miércoles, 28 de febrero de 2018

Viajar con niños: DISNEYLAND PARÍS.


Hace unos días volvimos de hacer nuestro primer viaje internacional con las fieras. Realmente planeamos muy pocas cosas, no nos hicimos ningún horario, ni guía, lo fuimos haciendo todo sobre la marcha y nos salió bastante bien. Aprendimos muchísimas cosas que pondremos en práctica cuando repitamos.

No voy a decir que viajar con un niño de cinco años que se cansa cuando da cuatro pasos seguidos y con un bebé de casi dos que no es más terca porque no puede, ha sido fácil. Pero sí diré que ha merecido la pena.




Os voy a contar cómo lo hicimos, el presupuesto por el que más o menos nos salió y las rutas que llevamos a cabo para ver casi todo. Fuimos en plan mochileros, nada de restaurantes caros ni de despilfarres. Queríamos ver monumentos, museos e ir a Disney, todo en cuatro días.

Lo primero que hicimos (con dos meses de antelación) fue coger los vuelos. Nos ayudó el padrino de Delia porque nosotros hacía mucho que no cogíamos un avión y estábamos un poco perdidos. No sé si cogió alguna oferta o algo, pero nos salió, ida y vuelta los cuatro con Ryanair (Delia a dos semanas de cumplir dos años no paga) por 270€ aproximadamente.

El avión aterriza en el aeropuerto de París-Beauvais, con lo cual teníamos que coger un autobús que nos dejase en el centro. La ida y vuelta de la ciudad al aeropuerto nos salió a los cuatro por 77€.

Después buscamos un apartamento por el centro de París. Aquí no nos importaba gastarnos un poco más porque éramos conscientes de que la ubicación nos iba a facilitar mucho la vida. Tuvimos suerte y encontramos uno justo en el Trocadero. Teníamos la Torre Eiffel a menos de diez minutos andando y el Arco del Triunfo igual. Habían dos bocas de metro a 3 minutos del piso, tres o cuatro supermercados, farmacias, panaderías, restaurantes... De todo. Lo alquilamos por la plataforma AirBnb, contando las tasas de gestión, las personas adicionales y los gastos de limpieza, nos salió el piso por unos 365€ las cuatro noches. Nada caro para estar totalmente reformado, en una buena zona y con tanta accesibilidad. Aquí os dejo 25€ de descuento en vuestro próximo viaje si os registráis con este enlace.


Diez días antes cogimos las entradas de Disneyland. Esto nos salió por 182€ dos adultos y un niño. Aquí Delia tampoco pagaba. No obstante hay una oferta ahora mismo que hasta el 20/03/2018 las entradas de adulto cuestan como las de niño. Aquí os dejo el link.

La semana antes del viaje tuvimos que hacerles los DNIs a los pequeños y unos días antes nos hicimos los cuatro la tarjeta sanitaria europea, para viajar es muy necesaria y mucho más si vamos con niños.

La comida en París es muy cara. Todo, absolutamente todo te cuesta más que en España. Compramos pasta, pan, yogures, leche, cereales, huevos y mucha fruta y verdura... Fuimos haciendo la comida por la mañana antes de salir de casa y nos la llevábamos, ya que nos pasábamos todo el día fuera para aprovechar el tiempo al máximo.

En el metro nos gastamos 15€ en 10 billetes. Nos sobraron cinco porque al llevar el carrito muchas veces nos abrían la puerta sin necesidad de pasar el ticket. Cogimos muchísimos trenes y creo que por no esforzarse en entendernos, nos abrían sin preguntar y sin pedirnos nada.

Nuestro itinerario fue el siguiente:

Cogimos el avión de ida a las 19:00h y llegamos a las 21:20h. El vuelo fue una odisea, una azafata cogió a Delia y se la llevó a pintarle cosas en las manos porque no paraba quieta, era puro nervio.


Aquí veis a Delia en estado puro. Aprendió a soltarse el cinturón y tuve que pelear un poco con ella.
¡Y aún no habíamos despegado!



Poco después de aterrizar, cogimos el autobús y sobre las 23:15h llegamos a París (nos dejaba en Porte de Maillot). Cenamos rápido en un McDonald's y cogimos el metro, que menos mal que cierra a la 1:00 a.m.
Llegamos al piso casi a las dos de la madrugada.
A la mañana siguiente nos despertamos temprano y cogimos el metro de nuevo hasta el Louvre.




París promueve el arte y la cultura de tal manera que los niños y los menores de veinticinco años no pagan museos. Por lo cual el único que pagaba para entrar era Néstor (unos 15€).
Además el trato a las familias con niños es exquisito, no hicimos colas para entrar (¡y vaya colas había!) con el simple hecho de llevar un bebé, los de seguridad te pasaban por delante de todo el mundo.








Pasamos toda la mañana en el Louvre. Delia durmió todo el rato y Diego estaba excitadísimo por la exposición del antiguo Egipto, le encanta todo ese tema. Era nuestro guía particular, nos explicaba –él, un niño de cinco años– qué eran las falúas, los sarcófagos, las momias, los escribas, los jeroglíficos, cuántos Dioses había y cómo se vivía en aquella época. Era magnífico escuchar con que entusiasmo lo miraba, tocaba o contaba todo.






