miércoles, 28 de diciembre de 2016

EXTEROGESTACIÓN O EXOGESTACIÓN, ¿QUÉ ES?

NUEVE MESES DENTRO, NUEVE MESES FUERA.

La gestación de un ser humano dura aproximadamente cuarenta semanas, considerándose un embarazo a término a las treinta y siete.
No obstante, cuando el embarazo concluye y el bebé nace, se necesitan otros nueve meses para que su desarrollo se complete.

Los primeros meses son muy duros. El pequeño, que hasta hace nada lo tenía todo dentro del útero, ahora necesita a alguien para comer, moverse, asearse... Y la única forma de hacernos saber que le falta algo es llorando.
Todos los que somos padres sabemos que puede llegar el punto en el que te duelan los brazos de cargar todo el día a tu hijo. Pero eso es lo que necesita, tanto como el comer.





La antropóloga Werida Trevathan afirma que debido a la bipedestación humana, el embarazo de nuestra especie se ha adelantado varias semanas con respecto a hace miles de años para que la cabeza del feto pueda salir con éxito por el canal de parto. La gestación humana debería de durar más, pero si la cabeza y cerebro del feto siguieran creciendo dentro del útero al ritmo que lo hace fuera, sería imposible que saliera por el canal vaginal, con lo cual, la gestación tiene que completarse fuera.

Nuestros bebés nacen con el 25% del cerebro desarrollado, que es muy poquito (los simios, por ejemplo, nacen con el 50% de desarrollo). En los siguientes meses de vida, éste establece millones de conexiones neuronales gracias a los estímulos externos (la voz de sus figuras de apego, los masajes, las risas, el contacto piel con piel...)
Seguro que todos habéis visto alguna vez una foto de un canguro con su cría en el marsupio (la bolsa que tienen delante). Esto es debido a que las crías de los marsupiales nacen en un estado de desarrollo muy incompleto, para el que es necesario el "porteo" y la cercanía de su madre.
A nosotros nos pasa igual. Necesitamos ese contacto.

Cuando finaliza la exterogestación, el desarrollo psicomotriz del niño adquiere una mayor capacidad, que es, en su mayoría (que no siempre), cuando empiezan a gatear, a desplazarse o a intentar ponerse de pie, alrededor de los nueve meses.

Para mí esta etapa tan sumamente agotadora es de las mejores. Cambian por días, crecen por segundos. Por eso no se deberían separar de sus padres (o en defecto de su madre) durante este tiempo. Es cuando se fortalece más el vínculo y sus cambios son casi diarios.

Éste mes mi hija cumplió sus nueve meses y, mirando las fotos, veo la magia que somos capaces de crear.
Cuando estoy extremadamente cansada y casi al límite intento repetirme a mí misma que los días son largos, pero los años son cortos. Y que tengo que exprimirlos, porque cada día que pasa son más mayores, más maduros y más independientes.

martes, 1 de noviembre de 2016

Afrontar la muerte con los más pequeños.

Diego empezó hace un par de meses a hacer preguntas sobre la muerte.

Todos los días vamos a casa de la Bisa; nuestro hijo (de casi cuatro años), que siempre coge los bastones de mi abuelo, comenzó a preguntar y repreguntar que dónde estaba el Bisotón, a lo que empezamos a decirle que falleció cuando él era muy pequeño. Es un niño muy sensible, y sin apenas conocerlo se puso triste por lo que le estábamos contando.







Hace poco menos de un mes, un familiar muy cercano nos dio un susto. Le dio un infarto cerebral que le tuvo ingresado en el hospital dos semanas y media. Diego, que ya de por sí estaba mostrando desde hace semanas interés por el tema, preguntó si ese familiar, al que estaba acostumbrado a ver todos los días, se había morío. Nosotros no mentimos nunca a nuestros hijos, y después de leer varios artículos de psicología en los que dicen que para abordar el tema de la muerte con los pequeños es conveniente no mentirles, teníamos más claro aún que tampoco lo íbamos a hacer en algo así. Yo le dije que esperábamos que no, que los doctores lo estaban curando, y entonces me preguntó si se iba a morir, a lo que contesté que todos nos morimos, que la muerte es parte de la vida. No obstante, para morirse hay que ser muy muy viejecito, estar muy muy muy muy malito o tener muy muy muy mala suerte.


