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lunes, 25 de enero de 2016

Bullying: No son cosas de críos

La semana pasada, un niño que casualmente se llama como mi hijo, Diego González, se suicidó.
Él tenía once años. ONCE.
Era víctima de acoso escolar, y cómo no veía otra salida se arrojó desde un balcón dejando una carta que a toda España nos conmovió.

Los padres de Diego con la carta de despedida que escribió su hijo.

Se me parte el alma con noticias así; yo he sufrido bullying y mi hijo está pasando por algo parecido al acoso escolar. Éste caso me ha conmovido especialmente porque me ha pillado en la época en la que estamos luchando contra esto, y porque encima, se llama y apellida como Diego.

Yo entiendo que él no quisiera contar lo que le pasaba porque yo no lo conté, pero en mi caso, no recuerdo cómo, mi familia lo descubrió. Recuerdo que un día estaban en el salón de mi casa esperándome mi madre, mi hermano pequeño, mis tíos y mis primas... Ahí me hicieron contar lo que me estaba pasando.
Años más tarde, dos de las desgraciadas chicas que me acosaban (se metían conmigo, se reían de mí, nada de lo que yo hacía era de su agrado...) pasaron a ser mis mejores amigas, pero hace un año justo me la volvieron a jugar y hasta aquí llegó mi paciencia y mi poder para perdonar/olvidar.
Lo de ellas era mas 'light' pero había otro par que cuando estaba en clase me lanzaban cosas duras a la cabeza, me humillaban y amenazaban, me robaban, querían que yo hiciera cosas malas sólo por tener su aceptación (y lo peor es que las hacía. Si les caía mal alguien hacían que yo me peleara con esa persona, e incluso cosas peores por las que siento una enorme vergüenza...) Siguieron jodiéndome hasta cuando yo ya me convertí madre, hasta tal punto que quedaban con el inseminador cuando yo estaba recién parida y con las hormonas a full, sólo para hacerme daño. Increíble, ¿verdad? Pero un día me cansé, y de eso no hace tanto, unos 3 años... Me cansé y me revolví, como dice el refrán, "el valiente es valiente solo hasta que el cobarde quiere" y yo había dejado de ser cobarde hace meses.
A dia de hoy, me mandan peticiones de amistad al Facebook. ¿Enserio pretenden que las acepte? En fin, sólo espero que lo que me han hecho pasar jamás se lo hagan pasar en un futuro a sus hijxs, yo no me suicidé, pero sí que se lo que es querer desaparecer para siempre.

Y si duele que te lo hagan a ti, mil millones de veces más duele que se lo hagan a tu hijo.
Hace un mes y medio, un día que fui a recoger a Diego, entré en el colegio porque se había dejado el abrigo. Justo estaban saliendo la clase de P5, y al cruzarse con nosotros empezaron a reírse de él y a chillarle 'payaso, payasete' y cosas por el estilo. Yo me agaché y cogí a un niño, le pregunté que qué le estaban diciendo y por qué, y me dijeron que como los payasos tienen el pelo rizado, él es un payaso.
Diego no me había dicho nada, y cuando llegamos a casa, yo, intentando que él notara que le estaba dando poca importancia, le pregunté. Él me dijo que eran sus nuevos amigos, que en el recreo lo buscaban y le tiraban del pelo, y que le habían hecho una canción y todo llamándole payaso.
Si de por sí me destrozó saber que le decían eso en tono despectivo, cuanto menos se me partió el corazón cuando supe que había contacto físico y que, encima de todo, Diego se pensaba que eran sus amigos y que estaban jugando con él.
Mi marido y yo fuimos a hablar con su tutora a la mañana siguiente. Ella me dijo que no lo había visto, que en el recreo hay mas de ciento cincuenta niños y que no se había dado cuenta de nada, que iba a vigilar el tema y que no nos preocupáramos, que sobretodo lo importante es no hablar estos temas delante de Diego, que él no le de importancia es lo mejor que nos puede pasar.
No obstante no podíamos dejar de pensar en ello, así que a los dos o tres días le preguntamos y todo seguía igual. De hecho, le preguntamos porque cuando fui a llevarlo, una niña de seis años empezó a meterse con él delante mía, a empujarlo y a decirle cosas feas. Yo me puse en medio y le dije que era su madre y que no le volviera a decir nada más, a lo que la niña empezó a vacilarme a mí, ¡CON SEIS AÑOS! Cuando acabaron las clases otra vez volvimos a hablar con la maestra, y nos dijo que iba a tomar más medidas.
Esa tarde, cuando Néstor recogió a Diego y lo llevó al parque, un niño de los mayores le preguntó que si era su papá, cuando él respondió que sí, éste le contó que decían no se qué de 'asesinar al payasete'. Obviamente un niño de seis años es imposible que sepa el significado de la palabra asesinar, seguro que lo verían en alguna película, pero eso ya eran palabras mayores y era intolerable.
Al día siguiente fue la profesora la que nos llamó a nosotros, y nos contó que metieron a Diego en la clase de los niños que se meten con él y que les dijeron que se llamaba Diego y no payasete, y que les quedaba terminantemente prohibido acercarse a mi hijo. La sorpresa fue que Diego, al ver a esos niños se puso a cantar y bailar la canción que se habían inventado... Él pensaba que todo era un juego.
No nos quedamos conformes, así que fuimos al día siguiente al recreo a ver si veíamos algo raro, y la profesora al vernos, nos dijo que nada más salir, Diego había buscando a esos niños y que las dos profesoras le habían tenido que explicar que él tenía que jugar con los niños de su edad, no con los mayores.