La cosa cambió cuando acabamos con eso y fuimos a otras zonas del museo, ahí empezó a impacientarse y nos costó un poco que aguantara, ¡bastante bien se estaba portando el pobre!

Después del Louvre fuimos a los Campos Elíseos y comimos allí. Estuvimos una hora y bajamos andando a la Torre Eiffel, disfrutando de las calles y de la gente.




Llegamos al monumento por excelencia y compramos los tickets para subir. Yo ya había estado pero sólo había subido hasta la segunda planta, esta vez quería ver el mirador. Nos costaron las entradas 43€ y nos pasamos el resto de la tarde ahí. Vimos el atardecer desde la cima y fue maravilloso.





Al día siguiente madrugamos y salimos hasta la estación de tren que nos llevaría a Disneyland (RER A) compramos ida y vuelta y nos salió por 37€.





Al llegar empezó la aventura. Era mejor de como me lo imaginaba... Todo, cada absoluto rincón, era magia pura. Cuidaban cada mínimo detalle y recuerdo que al pasar la puerta volví a sentirme como una niña. Hacía un día espléndido, ni una nube, pero hacía mucho frío, -3ºC. Íbamos bien equipados con ropa térmica, cinco capas y gorros bufandas y guantes, pero aún así el helor que había nos ralentizaba un montón.





Fuimos un día de máxima afluencia, lo cual no entiendo porque no era ninguna fecha especial, ni Navidad, ni fiestas, hacía muchísimo frío, era fin de mes...
Si pudiera cambiar algo de nuestro viaje sería coger un fastpass. Nos montamos en pocas cosas porque las colas eran de 90 minutos, que se dice pronto.


Aquí Diego super emocionado en una cola.

Encima perdimos un montón de tiempo en una de las atracciones, ya que cuando llevábamos una hora y cuarto de cola nos evacuaron por algún incidente con el tren. Tuve que inventarme una historia muy graciosa para que Diego no tuviese miedo en ese momento.

Al ver a Mickey Mouse los niños se tiraron a sus brazos. Le abrazaron, le besaron, le chocaron los cinco y le cogieron la mano. Fue el momento más mágico para ellos. Han pasado cinco días y Delia aún le dice a la gente que vio a Mickey, se le quedó grabado dentro.





Lo mejor de ir con Delia es el Baby Switch, es decir, hago cola una vez con Diego y cuando terminamos de montarnos, yo me cambio por Néstor, que está fuera esperando con Delia y así el niño se monta dos veces haciendo cola sólo una.
También esperamos una hora antes del comienzo del espectáculo final. Queríamos estar en primera fila para ver semejante pasada. Creo que esta es una de las cosas más bonitas que he visto en toda mi vida. Lloré muchísimo, estaba super emocionada. Encima justo al lado un chico hincó la rodilla y le pidió matrimonio a su novia, fue muy bonito.






Al terminar volvimos a coger el RER A (importante conservar los billetes hasta que lleguéis al destino, a la familia de al lado los multaron por no llevarlos) y anduvimos quince minutos hasta nuestro piso.



Al día siguiente nos despertamos un poco más tarde, cogimos de nuevo el metro y nos fuimos a Montmartre, uno de los barrios más bonitos de la ciudad.
Visitamos Le mur des Je t'aime y el Moulin Rouge.






Volvimos a coger el metro y fuimos a Notre-Dame. Yo ya había estado, pero volver a verla me removió mil sentimientos por dentro. Es majestuosa y una autentica pasada.




Esta vez volvimos a casa para echarnos una siesta y después fuimos a ver el Arco del Triunfo y el encendido de la Torre Eiffel desde el Palais de Chaillot mientras nos comíamos unos auténticos crêpes franceses.





Hicimos las maletas y aquí viene la peor parte del viaje. Al día siguiente nuestro avión salía a las 22:00h y teníamos que dejar el piso a las 11:30h de la mañana. Como ya conté aquí, era una faena estar tantas horas con un niño, un bebé, tres maletas, dos mochilas y un carrito, dando vueltas por la ciudad a -3ºC.
Fuimos al Palacio de Congresos que es como una especie de centro comercial gigante que tiene zonas con cargadores, sofás, wi-fi, televisión... Hicimos tiempo hasta la hora de comer y unas maravillosas personas nos dejaron sentarnos en su cafetería para comernos la comida que nosotros llevábamos. Se portaron genial, nos invitaron a café y a unas pastas e hicieron que creyéramos que el mundo podría ser aún mejor si todos tendiésemos una mano a quien lo necesitara. Sé que no me leerán, pero les estoy profundamente agradecida por el trato que nos dieron, como si nos conociesen de toda la vida.
Después de comer y hacer un poquito más de tiempo cogimos el autobús hacia el aeropuerto.