Nosotros no le decimos que no llore, no nos gusta que reprima su tristeza o sus emociones. Llorar por la perdida de un familiar o un ser querido es sano, pasar ese proceso de duelo es muy necesario, tanto para adultos como para niños. Mi marido y yo si tenemos que llorar no nos escondemos. Hemos leído en blogs y foros de psicología infantil que expresiones como por ejemplo: "está en el cielo", "está durmiendo para siempre" o "Dios se lo ha tenido que llevar", entre otras, pueden confundirlo y crearle una ansiedad innecesaria, por lo que nunca lo hacemos. Hay que ser claro, conciso y responder a todas las preguntas que nos haga. Como con todos los temas transcendentes, mostramos mucha naturalidad, lo vemos imprescindible para que le afecte lo menos posible.


Tampoco podemos esquivar el tema cuando sale, porque Diego tiene muchísima memoria y si empezamos a divagar, a los diez minutos te vuelve a preguntar, así sucesivamente hasta que le digas una respuesta que entiende.






No sé como lo haré si Delia me pregunta antes... No sé como adaptar la información a una edad más temprana... Nosotros nos informamos y hacemos lo que creemos mejor, siempre intentando usar términos cariñosos acordes a la edad de nuestro hijo.
Él ha ido al cementerio a llevarle flores al Bisotón pero yo, personalmente, no lo llevaría al velatorio de alguien. No quiero que se quede con la ultima imagen de ese ser querido así, quiero que lo recuerde vivo, con su sonrisa, con su mirada cálida.

Somos conscientes de que es más fácil decirle que está en el cielo, pero también sabemos que si lo vamos preparando ahora, cuando llegue el momento de perder a alguien cercano va a ser menos doloroso y lo va a poder entender y gestionar mejor.  No vamos a pasar por la transición a la verdad porque ya va a saber la verdad. Va a entender desde pequeño lo que decía al principio, que la muerte es una parte de la vida.



jueves, 13 de octubre de 2016

Ser madre joven, ¿fácil?

Dentro 4 días cumplo 23 años y ya tengo dos hijos.
Me quedé embarazada de mi mayor a los 18. Desde entonces la vida ha puesto constantemente en mi camino a personas que me han juzgado y desvalorizado por el simplísimo hecho de ser mamá joven.





La cosa se agrava conforme vas teniendo más hijos y sigues aparentando ser una niña.
Si me dieran un euro por la cantidad de veces que le han dicho a mi madre "¡anda, ahora con cincuenta años a volver a criar, eh!" o comentarios por el estilo, tendría para terminar de pagar el coche.
La gente no se corta y suelta esos comentarios delante de una, y eso jode molesta bastante. Qué pasa, ¿no me ven capaz y tiene que criar mi madre por mí?
En este último mes me han preguntado dos veces que si soy de etnia gitana por tener dos hijos ya y una vez que si soy kika (los católicos que están en contra de usar métodos anticonceptivos para evitar un embarazo). ¿Y A VOSOTROS QUÉ NARICES OS IMPORTA LO QUE YO SEA? Yo no voy preguntándole a la gente por la calle si son católicos o que si tienen el pelo teñido, pues esto es igual.


También están las típicas preguntas/afirmaciones del tipo:

-¿Qué te dijeron tus padres cuando les diste la noticia?, ¿Te castigaron?
-¿No te planteaste abortar?
-¿Fueron buscados?
-Te has arruinado la vida
-Dile adiós a tus sueños
-Seguro que los tratas como si fuesen Nenucos
-No sabes lo que has hecho
-Si tú aun no estás criada, ¿cómo vas a criar?
-No sabes lo que es disfrutar

Y decenas de comentarios por el estilo...




Señores, si quieren salseo pónganse la serie de la MTV Teen Mom y a mí déjenme en paz.

