Que al mínimo dolor me fuera a urgencias, que tendrían que hacerme una eco antes de las 12 semanas para ver si el embrión se alojaba en el útero, en la trompa o fuera, y si era en el último lugar tendrían que provocarme la pérdida de éste.

Pasaron las semanas y justo un ciclo antes de inducirme la ovulación con Omifin... voilà! Test de embarazo positivo.
Mi primera reacción fue euforia, lógicamente me puse a llorar de emoción, llamé a mi madre, se lo dije a mis mejores amigas... No cabía en mí, no me lo podía creer!!
Cuando fueron pasando las horas me empezaron a venir a la cabeza las palabras de los ginécologos... Ectópico, ectópico, ectópico... Y mi preocupación iba en aumento. Me había enterado hace horas que ese embrioncito estaba dentro de mi vientre y ya hubiera dado todo por él, ¡lo amaba tanto ya!
Así que en esa misma semana fui a la matrona, la que me mandó una eco urgente para la semana 7 (estaba de 5).

Días después empezó a darme un dolor muy leve en la parte baja derecha de la barriga. Intentaba no tomarlo en cuenta, aunque no podía evitar pensar lo peor. Como duró unas horas, Néstor me llevó al hospital para quedarnos tranquilos, él estaba igual de preocupado que yo.
Llegamos y no había nadie, así que me ven al minuto.
Y ahí estaba, en su sitio, en su nido, en el útero...
Sólo se veía el saco, pero es normal estando de tan poquito tiempo. Yo lloré, de emoción, de tranquilidad, de felicidad...
Me dijeron que el dolor podía ser muscular, que estaba todo bien por ahí dentro, y yo más feliz que unas castañuelas.

A la semana tuve la eco de las 7 semanas y todo OK, pero me restaron 9 días, me la repitieron dos semanas después y me sumaron 4, un jaleo, pero ya eso era lo de menos, el Littlepoint estaba bien, latía con fuerza, y todo volvía a ser maravilloso.

Con 10 semanas y pocos días los vómitos cesaron gracias al Primperán, aunque las náuseas siguen aún, pero es un alivio. También empezó a salirme calostro del pecho (¡qué pronto!).

La reacción de Diego con todos estos cambios no podía ser mejor. Me intenta meter cosas por el ombligo para 'el bebé', dice que quiere una nena, pero yo sé que si fuera nene estaría felicísimo también. No para de darme besos en la barriga, de decirle que le quiere, de contarle cosas. Cuando me veía vomitando estaba a mi lado con una toallita en mano limpiándome. Le gusta estar acostado en la barriguita, y adora a su hermanitx muchísimo. Yo lo veo así y me enamoro más de él, de la vida, del amor...

En resumen esas son mis 12 semanas, nuestras 12 semanas. FELICIDAD, éste bebé ha traído más felicidad aún de la que teníamos, que no era poca.

jueves, 23 de julio de 2015

Deseos.

Deseos, qué bonita palabra, ¿no? Deseosos esperábamos ese positivo, deseosos vivimos el segundo embarazo.




Tantas diferencias con el primero... Todo es totalmente opuesto... Yo no sabía qué era que te besaran la barriga con amor y dulzura, qué te cogieran el pelo mientras lo pasas mal en el baño echando hasta la bilis... Que te cuiden, que si te dicen que las galletitas saladas y la leche condensada palian las nauseas, él salga a comprarlas a un 24h... Yo no sabía nada de esto, estoy aprendiendo tanto como con el primero, vuelvo a ser primeriza.
Hasta las cosas más agotadoras y desgastadoras de los tres primeros meses las estamos disfrutando. Todo, todito, todo.

Muchos preguntais qué como queremos el embarazo y el parto, y aquí os lo voy a decir.

¿Quereis niño o niña? Pregunta que nos han hecho mil millones de veces y en la que siempre Néstor es el que contesta rápido ¡NIÑA! y yo lo miro de reojo y siempre siempre contesto lo mismo 'me da igual' Y os explico el por qué... A mi de entrada me gustan más los niños, pero claro, me gustaría saber también qué se siente al tener una niña... Con lo cual, salga lo que salga tiene mil cosas positivas que aportarme, así que es lo de menos. Y como es lo de menos... No queremos saber el sexo del bebé hasta el parto. Ese es el deseo más claro que tenemos, queremos llevarnos una sorpresa, porque como nos da exactamente igual... Tiene que ser maravilloso que te digan como en las películas.. ¡ES UN(A) NIÑX!