Merendamos allí mientras jugábamos con los niños y veíamos alguna serie en el móvil con Netflix.
El tiempo se pasó más rápido de lo esperado y cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos facturando el equipaje. El vuelo se retrasó, pero duró veinte minutos menos de lo esperado, al ser de noche los niños se durmieron, lo cual fue una faena para el momento del aterrizaje, protestaron mucho al sentarlos y ponerles el cinturón. Después de coger las maletas y recoger nuestro coche salimos hacia Murcia. Llegamos a casa a las 2 de la mañana.

En resumen, el viaje nos salió por unos 1100€ aproximadamente sin contar lo que gastamos en comer allí (unos 120€). Lo pagamos poco a poco, en diciembre cogimos los vuelos, en enero el transporte aeropuerto-ciudad y el piso, en febrero las entradas de Disneyland y ultimamos detalles...

Me he cansado sólo de escribir el post al recordar los cuatro días sin parar, pero ay... ¡Cómo mereció la pena! París es una ciudad con muchas cosas para ver, mucho que hacer y una magia y romanticismo difícil de explicar. Viajar con niños es una experiencia muy especial, una manera diferente de disfrutar. Qué bonito ver el mundo a través de sus ojos.


viernes, 2 de febrero de 2018

La de al lado no es competencia, es compañera.

SORORIDAD.

¿Habías escuchado antes este término?
¿Sabes qué significa?





Sororidad es un pacto social, ético y emocional construido entre mujeres.
Sororidad es saber que, aunque todas somos diferentes, todas somos iguales.
Sororidad es ver triunfar a otra mujer y alegrarte.
Sororidad es ayudar a crecer a otra como tú. O a otra diferente. O a otra parecida.
Sororidad es no criticar porque la de al lado no hace lo que tú. Críar como tú. Pensar como tú. Vestir como tú. Amar como tú.
Sororidad es pensar que nos unen más cosas de las que nos separan.
Sororidad es solidaridad. Con ella y contigo misma. Con tu hija, con tu hermana, con tu amiga o con tu madre.
Sororidad es tratar como amiga a cualquier mujer, aunque no la conozcas.
Sororidad es saber que cada vez que una da un paso, todas avanzamos.
Sororidad es hacer que no hayan prejuicios entre nosotras, mejor que haya amparo, protección, compasión.
Sororidad es hermandad, alianza, apoyo, fuerza, empoderamiento.

Si no te gusta lo que hace otra mujer, pasa de largo. Si no te gusta como viste, no compres la misma ropa. Si no te gusta la carrera que ha elegido, no estudies eso. Si no te gusta que se quede en casa con sus hijos, no lo hagas.


Sororidad es cambio. Como ya he dicho en alguna ocasión, sobretodo antes, prejuzgaba con demasiada facilidad. Ahora lucho en contra de eso mismo, y lo hago intentando ponerme en la piel de la otra persona, lo hago educando a mi hijos en la igualdad.

Creo en un mundo mejor, y creo firmemente que juntas somos más fuertes que por separado.
Creo que la negatividad atrae más negatividad y que ayudar desinteresadamente hace que el corazón se ensanche un poquito más. Creo que cuando nuestros hijos sean mayores, habrá mucha menos tasa de maltrato y de machismo. Sueño porque esa tasa sea de cero. Lucho porque esa tasa sea de cero.



Me alegra enormemente ver triunfar a una otra mujer. Ver ascender a mi cuñada. Ver sacarse la carrera de medicina a mi vecina. Ver cómo mi mejor amiga ha hecho su sueño realidad teniendo hijos y criándolos en casa. Me alegra ver como mi tía viaja por el mundo. O cómo mi prima lucha por cambiarlo. Me alegra ver como mi hijo no entiende de colores, de juguetes, de sexismo. Y como mi hija usa la ropa de su hermano sin importarle lo más mínimo. La gente piensa que ser generosa es regalar, y realmente ser generosa es el mejor regalo para una misma.

En cambio no me gusta ver como critican a mi amiga por no haberle puesto los pendientes a su niña. O a mi otra amiga por decidir que no quiere tener hijos. Odio cuando me dicen "pero si la peor enemiga de una mujer es otra mujer" o cuando me imponen hacer lo que consideran correcto cuando para mí no lo es. Odio cuando alguien trunca los sueños de otra persona sólo porque no puede cumplir los suyos propios. Me duele cuando una madre infravalora a su hija, le corta las alas, haciendo que ésta crea que no sirve y que le cueste mucha ayuda saber que es válida para lo que se proponga.

Y ahora te pregunto... ¿Eres sorora? El cambio empieza en uno mismo y tenemos más poder del que nos hacen creer. Yo, mí, me, conmigo contigo. Las mujeres fuertes se levantan las unas a las otras.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Diez regalos buenos, bonitos, baratos y originales.

Se acercan fechas señaladas y a muchos de nosotros nos gusta mucho sorprender.
Aquí os dejo una lista de regalos bonitos, baratos y sobretodo originales, para impresionar a quién quieras, ya sea una pareja, un familiar, un amigo...
Algunos se los hice a mi marido y se quedó boquiabierto, así que ya sabéis... Para tener un detalle precioso no hace falta gastarse mucho dinero.