Cuando nació Diego sentí que tenía que demostrar a diario que yo era capaz de hacerlo sola (añadamos mas hierro al asunto, era madre joven... ¡Y SOLTERA!)
Era un examen constante que tenía que aprobar a cada minuto. Tuve la suerte de poder ahorrar y pagarle los botes de leche yo, sin ayuda económica DE NADIE.
Mi madre, de vez en cuando me decía si quería que le comprase X cosa al niño y yo siempre le contestaba un "yo puedo sola".
Cuando él nació, las noches en vela y los terribles cólicos me los tragué yo solita. A los días estaba tan saturada que rompí a llorar; mi madre me escuchó y me dijo si quería que se quedase al niño un par de horas y así yo podía dormir un poco, mi frase favorita era "es mío, es mi responsabilidad. Esto me lo tengo que tragar yo". Escribo esto y me invade la tristeza y la ansiedad que tenía en aquel momento.
Tardé días en ceder y dejar que me ayudasen. Ojalá pudiera dar marcha atrás y decirme a mí misma que no iba a ser menos madre por dejarle el niño a su abuela y yo dormir dos horas seguidas esos primeros días...
La mayoría de las madres de mi tribu son bastante más mayores que yo, y a todas les ayudaron en sus inicios, en esos momentos de adaptación e inseguridad dónde las hormonas y la mente te juegan malas pasadas.

La diferencia es que a una mujer no se la juzga igual con 30 años que con 20.

No hay día en el que no me cruce a alguien por la calle y no me mire con pena y compasión.
Estoy harta de repetir que soy madre por vocación. Siempre quise tener hijos, siempre quise hacerlo pronto... Quizá no tanto, pero Diego vino sin buscarlo y fue deseado por su madre desde el minuto 0. Así me vino y así lo acepté, con lo bueno y con lo malo que tiene tener hijos antes de los 25.

Los pros que saco es que tengo mucha energía y paciencia, que cuando tenga 40 ellos ya estarán criados, que si ellos quieren seré una abuela joven e incluso podré llegar a ser bisabuela ¡o tatarabuela! También cuando somos jóvenes tenemos más facilidad para los cambios, los embarazos también suelen ser más llevaderos. Hay menos posibilidades de que el bebé tenga problemas y menos tasa de cesáreas. Los abuelos también son jóvenes. Maduro y aprendo a diario, disfrutaré mucho tiempo de mis hijos, y que he conocido antes de tiempo un amor que no se puede comparar a nada, a nadie.

Los contras son que he tenido que aparcar mis sueños un tiempo, pero eso no es problema porque no hay nada que no se pueda retomar. Que si me apetece irme a la otra punta del mundo sola no puedo, o mejor dicho, no quiero. Que he cambiado y adaptado mi rutina por completo, que no tengo ahorros. Por cada 100 prendas de ropa que les compro a ellos yo me compro un par de calcetines. No tengo ojeras de bailar toda la noche, las tengo de no dormir por dar de comer a mi hija cada 2 horas. Si tus amigos aún no han sido padres (que es lo más probable) seguramente la relación con ellos se tense y a veces incluso se rompa. Vamos a un ritmo de vida muy diferente de los que no tienen niños. Y ya no hablemos de la discriminación de otras madres, en las clases de preparación al parto de mi primer hijo me miraban como si fuese un mono de feria, se sentaban en grupitos y yo siempre estaba sola. Me intentaba acercar y no había manera... En los grupos de madres y padres del colegio me ha pasado igual. No creo que tenga tres ojos para que se me mire con esa extrañeza.

Pero creedme: nada de eso importa. Son cosas totalmente banales... El amor que me dan a diario es el mayor premio... Ellos valen todos los esfuerzos. Valen la pena. Ellos valen la vida.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Mi hija lleva las orejas perforadas.

Mi hija, como una grandísima parte de las niñas caucásicas, lleva las orejas perforadas.
Una enfermera le hizo los agujeros de los pendientes a Delia cuando ésta tenía una semana.
No voy a decir como la mayoría de las mamás que les han puesto los pendientes a sus hijas, que no lloró. No tuve esa suerte, lo hizo, y mucho. Fueron 30 segundos por oreja interminables, en los que la niña se puso roja del berrinche. Normal, le estaban haciendo daño.
En ese momento me sentí mal, me sentí fatal. Y empecé a pensar en el por qué le había hecho pasar a mi hija por ese minuto de dolor. Ella ya no se quejó más, y a mí se me fue olvidando.


Foto de Google.