Después está la prueba del triple screening... En la que se detectan anomalías cromosómicas mediante  un análisis de sangre... No me la quiero hacer. Sea lo que sea que ponga en ese papel lo vamos a querer igual, así que en mi opinión veo que te condiciona el embarazo, te hace angustiarte antes de tiempo. En cambio el Buenpadre si quiere que me la haga, no por nada, sino para estar preparados para posibles gastos, los dos estamos de acuerdo en que ese papel no va a hacernos cambiar el amor por nuestro hijo, así que seguramente no me la haga.

Momento parto, me encantaría dar a luz en mi casa, pero no está la economía para eso... Por desgracia no entra en la Seguridad Social y es demasiado dinero. Así que voy a dar a luz en Murcia, porque el hospital de Elda es como un matadero, he estado mil veces en ginecología y siempre he visto que dejan a las mujeres solas en medio de los pasillos, gritando ayuda. Me asusta que me traten tan mal como en el parto de Diego. Me niego. No, no y no. Con la primera contracción cogemos maletita y para mi tierra, que está a 50 minutos y sí que llego de sobra.

Queremos pinzamiento tardío de cordón, cuando éste deje de latir, que el bebé no llegue al mundo con prisas por respirar, que sea él quien lo haga cuando la placenta no de más de sí. En este artículo lo explica genial todo.

No quiero medicamentos que mi cuerpo no necesite, no quiero que me rompan la bolsa, no quiero que me metan de todo por vena solo para acelerar el parto, NO.
Quiero parir a mi ritmo, con mis tiempos, disfrutar del proceso. No quiero Kristeller, ni que me chillen, ni que me amenacen con cesárea. Yo sé que puedo parir, ya lo he hecho, y sé que si confían en mí lo puedo hacer de una manera preciosa.
No quiero epidural, con Diego parí sin epidural, así que con éste también puedo, (que lo mismo luego la pido a grito pelao', cada parto es un mundo)
Si tengo ganas de andar, quiero andar, si quiero estar sentada, quiero sentarme. No quiero que me obliguen a estar en la misma postura, quiero estar como yo esté más cómoda.

Quiero piel con piel nada más tenerlx, quiero lactancia prolongada, quiero cuna de colecho.

Esos, a priori, con nuestros deseos, estamos deseando vivirlo todo, pero queremos disfrutar de cada cosa a su tiempo. Estamos muy felices de la vida que estamos creando, es increíble el amor que se puede sentir a una cosa tan diminuta.






martes, 17 de febrero de 2015

Doulas: Esos maravillosos monstruos.

Escribo este post a raíz de la polémica que se ha creado estos días con las Doulas. ¿Sabéis que son, a qué se dedican o cuál es su papel en la maternidad? Yo os lo explico a continuación.



Según Wikipedia, una Doula es una asistente sin titulación oficial que proporciona un apoyo físico y emocional a las mujeres durante el embarazo, el parto y el postparto.
Y tienen razón, no tiene un titulo que esté reglamentado, ni por sanidad ni por nada. Pero... ¿Eso es relevante en el aspecto de la maternidad?
Estudios científicos demuestran que un parto en presencia de una doula tiene muchas menos posibilidades de acabar de cesárea o instrumentado.

Antiguamente las doulas eran esclavas que ayudaban a sus amas a parir. Hoy son mujeres que ayudan a otras mujeres a parir, como y dónde quieran. No tienen una carrera, no existe esa carrera, la mas parecida es la especialidad de matrona en enfermería... Pero estudian, señores y señoras... Estudian mucho para llegar a ser doulas. Estudian lo relacionado con la ginecología femenina y el aparato reproductor femenino, estudian las controversias que se pueden dar en un parto, las complicaciones... Pero en muchos países no se escandalizan por esta practica, en esos países hay un indice de cesáreas muy muy por debajo del de España. Aquí más del 20% de partos son por cesárea, cuando en algunos sitios no llega ni al 8%. Es muy triste.
Estas mujeres te preparan durante el embarazo y te hacen ver que tú si puedes parir de forma natural. Ellas te informan, te empapan de conocimientos, y te dan seguridad, mucha seguridad. ¿Qué hay de malo en dar seguridad a una mujer que es un revoltijo de hormonas, bañándola de saber? Pues para matronas y ginécologos mucho, porque dicen que hay intrusión laboral. 
Y yo os digo... Ojalá en mi parto hubiera habido una maravillosa doula y no las matronas que me atendieron, que me agredieron, que me dejaron la barriga con contusiones, que me presionaban para parir, que se reían, que me humillaban... Ojalá.