1. Cuadros con la ubicación de lugares especiales. Es algo muy fácil de hacer y queda precioso en casa. Buscas en Google Maps el sitio en cuestión, le haces una captura de pantalla, la imprimes en buena calidad en papel fotográfico y la enmarcas, recortando un corazón en una cartulina y poniéndolo entre el marco y la foto queda muy chulo, ¡facilísimo!

Yo puse el lugar en el que nos conocimos, el sitio donde pasamos nuestro primer día en familia y el restaurante en el que me pidió matrimonio.




2. Un tarro lleno de píldoras con mensajes bonitos, positivos, mensajes de amor... Y lleno también de su chuchería favorita (en el caso de mi costillo, los Sugus)
Las mini píldoras (vienen ya con su papel recortado en tamaño mini) las compré en Aliexpress, os dejo un enlace aquí. Este regalo es precioso, porque sirve para alegrar un mal día. 
Recomiendo hacerlo con tiempo, porque si por ejemplo quieres hacer un tarrito con 365 píldoras (una para cada día) lleva trabajo e imaginación, mucha imaginación.





3. Un álbum que demuestre, a base de fotos, que tu amor llega a cualquier parte del mundo. 
También se puede hacer para alguien que esté enfermo cambiando la frase a (¡Fulanito, desde la Conchinchina deseamos que te mejores muy pronto!) o para felicitar a alguien por su cumpleaños (¡Fulanita, desde el Laponia te deseamos que pases un feliz cumpleaños!)
También se pueden colgar las fotos impresas en globos de helio y llenar una habitación. Hay mil posibilidades y este regalo da para mucho, lo malo es que se necesita mucha ayuda y mucho boca a boca. Yo cuando lo hice busqué a gente por Facebook de la ciudad o país que quería y envié decenas de mensajes a desconocidos. Algunos me ignoraban (seguramente pensaban que quería venderles algo) pero otros muchos me ayudaron. Conseguí decenas de fotos, pero me tiré preparándolo unos seis meses más o menos.

Florencia, Córdoba, Japón, París, Pisa...

India, Punta Cana, Barcelona, Atenas... 



4. Un talonario canjeable por todo lo que se te ocurra. Los venden hechos (por ejemplo en MrWonderful) o los puedes hacer tú a tu gusto con cosas que sepas que gustan a tu pareja. Os dejo unas ideas:

- Vale por una cena romántica en (su restaurante preferido).
- Vale por una noche de cine viendo la película que elijas.
- Vale por un masaje de 45 minutos.
- Vale por hacer tu parte de tareas domésticas durante una semana entera.
- Vale por ver juntos la película que quieras en casa, y yo pongo las palomitas y el picoteo.
- Vale por un abrazo, sea cuando sea, aunque esté enfadad@.
- Vale por media hora de cosquillitas en la espalda.
- Vale por prepararte un baño con espuma, música y velas para ti sola.


Vía Pinterest.


5. Este es muy parecido al número 3, pero en forma de recuerdos bonitos que tengáis juntos. (El primer día que nos conocimos tú llevabas un suéter blanco y negro e ibas guapísimo, el día que fuimos al cine por primera vez, vimos una peli de miedo...)




6. Una caja de los cinco sentidos. Metes en una caja un detalle o regalo que tenga que ver con cada sentido, por ejemplo:

- Para el olfato: Un perfume que le guste.
- Para la vista: Dos entradas de cine.
- Para el gusto: Su dulce favorito.
- Para el tacto: Un aceite de masajes.
- Para el oído: Un disco con sus canciones favoritas o las canciones que os definen.
Después llenas la caja con confeti o algo bonito que la rellene, la envuelves y voilá, una sorpresa preciosa.





7. Escribirle mensajes por todas partes, que se despierte y vea uno en el espejo del baño, otro en su taza del desayuno, otro en su armario o donde deja la ropa... ¡Y hasta en el coche! Mi marido se quedó muerto cuando vio nuestro coche lleno de posits, y de hecho, ¡no los quitó hasta que se fueron cayendo! Yo me moría de vergüenza cuando iba a buscarme al trabajo con el coche así, le echaban fotos y todo, jajaja.



Mirad su cara, jajaja.


8. Regalarle tiempo o cultura. Un día en un spa, un día haciendo algo que sepas que le gusta (cualquier deporte es un plan genial y muchos no son muy caros, yo el otro día le regalé un vale para hacer Rafting y nos lo pasamos como niños). Regalarle un par de entradas para el teatro, para un concierto, para el parque de atracciones...





9. Unos rasca y gana con premios, frases de amor, o lo que tú quieras.
Hacerlo tú mismo es facilísimo, sólo hay que recortar la cartulina y decorarla al gusto, escribir los mensajes, pintar muy muy bien encima del mensaje con una cera blanca (plastidecor) y mezclar dos partes de pintura plateada con una de detergente lavavajillas, se pinta encima, se deja secar y ya está, tu rasca y gana personalizado. 


Vía Pinterest.