La cosa quedó así, no volvieron a acercarse a él ni Diego a ellos... Pero ahora, al volver de vacaciones, me ha vuelto a contar que le han vuelto a cantar esa cancioncilla... Con lo cual vuelta al principio, hemos tenido que volver a hablar con la profesora y el viernes hablaremos con dirección, aunque nos estemos saltando el protocolo del centro.
La profesora nos sigue diciendo que Diego los busca en el recreo, pero es que Diego cumplió tres años en Diciembre, él no entiende por qué no puede ir 'a jugar' con esos niños, si ellos le hacen caso...
Mi hijo es así, le prestas un poco de atención y ya quiere estar contigo... Lo malo es que es muy pequeño, y aún no sabe diferenciar la atención de los insultos.




Me han dado consejos en plan "pues córtale los rizos y así no se meten con él". Pero lo primero, es que él no se los quiere cortar, y lo segundo es que así solo le enseñaría que si hay algo de su aspecto físico que no le gusta a alguien tiene que cambiarlo. Entonces qué, si en vez de 13 kg pesara 20 kg y se metieran con él por eso, ¿lo tendría que poner a dieta? O si se meten con él por su color de ojos, ¿le tendría que poner lentillas de otro color? No tiene sentido. Gracias a Dios, nosotros le potenciamos mucho todo lo que tiene, la lengua geográfica, el vello, su pelazo rizado... Por eso él tiene esa seguridad en sí mismo, él se quiere mucho porque nosotros le hacemos ver lo increíble que es.

Rumores, amenazar, marginar, empujar, dañar sus objetos, pegar, insultar, robar...

Estas preocupaciones acaban de empezar, sólo espero que no vuelva a pasarle nunca... Espero que los niños que se meten con otros niños por hacerse los graciosos o los valientes dejen de hacerlo. Que caigan en la cuenta de que hay personas muy vulnerables para las que lo que ellos piensan que son simples palabras son un mundo, y que pueden hacer que tomen decisiones irreversibles, como le pasó a Diego González, o al que se suicidó en Nochebuena, o como los miles que lo han hecho y no han salido en las noticias.

Empatía. Ojalá consigamos que las nuevas generaciones se críen sabiendo el significado de esa palabra.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Me abro, os cuento mis miedos más profundos.

Noviembre, 23 semanas y media de embarazo, ha llegado el frío, ha salido la barriga, el bebé no para de moverse, y veo la llegada de Minipunto cada vez más cerca.

Cuando estábamos en plena búsqueda de embarazo ya pensaba en los miedos que me iban a aflorar cuando lo consiguiera, pero cada vez se están haciendo más fuertes, a medida que crece el amor, crece el miedo con él.