También se critica su precio. Se dice que ronda los 1200€ e incluye todo el proceso del embarazo, parto y postparto, y ayuda con la lactancia, pero... ¿Es real? No. El precio suele ser libre, como en todo habrá alguna que cobre eso, pero no, por norma general cobran bastante menos, por desgracia. 

Y por último debato el tema 'canibalismo'. 
Y os preguntaréis ¿ha dicho canibalismo? ¿CANIBALISMO? Sí. Las atacan diciendo que son una secta caníbal. ¿Por qué?  Porque antiguamente ofrecían a las madres la ingesta de su propia placenta. 
Estaréis flipándolo, igual que flipé yo la primera vez que lo leí, pero os comento... Al igual que el ser humano es el único mamífero que bebe leche de otro mamíferos y no la suya propia (para algo tenemos mamas, para MAMAR) también es el único que no ingiere placenta después de dar a luz.
Yo no he comido placenta, me da un poco de asco el solo pensar en alguien ingiriéndola y no tengo pensado comerla nunca en ninguno de mis próximos partos, pero he leído muchísimo y me he informado mucho de todo lo relacionado con este tema. 
La práctica se denomina placentofagia, y los animales no se comen la placenta porque este buena o sepa a dulce de leche... Se la comen por los supuestos beneficios que tiene. Tiene prostaglandina, que favorece los entuertos, la disminución del útero a su forma original mucho más rápida y menos dolorosa. Contiene altos niveles de hierro y vitaminas... Es cicatrizante... También contiene oxitocina, que favorece la subida de la leche y una producción mayor de esta. Y recientes estudios demuestran que disminuye el dolor de todo el proceso vivido. También ayuda a superar o a que no te de la depresión postparto.
Las mujeres que deciden tomársela, en la mayoría de los casos lo hace en batido. Frutas dulces y un trocito muy pequeño de placenta. Su sabor no se nota, es como tomarse un zumo.
Yo, sinceramente pienso que es algo que si tú cuerpo ha expulsado es porque ya ha hecho toda su función. También pienso que los mamíferos se toman la placenta para no dejar rastro por los depredadores... Pero no soy científica ni médico, es solo mi opinión.
¿Qué tiene que ver esto con las doulas? Pues que ellas te ayudan a hacerte el batido o lo que tú quieras, pueden hasta encapsulártela si se lo pides... Por eso se les dice secta canibalista, por darte una opción a hacer algo con la placenta antes de tirarla. Ellas te informan y si tú quieres lo haces y si tú no quieres no, es como en todo.

Para mí, una doula es una mujer que más que ayudarte a parir, te instruye para que tu lo hagas. No interfiere en el parto si no es necesario, confía en ti, y hace que tú misma confíes en ti. Hacen una labor enorme, y ojalá que algún día se las reconozca y se haga oficial un título de doula.

Dicho esto, acabo el post dando las gracias a su trabajo, y espero que sirva de ayuda a las personas que se quieren informar, que tienen dudas, que critican sin saber... Y sobretodo a las doulas, gracias por hacer del principio de la maternidad una experiencia plena, digna de recordar y gozosa.

jueves, 29 de mayo de 2014

El parto, mi parto. El comienzo de mi verdadera vida.