10. Un tarro con palitos de madera que ponen las cosas que te gustan de él o ella, o sus virtudes. Para subir el autoestima es maravilloso.


Vía Pinterest.


Iré añadiendo más cosas porque tengo varias ideas en mente, pero como aún no se las he hecho a mi marido, no quiero que sepa lo que le espera y se lee todo lo que publico, pues las iré poniendo poco a poco. 

Espero que os haya servido y que os gusten tanto como a nosotros y disfrutéis sorprendiendo tanto o más que el sorprendido. ¡Gracias!

lunes, 6 de noviembre de 2017

AMIGDALECTOMÍA Y ADENOIDECTOMÍA. Extirpación de las amígdalas y vegetaciones.

Hace casi cuatro meses, operaron a nuestro hijo mayor de una amigdalectomía y de una adenoidectomía, es decir, le quitaron las amígdalas y las vegetaciones.






Diego tenía una una hipertrofia amigdalar de grado IV, el grado más grande de todos. Las dos amígdalas le chocaban, como podéis ver en la siguiente foto:




Nos dimos cuenta porque alrededor de los dos años, empezó a no ganar peso. No podía tragar y le costaba mucho esfuerzo comer trozos normales de comida, había que triturarlo o cortarlo en trocitos pequeños... Y eso no era lo peor, empezó a tener apneas mientras dormía. Al principio no suponían demasiado, dos o tres despertares. También roncaba. Recuerdo grabar audios a mi familia diciéndoles que era Diego el que roncaba y no creérselo. Era bestial, parecía un adulto.
Otro síntoma era que tenía infección absolutamente todos los meses. Su cuerpo dejó de tolerar ciertos antibióticos y nos costaba mucho que le bajara la fiebre, porque estaba ya hecho a ellos. Llegó un punto en el que al niño dejó de dolerle la garganta. La tenía completamente llena de pus y él ni se quejaba, nos enterábamos porque le subía la fiebre a 39-40 ºC.

Lo llevamos al pediatra varias veces (a infección por mes...) y, después de informarnos mucho, le sugerimos valorar la operación. Él decía que no, que las amígdalas eran una defensa natural del cuerpo y que en muchas ocasiones operarlo podría ser peor.

Pero con el paso de los meses, el dormir se convirtió en un auténtico calvario para todos, pero sobretodo para él. Las apneas llegaron a tener una duración de más de treinta segundos, dejaba de respirar completamente y tardaba más de medio minuto en volver en sí, con su correspondiente susto y llanto.
Volví a dormir con Diego, que ya dormía solo en su habitación. Yo también me asustaba y él necesitaba tenerme a su lado cuando se despertaba de esa manera tan brusca. Podía tener cuatro o cinco a la hora, aunque a veces dormía hora y media del tirón. Haced las cuentas e imaginad el infierno.

Seguimos visitando al pediatra. El niño, con tres años y medio, pesaba poco más de doce kilos. No comía, no dormía y nosotros no vivíamos. El doctor seguía tanteando antibióticos y poco más.

Unas semanas después nos mudamos a Murcia (todo lo anterior transcurrió en un pueblo de Alicante) y allí, tras algunas valoraciones y tras verle las dos pelotas de tenis que tenía por amígdalas, a la segunda infección con su correspondiente fiebrón, su nuevo pediatra no se lo pensó. Tenía que ser operado.
Empezó a mandarnos pruebas, análisis... Lo puso todo prioritario porque el niño estaba sufriendo, se veía apagado... Siempre estaba malo.

Le hicieron una endoscopia nasal, es decir, le metieron una cámara que parecía un spaguetti por los orificios nasales. Efectivamente, estaba todo lleno de vegetaciones, con lo cual el niño no respiraba bien ni por la nariz, ni por la boca. Después de esa prueba, todo fue más rápido porque, al costarle tanto respirar, nos dijeron que podía desarrollar daño en los pulmones por el propio esfuerzo.
La cosa se retrasó un poco, porque Diego ya tenía cuatro años y le correspondía el hospital general para la operación, pero como estaba tan bajo de peso, lo tenían que operar en el infantil, en el que la lista de espera era mucho más extensa.
Mientras tanto seguimos visitando al otorrinolaringólogo infantil, pasando infecciones, sin dormir y no cogiendo peso.
Aun así, no tardaron ni tres meses en llamarnos, fue todo bastante rápido, aunque la espera se hizo eterna.