En nuestras vacaciones fuimos a Peñíscola, y una noche que estábamos en un parque, vimos a una niña con un piercing en el ombligo. Ella iba con su hermano mayor, que aun así también era un niño pequeño. Yo, que no me pude contener la curiosidad, le pregunté al niño que cuántos añitos tenía su hermana, él me respondió "¿la del piercing en el ombligo?" a lo que yo le contesté "¿anda, es de verdad?" su respuesta me dejó helada. "sí, claro que es de verdad. Ella tiene CINCO años".
Cinco años y llevaba un piercing igual que éste en el ombligo:




No juzgo a esa madre, no juzgo a esa niña. No puedo juzgarlas porque siento que yo he hecho lo mismo con mi hija. Le he perforado una parte de su cuerpo sin su consentimiento, sin darle poder de elección (aunque seguramente, la niña de cinco años fuera la que le pidiera a sus padres hacerse el piercing, quién sabe). Ese momento me hizo reflexionar, hablé mucho de ello con mi marido y con mi madre.
Mi madre me dijo que la verdad es que le había sorprendido que yo decidiese hacerle los pendientes a mi hija por mi manera de criar y de ver el mundo. Y creedme, más me sorprende a mí. Sé que en ese momento pensé que le estaba ahorrando un dolor si en el futuro quería ponérselos, pero, ¿y si no quiere?
Es una tradición que hemos normalizado, pero que ahora con el tiempo, veo totalmente innecesaria. Me parece un buen tema de debate siempre y cuando se haga desde el respeto.
Es mi primera niña y estoy aprendiendo mucho de ella en muchos aspectos, éste uno de ellos. Estoy segura de que si en el futuro tengo otra no se lo voy a hacer.
Me encantaría saber qué diferencia hay entre esa niña de cinco años y la mía. Me encantaría saber qué llevó a esos padres a firmar el consentimiento para hacerle un agujero en el ombligo a su pequeña... Puede que lo mismo que a mí para hacerle los agujeros en las orejas a la mía...
No lo sé.

viernes, 9 de septiembre de 2016

LA ETERNA JUSTIFICACIÓN DE LAS MADRES.


¿Le das biberón? Sí porque...
¿Aún sigue tomando pecho? Sí porque...
¿Le das purés? Sí porque...
¿Lo llevas en el carrito? Sí porque...
¿Le vas a dar trozos enteros de comida? Sí porque...
¿No va demasiado pegado a ti en esa mochila? No porque...
¿Le has puesto las vacunas de paga? Sí porque...
¿Lo dejas durmiendo en la cuna solo? Sí porque...
¿Es que te vas a quedar en casa sin trabajar cuidando a tus hijos? Sí porque...
¿Lo vas a llevar a la guardería? No porque...
¿El niño duerme en su cuna? No porque...
¿Vas a trabajar tan pronto? Sí porque...


Como éstas, las madres tenemos que soportar mil preguntas por el estilo. Es raro el día que no tengamos que contestar alguna pregunta así o parecida.
El otro día me di cuenta de que cuando estrené maternidad con Diego, pasé cerca del primer año y medio de vida de mi hijo justificándome.





PORQUE ME DA LA REAL GANA. Porque así lo hemos decidido su padre y yo. Porque sigo mi instinto. Porque si me equivoco aprenderé por mí misma. Porque yo conozco a mis hijos y me conozco a mí, porque se nuestras necesidades y nuestros derechos.

Llevo un tiempo que me fijo mucho que en la redes sociales hay que justificarlo absolutamente todo, porque sino ya llegan las madres del año y te atacan. NO.
Las hay que directamente te preguntan ¿cuando vas a dejar de darle teta a tu hija? Pero vamos a ver, señora... ¿Y a usted qué le importa? Llega un punto en el que cansa dar tanta explicación, en el que aprendes que no te tienes que explicarlo todo. Que siempre va a haber alguien que no esté de acuerdo y siempre va a haber otro alguien que te va a apoyar. Nunca llueve a gusto de todos y no se puede basar la elección de la crianza de nuestros hijos en el qué dirán los demás. Esto es algo que se aprende con el tiempo... Ojalá hubiera tenido esta seguridad cuando di a luz a mi primer hijo. Era jovencísima y por el simple hecho de tener 19 años se me cuestionaba absolutamente todo lo que hacía, sobre todo las mujeres más mayores que criaban a la antigua usanza.
Estaba harta de escuchar que lo dejara llorar, que no debía dormir conmigo, que le diera de comer en horarios estrictos. Terminé tan quemada que con mi segunda hija he terminado por no pasar ni una.
Tú cría a tus hijos como te parezca mejor, que yo haré lo mismo con los míos.