Cuando te quedas embarazada de tu primer hijo llueven las dudas, los miedos, las preocupaciones... Las primeras semanas son mortales con tanto revoltijo de hormonas, con tantos cambios en tu día a día, con tantos pensamientos... Y más si no es un bebé buscado (que no deseado, que no es lo mismo).
Yo asistía a todas las clases de preparación al parto, en todas estaba super puntual en la puerta del ambulatorio. Recuerdo que eran los viernes, a las 9:30, y que yo era la mas jóven de todas las futuras mamás, de las pocas que iban solas, y la única que no había tenido acompañante en ninguna clase. Recuerdo también que ninguna se me acercaba, no se por qué, supongo que por mi edad o por vergüenza (ya veis, qué tontería...) y que ninguna me hablaba.
Pero yo iba con una ilusión todas las semanas increible. Me encantaba aprender todo lo que podía enseñarme mi matrona sobre lo que iba a ser mi futuro parto, me encantaba escuchar anécdotas y aprender de ellas, pero al final lo que condicionaría el nacimiento de Diego iba a ser yo, mi actitud y mis ganas de tenerlo.

Siempre soñé con un parto natural, en casa, con la gente que yo quisiera sin limite de meter una persona solo al paritorio, sin la frialdad de esa sala, de ese hospital y de todos esos instrumentos que daban mucho miedo... Pero sabía que con Diego no podía hacerlo... Mi situación no era la más apropiada y yo hasta el mismo día de dar a luz estuve con muchas dudas de meter al Innombrable en mi parto.

Un mes antes yo tenía medio claro que le iba a poner su apellido, y empecé a comentarselo a mi familia, que no estuvo de acuerdo con mi decisión, pero que al fin y al cabo tenían que respetar.

El 14 de Diciembre por la noche, con 39 semanas recién cumplidas mi madre empezó a bromear diciéndome que por favor mi pusiera de parto ese finde (era viernes) que así ella no tenía que faltar al trabajo y podía llevarme al hospital, yo le dije que ojalá pero que no le veía intención a Diegorri de nacer, y ella leyó que la tónica lleva oxitocina, que puede provocarte las contracciones, me dijo que en la nevera tenía 6, que nos tomaramos una y que a ver que pasaba. Yo fui super confiada y estaban caducadas, a lo que me dispuse a abrirlas para vaciarlas y tirarlas (no sin antes olerlas, a ver si me subía un poco de oxitocina).



Me acosté y me dormí. A las 2 de la mañana del sábado 15 de Diciembre me desperté con una ligerísima molestia en la barriga, yo pensaba que de oler las tónicas mi mente se estaba sugestionando y que no serían mas que paranoias mías.
Me levanté y fui a hacer pipí ¡sorpresa! tenía un poquitín de flujo ensangrentado al limpiarme a lo que yo muy tranquila me fui a la habitación de mi madre y la desperté. Me dijo que nos fueramos al hospital ya y yo le dije que no, que a mi no me dolía nada y que no se preocupara, que siguiera durmiendo.
Yo me acosté, pero claro... Ya sabes que en cuestión de horas te va a cambiar la vida para siempre y no podía dormir. La molestia se convertía en dolor muy leve y soportable, pero yo apenas pensaba en eso, solo en que iba a ser madre de un pequeño Diego, y que mi abuelo, que estaba muy malito lo iba a poder conocer.
Sobre las 6 me volví a levantar, y seguí echando el tapón mucoso. Me sorprendía la tranquilidad que tenía y lo poco que me preocupaban los dolores.
Volví a la cama y a las 10 ya me fui al baño y ya empecé a sangrar un poco más, las contracciones eran mucho mas seguidas y ya tenía que despertar a mi madre. Sabía que Diego estaba cerca ya.

Me dijo que desayunara corriendo y que nos fueramos, a lo que yo le dije con toda la calma del mundo que iba a prepararme. Me metí al baño y me duché, depilé, lavé el pelo, me lo alisé... Iba hecha un pincel.





Nos subimos al coche e ibamos contando las contracciones, cada 3 minutos, cada 2... Esto iba ya deprisita, pero a mi seguía sin dolerme apenas.




Llegamos y me exploraron "quítate todo y ponte el camisón, estas de 4 cm y te quedas"
¡¡¡Madre mía cómo rompí a llorar!!! Todo lo que no había llorado en la vida lo estaba llorando en la sala de exploración. Yo les decía histérica que no me dolía nada, que lloraba de los nervios y de la emoción, y ellas se reían.