Nos llamaron para hacer el preoperatorio. Lo pesaron, lo midieron, y le hicieron un análisis completo de sangre. Si todo iba bien ya nos llamarían para darnos fecha para operar.
Pero no, a las cuatro horas, estando yo trabajando, me llamaron del hospital. Uno de los parámetros del análisis había salido muy alterado, había que repetirlo al día siguiente. Yo empecé a preguntar que qué era lo que había salido alterado y empecé a llorar en medio del trabajo. Me dijeron que podía ser un falso valor, que no me preocupase y que al día siguiente fuera, esta vez con el niño desayunado.
Hicimos lo que nos dijeron, yo tenía un nudo y una preocupación que no he sentido en la vida.
Le hicieron otro análisis y a las cuatro o cinco horas me volvieron a llamar. Yo, al ver el número del hospital, antes de cogerlo ya me vine abajo. Me llamó la propia anestesista y me dijo que al niño lo tenía que ver el hematólogo, que me pasara por el hospital lo antes posible que ya tenía redactado el volante. Yo le dije que por favor no me dejara así, que ella era doctora, que me dijera qué pasaba. Ella me dijo que eso me lo tenía que decir el especialista, que ella no podía mojarse.
Empezamos a ir de un sitio a otro, visitas, pinchazos a Diego... A la vez teníamos las revisiones por un problema que tuvo en el riñón izquierdo, así que fueron unas semanas muy difíciles y con mucha incertidumbre.
El resultado de los análisis fue que Diego tenía la coagulación mal. El primer análisis pintaba muy feo. El siguiente, seguía pintando muy feo, pero mejoraba un poco. Y ya la última prueba, que era la definitiva, seguía saliendo alterada pero estaba lo suficientemente bien para poder ser operado.
Nos advirtieron que, por la gran zona a extirpar y el problema de la sangre, posiblemente entrara a quirófano dos veces, una para operar, y otra por la posible hemorragia que podía tener en las siguientes horas.

Totally, que a los pocos días ingresó.




Lo llevaron a la habitación y volvieron a pesar y medir, no lo iban a viar hasta entrar en quirófano, lo cual agradecimos bastante. A las tres horas lo bajaron y me hicieron darle un jarabe para atontarlo antes de la anestesia. A los minutos empezó a alucinar, decía que estaba en Egipto, que si yo no veía todas esas pirámides. Empezó a reírse, a cantar... Parecía un mini borrachito.



Aquí antes de tomarse el jarabe.

Aquí ya estaba en Egipto

Esa mañana operaban a una niña y a él. La niña entró antes. Estuvo veinte minutos dentro. Diego entró y estuvo una hora. La hora más larga de toda mi vida.
Cuando salió, seguía medio grogui después de la anestesia general. En la habitación ya se empezó a recuperar y a comunicarse ¡hablaba! Escuchar esa vocecita de pito, en ese momento era música para mis oídos. Hablaba poquísimo y muy flojito. No se quejaba salvo para decir que tenía hambre.




Pasamos la noche en el hospital y fue muy bien. No tuvieron que meterlo una segunda vez a quirófano, todo fue sobre ruedas. Él me pidió que durmiese a su lado, como en casa. Una auxiliar me reprochó dos veces el acostarme a su lado, la segunda, lo hizo al grito de "vaya madre" con sus compañeras. Me gritó a las cinco de la mañana que me bajase de la cama, despertando a mi hijo recién operado y haciéndolo llorar. Se llevó una hoja de reclamaciones, por supuesto.



Nos dieron el alta haciendo hincapié en que Diego no comiese cosas duras o muy calientes durante 7-10 días. Tomando la medicación a sus horas, apenas le dolía (y mirad que el cirujano nos dijo que era un dolor intenso y continúo, que tuviésemos paciencia los primeros días...) La primera semana tenía apneas esporádicas, porque la zona estaba inflamada. La recuperación después ha sido maravillosa, han pasado tres meses y aún tiene la voz un poco aguda, pero sólo ha tenido un catarro sin importancia, ha cogido más de tres kilos y las apneas han desaparecido por completo, por lo que por la noche descansa.

Dos días después de la operación. Todo lo blanco es la cicatriz.

Una semana después de la operación.

Tres meses después de la operación.
En diciembre tenemos la revisión, pero vaya, que está todo estupendamente. A nosotros esta operación nos ha cambiado y hemos ganado en calidad de vida.

lunes, 17 de julio de 2017

¿Por qué subo fotos de mis hijos a las redes sociales?

Últimamente estoy viendo mucha controversia por subir/no subir fotos de nuestros pequeños a las RRSS.

Yo, desde un principio, he subido fotos de mis fieras.







Ahora que Diego es más mayor, él decide si le gustan o no las fotos y a veces es él el que me pide que le eche una y la muestre.
De ahí a que ahora suba más fotos de Delia, la pequeña. Porque pueden pasar días sin que Diego quiera echarse una foto (y también días en los que quiera echarse treinta de golpe) y yo lo respeto.

Muchas veces se nos trata de irresponsables, y obviamente no estoy para nada de acuerdo.
No nos tendríamos que justificar, pero en ocasiones se nos recrimina, así que hago este post para contestar de golpe todos pos por qués.

Que hay mucha pederastia.
Es cierto, la hay. Pero –por desgracia– no solo en Internet. También puede haber pederastas por la calle. Y también pueden tener cámaras. Y también, cualquier persona, puede hacer fotos a nuestros hijos en el parque, en el super, en la sala de espera del médico o en cualquier sitio, sin que nosotros nos enteremos.
Y no es plan de que porque haya cuatro enfermos depravados, nos tengamos que privar de enseñar lo que consideramos lo más bonito de nuestro mundo y lo más maravilloso que hemos hecho en la vida.