No me cansaré de decir que el pilar de una buena educación es el respeto, y si nuestros hijos ven de primera mano que respetamos otros modos de pensar, otras formas de actuar; estaremos criando niños tolerantes y respetuosos.

Hace unas semanas saltó la polémica con una foto de una mamá que estaba sentada usando el móvil en el aeropuerto y su bebé estaba en el suelo acostado. La mayoría de personas juzgamos la foto (me incluyo, y aunque esa mamá no me vaya a leer nunca, decirle que lo siento) pero todo tenía una explicación y un motivo de ser así. Esa mujer tuvo que leer muchos comentarios por internet que la pusieron de mala madre para arriba, a lo que ella explicó a un periódico que llevaba mas de un día en el aeropuerto porque había habido problemas con su vuelo, no tenia opción a quedarse en un hotel e iba sola con su bebé de menos de tres meses. Después de dormir toda la noche en el suelo con su hijo, a la mañana siguiente se levantó, se sentó en un asiento y se puso a pedir ayuda a sus padres para que fueran como pudieran a recogerla.
Yo me sentí fatal y caí en la cuenta de que había hecho lo que no me gusta que me hagan a mí, juzgar y pedir explicaciones. Pero de todo se aprende, y ahora antes de pensar en negativo sobre una madre, intento ponerme en su lugar y apoyarla.





También tenemos derecho a equivocarnos y a aprender. Yo gracias a otras madres que me han dado consejos sobre porteo, alimentación, lactancia, sueño... He descubierto que con mi primer hijo hacía cosas que ahora jamás haría con Delia, por mero desconocimiento. Y seguramente con el tercero haga cosas que ahora no conozco. Pero una cosa no quita a la otra, no se puede atosigar a una madre, y más si es reciente, a preguntas que no son de nuestra incumbencia. Todas las madres amamos a nuestros hijos, y todas hacemos lo que hacemos por un motivo que seguro tiene justificación (aunque no lo entendamos o no lo compartamos) lo importante es respetarnos entre nosotras, empatizar y no juzgarnos unas a otras.



domingo, 4 de septiembre de 2016

Seis meses

Pese a que te estás volviendo muy mala dormilona, tienes un carácter igual de malo que el mío, y no te conformas con nada... Eres perfecta para nosotros.
Necesitábamos una ''bebé real'' que nos enseñara la parte más cansada de la maternidad. Porque esta parte también es maravillosa. Con tu hermano mayor ha sido todo tan fácil y tan rodado que necesitábamos que nos metieran esa caña que solo tú nos podías dar. De esa manera tan tuya. Tan especial.

Hace medio año llegabas. En el mismo momento en el que salías de mi vientre me rompiste los esquemas en mil pedazos... Estaba tan tan convencida de que eras un niño que la sorpresa fue mayúscula. Me regalaste un parto maravilloso que sanó todo el dolor que tenía después de haber sufrido tanta violencia obstétrica con Diego.






Dice papá que yo te he regalado seis meses de lactancia. Que me he sacrificado, que he dormido menos, dice también que está orgulloso de mí porque te he dado lo mejor, solo y exclusivamente salido de mi cuerpo. Pero no, la verdad es que eres tú la que me has regalado a mí seis meses de un vínculo difícil de superar. Innato. Lleno de vida.
Me has enseñado que ser el alimento de alguien 100% durante seis meses no es para nada tan tedioso como lo pintan. Todo lo contrario, es algo mágico, poderoso. Que engancha. Y quién me conoce sabe que a mi la magia me encanta, sobretodo si te veo crecer tan sana y tan tan feliz; y yo contigo, por supuesto.

Hace seis meses que pierdo los nervios con más frecuencia de la que me gustaría. Pero también pido perdón. No me cuesta pedir perdón; sobretodo a Diego, que los terribles dos le han dado con retraso y ahora mismo está en los terribles tres y medio.