Me bajaron a dilatación, y me enchufaron de todo en vena. Seguía casi sin dolor, y me decía de ponerme la epidural y yo me negaba, decía que se esperasen que esto era soportable.
Me rompieron la bolsa y ahí empezó la fiesta. Vaya contracciones, por el amor de Dios. De un momentico a otro empecé a chillar, a pegarle a la gente, a llorar... ¡Cómo había cambiado todo en un minuto!




A todo esto... Yo quería decirle a mi madre que avisara al Innombrable, pero no sabía como. Sabía que se iba a liar muy gorda y tenía miedo.
En una de estas contracciones se lo dije, "Llámalo, por favor, no quiero ser la culpable de que Diego me recrimine en un futuro que fue mi culpa que él no estuviera" a lo que mi madre empezó a llorar con una crisis de ansiedad diciendome que por favor no le hiciera eso, que era el hombre que había maltratado a su hija durante meses y que no lo iba a llamar. Yo cada vez estaba más agresiva, por lo que al final cedió. En una hora ya había llegado. 
Me pusieron la epidural, y me metieron al paritorio en cuestión de minutos. Había dilatado rapidísima y no me estaba haciendo efecto la analgesia.
Eran las 16:00 cuando entré con mi madre. Al principio hacía los pujos bien, pero la cosa se torció cuando empecé a pensar en lo que estaba pasando en la sala de espera. Me bloqueé. Fuera estaba toda mi familia, mis tíos, primas, hermanos, padre... Y sabía que él iba solo, así que tenía miedo a que se pudiera liar de alguna forma. Era impredecible.
Empecé a ignorar a las matronas y a empujar cuando a mí me daba la gana, empecé a ponerme histérica, a agarrar a todos, a pellizcarles y a maldecir el dolor que tenía. Me dolía mucho, muchísimo, y nada me lo calmaba, solo el no respirar.
De un momento a otro empecé a convulsionar, y las voces iban siendo cada vez mas lejanas. Escuchaba de lejos "¡que se salga la madre, echad a la madre de aquí!" Y veía como mi madre abandonaba el paritorio llorando entre los empujones de los enfermeros. Me desmayé.
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero me despertó la salida de Diego. 
¡Qué sensación! Noté algo que no puedo describir, y al segundo me espabiló un llanto, un dulce llanto con el que empezaba mi vida, mi nueva vida, mi mejor vida.
Al minuto me lo trajo mi madre, a la que ya habían dejado pasar. Me lo puso encima y yo no podía dejar de abrazarlo y llorar.




Me subieron a reanimación y me lo enganché al pecho, ¡cómo comía el tío! Pasó lento el tiempo hasta subir a la habitación, en la que estaban todos esperándome, TODOS.

Mi estancia en ese hospital fue de horror, hubo trescientas mil visitas que yo no quería, me tocó una enfermera bastante gilipollas, y las cosas con mi familia no estaban bien después de haber llamado al Innombrable.

Él estuvo una noche, y durmió plácidamente. Yo no podía dormir pensando en lo que sería de mi vida, en que nada tenía sentido en ese momento, que se tenía que haber quedado mi madre a dormir y no él (que lo había decidido yo). No estaba a gusto y no sabía qué iba a ser de mí y sobretodo qué iba a ser de Diego.

Me dieron el alta y poco a poco la cosa con mi familia se fue calmando. Tenían que entender SÍ o SÍ que era mi hijo y que yo tomaba las decisiones, pensando en él, pensando en su futuro, pensando en mí y pensando en nuestro futuro. Eran decisiones difíciles que no le deseo a nadie y en las que está en juego la vida de una personita que no tiene conocimiento ni poder de decisión.

Lo mas grande es que pudo conocer a su bisabuelo, al Diego grande, al maestro, al tuerto, a mi vida, a lo más adorable que tenía antes de Diego.





Y nada, a las semanas el Innombrable ya se había olvidado de él y yo empezaba a coger una rutina, una preciosa rutina.

Diego y yo solos, y que explote el mundo si quiere.






lunes, 17 de febrero de 2014

Diego me salvó, en todos los sentidos en los que puede salvarse a una persona.