Que hay gente que las coge y se hace perfiles falsos con las fotos. 
Esto no me ha pasado, pero lo que sí me ha pasado es que me han cogido una foto de mi hijo para pasársela a una persona que tengo totalmente bloqueada de las redes y de mi vida. Y denuncié a la policía, y aunque no podían hacer mucho porque la foto no mostraba las partes de mi hijo, (si hubiese sido así se les hubiese caído el pelo) les dieron un toque de atención y un susto que les hizo arrepentirse de lo sucedido. También he visto un par de veces lo de hacerse perfiles falsos, y ¿sabéis qué? me he dado cuenta de que siempre se culpa a la madre, al padre o a quien sube las fotos. Esto me recuerda a cuando una mujer lleva escote y minifalda y la acosan, se la culpa "por ir provocando". NO. Dejemos de culpar a las víctimas y denunciemos estos actos a la policía, que a diferencia de lo que se piensa la gente, sí que hace caso ante esta clase de denuncias.
Aunque se publiquen fotos, NADIE TIENE DERECHO A COGERLAS SIN PERMISO, eso es totalmente inmoral. Punto.

Que cuando sean adolescentes les puede dar vergüenza.
Hace veinte años, cuando se tenían las fotos en álbumes, recuerdo a familiares enseñándonos a amigos y pasándose las fotos los unos a los otros como si fueran cromos. Y nadie le daba importancia. Pues esto es igual. Yo publico una foto y al día siguiente nadie se suele acordar del vestido que llevaba Delia o del peinado que llevaba Diego.
Mi madre ha subido fotos mías que no me han gustado a Facebook y en cuanto le he pedido que las borre lo ha hecho. Y aunque no lo hubiese hecho, realmente para mí tiene poca importancia. Pero si en un futuro alguno de mis hijos quiere que su padre o yo borremos algo relacionado con ellos, lo haremos sin rechistar. Lo comprendemos y lo respetamos.

Entiendo profundamente a quien no enseña a sus hijos por las redes, y por eso quiero que se nos respete a quienes, meditadamente, decidimos hacerlo. No hemos tomado esta decisión a la ligera.

No obstante sí que consideramos que hay que tomar una serie de precauciones. Como por ejemplo:

  • No subir fotos de desnudos. Aunque en la playa, muchos bebés y niños van desnudos, (yo personalmente, también recomiendo no hacerlo) una foto es algo que puede estar mucho tiempo en Internet, así que, evitar mostrar sus partes, nunca está de más.
  • No subir fotos comprometedoras de las que se puedan sentir avergonzados. Yo, antes de subir una foto, me pregunto ¿Me gustaría encontrarme una foto mía en ésta situación en Internet? Un ejemplo, ahora con la operación pañal, es a niños haciendo caca, o incluso he llegado a ver las fotos de las cacas con título "¡mirad, su primera caca en el orinal!"
  • Nunca subir el lugar en el que os encontráis. Yo la mayoría de las veces publico en diferido o, si lo hago al momento, intento que no haya nada en la foto o vídeo que muestre nuestra ubicación. ¡En este aspecto cuidado con Snaptchat o Stories de Instagram o Facebook!
  • Tampoco subir fotos de los niños con el uniforme escolar o mostrar la matricula de nuestro coche. Nada que los(nos) haga localizables.
  • Bloquear todo perfil sospechoso. Yo he perdido la cuenta de todos los perfiles que tengo bloqueados. Siento si he bloqueado a alguien normal, pero en cuanto sospecho de algo le doy al botoncito. 
  • No subir fotos de otros menores sin el consentimiento de sus padres. Véanse fotos de funciones escolares, fotos de cumpleaños... Siempre hay que tapar la cara de otros menores si no se sabe si esos padres quieren exponer a sus hijos o no, y ellos son los que deciden. 
  • Otro consejo útil es poner marca de agua a las fotos. Es muy tedioso, pero muy útil también.

Hay gente que vive lejos de sus familiares o amigos, y es más fácil subir una imagen con el pie de foto explicando cómo estamos, que enviar la foto uno por uno. 
También pienso que nuestros hijos van a ver normal todo el tema de Internet, Redes Sociales, comunicación, blogs, YouTube... Los tiempos cambian, la tecnología sigue avanzando y todo esto se normaliza. Sólo hay que darse una vuelta por Facebook o Instagram para ver la cantidad de niños de diez-doce años que ya tienen perfiles en redes sociales. Es flipante.

Lo dicho, como siempre propago el respeto. Para todos.  Se puede estar o no de acuerdo, pero cada cual hace lo que considera oportuno en un momento dado, y ¿quién sabe si algún día decido dejar de mostrar a mis hijos? Eso sí, seguiré respetando opiniones contrarias.

sábado, 15 de abril de 2017

El sentimiento de rechazo a la Lactancia Materna.

Quién me sigue y me conoce sabe que soy una persona muy lactivista. Estudio para Asesora de Lactancia y defiendo y promuevo, siempre con estudios en mano, la importancia y los beneficios de la lactancia materna tanto en el bebé, como en la madre y hasta en la sociedad actual. Tengo libros relacionados con la lactancia, estoy al corriente de novedades y nuevos artículos de investigación y, como no podría ser de otra manera, mi hija pequeña y yo llevamos trece meses lactando.
Pero no todo ha sido así siempre. Yo no he sido así siempre.