Tengo una familia que para mí es perfecta, preciosa, única, irremplazable. Mi marido me ama tanto como yo le amo a él, y nuestro hijo nos ama cada día más.
Vivimos felices, Diego se bebe los vientos por su padre y por su familia paterna, los adora en proporción a lo que ellos lo adoran a él, es todo como siempre soñé... Pero ahora entra un nuevo jugador a nuestro equipo, un jugador que tendrá la sangre de todos, fifty fifty, será una mezcla preciosa de dos familias super unidas.

¿A qué temo? A que nunca he vivido algo así, y tampoco conozco a nadie que esté en mi lugar -por favor, si me lees y te identificas házmelo saber, necesito alguien que me entienda-. Diego para mí es lo primero en todo, es mi vida, mi amor, y temo que se sienta desplazado inconscientemente porque la sangre tire más.
Quien conoce a Diego sabe que es imposible no quererlo, IMPOSIBLE, tiene una bondad y un cariño que enamora, y no es porque sea su madre -que también- es porque todos los que lo han conocido lo dicen. Es un niño que te lo da todo a cambio de nada...
Quizá no me explique bien, pero estoy atemorizada porque su familia paterna tenga cierta preferencia por la maravilla que llevo dentro... Esto lo he hablado con todos y todos me tranquilizan diciéndome que es imposible querer más a alguien de lo que ya quieren a Diego, y la tranquilidad me dura unos días hasta que se me olvida la charla y los pensamientos más negativos vuelven a mi cabeza.

Yo siempre, desde pequeñita, he querido adoptar, y sé que en mi caso el amor nacido del corazón sería igual que el nacido de mi vientre... Pero no me puedo meter en la cabeza de la gente y saber lo que ellos sienten/piensan. Sé también que ellos son sinceros, que adoran a Diego, que darían lo que fuera por él, lo que fuera. Pero también sé que nunca han vivido lo que van a vivir ahora y que esto es tan nuevo para mí como para ellos. Seguramente, dentro de 3 meses y medio, cuando nazca Minipunto, lea esto y me ría de los miedos sinsentidos, pero ahora mismo, por las hormonas, porque tengo tiempo para pensar, porque estoy super negativa... Es lo que me preocupa.

Otra cosa que me inquieta es el momento del parto. Néstor hizo hace tiempo un curso de eso, y se devora mil vídeos de partos con toda la ilusión del mundo. Pero ver un expulsivo no es lo mismo que estar al pie del cañón todas las horas que dure la dilatación. Mi primer parto fue horrible, lo cuento aquí. No soy nada agresiva, NADA, pero en ese momento el dolor me dominaba y pegaba a la gente, insultaba, chillaba, hablaba mal... Néstor no me conoce así, creo que no podría imaginarme así... Pero yo si me he visto y parecía que me estuviesen matando.
Intento concienciarme de que son dos situaciones totalmente opuestas, ahora estoy rodeada de amor y calor, y hace 3 años solo pensaba en lo desgraciada que era por no tener lo que todas las compañeras que estaban dilatando conmigo tenían. Creo que yo solita hice que mi parto fuera traumático, no estaba en lo que estaba y no paraba de lamentarme por lo que me había tocado vivir en vez de disfrutar del momento que me cambiaría la vida.

El postparto también me aflige y no dejo de darle vueltas. Yo sí sé lo que es no dormir del tirón por tener que amamantar cada 2-4 horas. Pero Nés no lo sabe... Yo sí se lo que es llorar de desesperación por no poder calmar los cólicos de un bebe que no deja de llorar porque no se sabe expresar de otra manera. Él no. Yo si sé que las hormonas se vuelven unas cabronas y que todo te molesta en esos momentos, sé que me volvía insoportable y que hasta el aire que rozaba mi carita me ponía de mala leche. Él no.
Pero me tranquiliza que nadie nace enseñado, que el camino se hace andando, que yo sé que todo compensa, claro que compensa, compensa MUCHO. Sus primeras sonrisas hacen que todo se olvide, todo.

Está siendo un embarazo soñado, tener a tu mitad al lado compartiendo 100% esta experiencia es... inexplicable.
Estoy deseando ver al bebé, saber si será niño o niña, si se parecerá a papá o a mamá, si será peludo o pelón... Pero no quiero que acabe la gestación por dos motivos, todos los miedos que arriba explico y lo maravillosísima que está siendo esta etapa.