¡Hola! 
Me llamo Mika, soy mamá primeriza de Diego, que nació un sábado, 15 de Diciembre de 2012 (actualmente, 14 meses de amor)

Tengo veinte años, y como casi todo el mundo pesaréis que soy una niña y que no sé nada de la vida. Seguramente también podríais llegar a pensar que mi madre/familia cría a mi hijo, que yo aún no estoy criada y un sinfín de tópicos que nos rodean a las mamás jóvenes.
Quien piense eso se equivoca con todo. Sé mucho más de la vida que una chavala de veinte años normal, por suerte o por desgracia me ha tocado vivir mucho en poco tiempo. 

Mi historia es la siguiente:
Me independicé con diecisiete añitos, me fui a vivir con mi entonces pareja, un DJ al que me amarré como un clavo ardiendo. A los tres meses de convivencia empezaron las peleas. Peleas fuertes y duras que no quiero y no me apetece recordar. Yo me distancié totalmente de mi familia y amigos por él. No voy a echarle la culpa de eso, porque de eso la culpa la tengo enteramente yo. Tenía una dependencia brutal a ese hombre, y llegó un punto en el que creía que mi vida iba a seguir en esa línea de infelicidad para siempre.

Entonces pasó. Al año de vivir juntos me quedé embarazada, y decidí tenerlo, porque ante todo ese pequeño garbanzo que crecía en mi interior era mi hijo.

Siempre he dicho que Diego me salvó, en todos los sentidos en los que puede salvarse a una persona. 
La noche en la que me enteré no pegué ojo... Pensaba mucho, muchísimo... Si era niña no quería que viera que su madre consentía los malos tratos de su padre. Y si era niño no quería que mamara de esa situación que hacerle semejantes cosas a una mujer estaba bien, que eso era lo correcto.

Gracias a mi madre y a una amiga conseguí despegarme poco a poco de él. Volví a casa de mi madre, ya que viviendo con él no podía asegurarme un plato de comida todos los días, de hecho había días que ni comíamos, y si lo hacíamos solía ser pasta o arroz... Y una embarazada se tiene que alimentar equilibradamente.

Los dos primeros meses que estuve separada de él me dí cuenta de que no lo necesitaba. Él no me acompañó a ninguna visita de matrona, tocólogo... Se despreocupaba totalmente, así que un día, tuvimos una pelea que llegó a más, y me armé de valor y lo dejé.
Se lió mucho, hasta tal punto que tuve que denunciarlo cuando estaba de 6 meses y medio.
16 meses de orden de alejamiento que hicieron que pudiera pasar el resto de embarazo medio tranquila.

Él renunció a su hijo, pero aun así, el 15 de Diciembre, cuando me puse de parto y llegué al hospital, le dije a mi madre que lo llamara y lo avisara.
Esto (entre otras cosas) hizo que mi parto fuera horrible, ya que estaba más pendiente de lo que estaba pasando en la sala de espera con él que de hacer correctamente los pujos, hasta tal punto que perdí el conocimiento y tuvieron que instrumentar.
Mi familia se cabreó conmigo por haberlo llamado, pero yo pensaba en Diego. Pensaba en que en un futuro él supiera que yo puse todo de mi parte para no separarlo de ese hombre.

Le puse sus apellidos, y las dos primeras semanas más o menos, yo le pasaba fotos, le decía de quedar para verlo, se lo llevaba en autobús hasta su casa (a 40 minutos de donde yo vivía...) pero poco después pasó lo que tenía que pasar, seguía con su vida loca, bebida, drogas, fiesta... Y yo con un bebé, sola. Me cansé de ir detrás de él.

Volvió a renunciar en Marzo, cuando ya tenía puestos los apellidos. Pero ya no había nada que hacer, no se puede renunciar a un hijo (legalmente) así como así. Me resigné y seguí mi vida con mi hijo, criándolo con mucho amor. No dejaba que nadie me ayudara, sabía que era mi responsabilidad y así lo hice. Yo le pagaba todo. Estoy orgullosa de decir que pese a mi juventud y por mi cabezonería, he podido mantenerlo yo, con mis ahorros y con lo poco que cobraba, cosa que hoy en día es dicifil con Mariano Rajoy como presidente.

Así que, por eso Diego me salvó, yo no sé donde estaría si no me hubiera quedado embarazada, pero prefiero no pensarlo. Ahora tiene catorce meses, y me lleva loca, pero no cambio a este torbellino por nada en el mundo.