Hace medio año que me pregunto si cuando tenga un tercero me explotará el corazón de amaros tanto. Con vosotros dos lo tengo al límite ya. Cuando veo que carcajeas a la mínima tontería que te dice tu hermano siento que el mundo se para en seco. Qué decir cuando vuestras carcajadas se fusionan, creando así el sonido más increíble que he escuchado en mi vida. No existe nada más, sólo vosotros dos y vuestras sonoras risas, esas que llenan el alma, que tienen luz. Que tienen vida.

Ahora iniciamos una nueva etapa. Estamos en un punto al que me daba miedo llegar. Ahora eres más independiente, te vas a alimentar de forma distinta, ahora vas a aprender muchas cosas de golpe, a gatear, a ponerte de pie, a decir dos sílabas distintas en la misma palabra, a andar, a gestionar lo que quieras con tus pequeñísimas manos... Ahora vas a interactuar más y mejor con Diego, vas a aprender mucho con él, tienes el mejor maestro que una hermana podría desear. Créeme, a mí me lo ha enseñado todo.




Feliz medio año, mi vida pequeña.

miércoles, 31 de agosto de 2016

16 SEMANAS NO SON SUFICIENTES. #ConciliarEsVivir #ConciliAcción

La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda la lactancia materna (en caso de no poder/querer, la artificial) como alimento exclusivo durante los 6 PRIMEROS MESES DE VIDA.
Tenemos 16 semanas de baja maternal, lo que equivale a poco menos de cuatro meses. Entonces... No me salen las cuentas.
La realidad de una madre trabajadora que quiere continuar con la lactancia materna es dura, difícil y triste. En el mejor de los casos hay que tirar de sacaleches y que algún familiar le de lactancia en diferido al bebé exclusivamente hasta los seis meses, es decir, dos meses que dependemos de alguien que manipule nuestra leche (la descongele, la deseche de ser necesario...) Otra opción es introducir la alimentación complementaria a los cuatro meses, cuando nos guste o no, el estómago del bebé no esta completamente maduro y hay riesgos de desarrollar alergias. También se tendría que meter al niño en una guardería o contratar una niñera. O comenzar con lactancia mixta. Pero en todos estos casos la conciliación es un problema.
No tenemos hijos para que a los cuatro meses los tengamos que dejar. Tenemos hijos para criarlos, para disfrutar de ellos, para que ellos nos disfruten a nosotros. A los cuatro meses no saben ni sentarse... Nos necesitan.

En caso del padre es igual, dos semanas de baja... Cuando el papel del papá es también importantísimo. En mi caso fue un pilar fundamental para conseguir una lactancia exitosa, fue un apoyo total en todas las subidas y bajadas de hormonas. Fisicamente me curaba y me cuidaba.
Y lo mas importante, dejando atrás todo esto... Él también necesitaba estar/cuidar a nuestra hija. Cuando regresó al trabajo tuvo un bajón bastante gordo (encima empezó de fines de semana y se tiraba dos días sin vernos).

Tenemos que luchar por lo que nos pertenece, por lo que nos merecemos. En el resto de Europa las bajas son así:




Estamos entre los países europeos con menos baja maternal/paternal. ¿Cómo pretenden que suba la natalidad así? Porque a mí se me quitan las ganas de ir a por el tercero, y tengo amigas muy cercanas que desean tener el segundo y no pueden por el trabajo.

Ya nos estamos moviendo, ya estamos luchando por una conciliación real. Para hacer ruido va a haber una quedada en Twitter el lunes 5 de septiembre a las 10:00 y otra a las 22:00. El resto de semana solo se hará una diaria a las 22:00h.

Para participar hay que twittear poniendo los hastag #ConciliarEsVivir el lunes, el martes y el miércoles; #ConciliAcción el jueves, el viernes y el sábado y #MADRESGUERRERAS todos los días. Vamos a intentar hacer trendic topic algo tan importante como la conciliación, que si algo tan banal como la telebasura consigue serlo a diario, estamos obligados a lograrlo. Esto sí es importante.





Para más información os dejo aquí un post de Madres sí. Pero guerreras también, en el que explica todo a la perfección.

Movámonos, luchemos por pasar tiempo con nuestros hijos, por estar presentes durante los meses más trascendentales de sus vidas. Por nosotros. POR ELLOS.