Desde pequeña quise ser madre joven y desde pequeña me imaginaba amamantando a mis hijos. Pensaba que era un instinto innato y que era fácil, que el extra de la LM venía de serie en la maternidad cuando parías a tu cachorro.
En el embarazo de Diego no me informé, lo veía todo tan fácil, que pensaba que si tenía tantas ganas de dar pecho nada malo podía pasar.
Llegó el día, parí a mi niño y me di de bruces contra la realidad. Una realidad que nadie me contó y de la que yo no me informé. Una lactancia fracasada con muchísimo dolor que os cuento aquí.

Cuando salía a la calle y veía a mujeres amamantando, me invadía por dentro un profundo sentimiento de tristeza y rechazo. Cuando mis amigas, recientemente madres, le daban la teta a sus bebés, yo me sentía muy incómoda. Y lo que más me pasaba; cuando leía por internet o en alguna revista o consulta médica, información sobre lo buena, maravillosa y beneficiosa que era la lactancia materna... Me sentía atacada, me sentía ofendida y enseguida reprochaba. 
Acababa de dar por concluida mi lactancia con muchísimo dolor y, todo lo que veía a mi alrededor eran mamás super felices dando teta a sus pequeños.

Las miraba de reojo, porque aunque no quisiera verlas, sabía que realmente me encantaba lo que estaban haciendo.


Qué decir de cuando veía lactancias prolongadas... Pequeños de más de un año enganchados a su mamá... Ellas habían conseguido X meses/años de feliz lactancia con el sacrificio que ello conlleva y yo... Yo no había podido cumplir ni un mes. Cómo me flagelaba yo sola y cómo me culpaba a diario por no haber sido capaz.
De hecho, sólo tengo una foto mía dandole un biberón a Diego (la que encabeza el post). No quería ni echarme fotos, y ahora me doy cuenta de lo tonta que fui y del daño que yo misma me hacía.

Entonces algo cambió. Entonces me dije "basta, Mika. Aquí hay un problema y hay que ponerle solución, tú no eres así". Empecé a leer y leer y leer y leeeeeer... A informarme de la mano de pediatras, enfermeros, matronas, grupos de apoyo, grupos de maternidad y asociaciones. 
Ví que mi lactancia no había fracasado, que yo no había fracasado. Comprendí que se juntaron varios factores mezclados con una profundísima desinformación. Y entonces entendí, que los días que le había dado de mamar a mi hijo, lo había hecho lo mejor que sabía y podía y le había dado lo mejor del mundo. Lo mejor de mí. Que estaba sola y que mi entorno no me apoyaba, que un pediatra inepto me había mandado a la farmacia a comprar biberones y polvos y yo sólo le había hecho caso. 

Concocí a otras madres a las que les había pasado o estaban pasando por algo similar y me di cuenta de que este sentimiento es más normal de lo que nos pensamos, pero que se habla muy poco de ello por vergüenza y por temor a ser juzgada.
Y entonces pasó. Dejé de culparme y de llorar al preparar los biberones y cambié el chip. Ponía todo mi amor en cada toma y creaba el famoso vínculo con caricias, susurros, besos, nanas y amor mientras mi fiera se tomaba su leche.

Empecé a sentirme bien conmigo misma y a desterrar ese sentimiento de culpa que tenía tan arraigado dentro. Me costó trabajo, pero menos de lo que pensaba que me iba a costar. Hablaba a mis amigas embarazadas de todo lo positivo que tenía la leche materna y les intentaba informar para que alimentaran a sus hijos como ellas quisieran, pero siempre, siempre, repletitas de información fiable.

A los dos años y medio me quedé embarazada de mi hija y cuando di a luz y empecé a tener problemas con su lactancia, busqué ayuda. Ya sabía que las tomas no debían doler, ya sabía cómo tenía que ser un agarre correcto, ya sabía como distinguir una mastitis... Ahora solo quedaba poner la teoría en práctica, y estaba convencida que con una asesora iba a ser mejor y muchísimo más fácil.
Sólo me bastó ir un día a que me enseñaran a colocármela bien para que todo fuera rodado. Cero dolor, cero molestias, cero tabúes, cero desinformación y mucho, muchísimo amor.

Este sentimiento de rechazo es común, pero no por eso es bueno. Puede hacer daño a mamás que se pueden sentir juzgadas pero, sobretodo, nos hace daño a las personas que lo sentimos o lo hemos sentido. En mi caso me ayudó ver que no era peor persona por sentirlo, sólo tenía una herida dentro y tenía que trabajar un poco para curarla.

Otra cosa es la gente a la que simplemente no le gusta ver bebés comiendo de sus madres y, bueno... Es respetable aunque yo por ejemplo no lo entiendo. Pero si todos hiciéramos por respetarnos, el mundo sería un lugar mucho más bonito.