miércoles, 29 de junio de 2016

Me echo de menos.

Hoy, mi marido se ha ido a jugar un partido de fútbol con sus compañeros de trabajo.
Hoy, por la noche que he pasado, por las hormonas, por algunos factores incontrolables, o vete a saber por qué, no he empezado el día con buen pie.
Me he dado cuenta de que hace meses que no me siento mujer. Hace meses que no tengo un ratito para mí sola, para desconectar, para pasear, leer, quedar con alguien... Me he dado cuenta de que ya no soy Mika, soy la mamá de Diego y Delia.




No me había dado cuenta hasta que Néstor se ha podido tomar esas dos o tres horas para él.
Ahora mismo yo no puedo, doy LME (Lactancia Materna Exclusiva) y estamos en verano. No puedo porque si mi hija tiene hambre sólo la puedo alimentar yo, y si mi hija tiene sed ídem. Y ojo, me encanta, es la mejor decisión que he tomado en mi vida, y claro que me compensa estar dándole lo mejor... Pero quizá hoy necesitaba hacer algo yo sola, y no quiero porque ¿y si le entra sed y yo no estoy? Pues dale agua pensaréis... Pero no. He luchado mucho por una lactancia exitosa y es contraproducente darle agua.


Yo antes de ser madre.


Estoy harta de maternidades edulcoradas, en las que sólo está permitido decir lo feliz que eres, lo bien que duermes y lo poco que pierdes la paciencia. En las qué si te quejas por algo, viene la lista de turno y te contesta un "es lo que tú has elegido". Claro que yo lo he elegido, igual que elijo aceptar un trabajo de, pongamos dependienta, y si un cliente me habla mal, me grita o me tira una prenda a la cara, tengo derecho a quejarme. Pues esto es igual, no está mal quejarse de vez en cuando de que tienes sueño, de que comes rápido, o de que te duelen los brazos de cargar todo el día a tus dos hijos.
No está mal echarse de menos. No está mal pensar en que ojalá, de vez en cuando tuviésemos ese momento para nosotras. Es lo más normal del mundo y no hay que sentirse culpable, ni mucho menos.
Siempre digo que soy madre por vocación, he nacido para esto, me encanta criar, disfruto haciéndolo, pero claro, es algo que te consume 24 horas, 7 días a la semana, 365 días al año. Agota y hace feliz a partes iguales. Sufres y te ríes a diario. Es algo bellamente contradictorio.


Yo después de ser madre.

Ésta sensación es pasajera. Ellos CRECEN, y bien sabemos que echamos de menos toda época pasada en la que eran más bebés... Por eso me consuelo diciéndome a mí misma que tengo que disfrutar el estar todo el día pegada a Delia con la teta fuera, porque dentro de dos meses, al introducir la alimentación complementaria, dejara de ser tan bebé. Dentro de un año, cuando empiece a andar y a explorar el mundo que le rodea, empezará a ser un bebé grande. Dentro de dos años, cuando no deje de preguntar el por qué de todo pasará a convertirse en una curiosa niña pequeña. Y así sucesivamente.
Su infancia es efímera, pasa más rápido de lo que nos pensamos... Y aunque hoy me echo mucho de menos, se que tarde o temprano volveré a ser esa mujer que sueña con estudiar lo que ella quiere, con crecer laboralmente, con aprender y disfrutar de la soledad que infravaloramos cuando no somos madres.

Basta de idealizar la maternidad y de querer ser las madres perfectas, tener la casa perfecta, los niños perfectos y todo perfectamente controlado.
La maternidad es durísima, es una realidad que solo se entiende al cien por cien cuando se tiene un hijo.
Estás en tu derecho de quejarte, igual que te quejas si vas a un restaurante y te sirven la comida fría, o de si tenías planeado ir a la playa y te llueve cuando estás aparcando. No te sientas mal por ello, somos madres, pero también humanas, también mujeres, y es muy necesario recordarlo a diario.
No está mal echarse de menos, pero hay que intentar poner el remedio para no hacerlo a menudo.


lunes, 6 de junio de 2016

#ElPoderDeLaTeti con ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE. #BloguerasxlaLactancia

SUERTE.

A lo largo del día no hago más que pensar en la suerte que tenemos. Hemos nacido en el primer mundo, la gran mayoría de nosotros con agua potable, un techo, juguetes, comida, trabajo, medios, sanidad, información...
Por desgracia, en pleno siglo XXI sigue habiendo mucha desigualdad. Algunas zonas del mundo seguimos avanzando mientras otras se quedan estancadas en una situación de precariedad y pobreza extrema. Como en toda la zona del Sahel. Ahora mismo están atravesando una situación de sequía bastante preocupante.
Allí, el principal alimento de los bebés es la leche materna, puesto que es algo que es gratuito y que, como bien sabemos todos, es lo mejor que se les puede ofrecer... Pero claro, si no hay agua... Es muy posible que hayan muchas lactancias que fracasen, porque también hay desinformación, desnutrición y enfermedades...

Tenemos que ayudarles, y para eso Madresfera y la ONG Acción Contra El Hambre se han unido para crear esta iniciativa. Se juntan varios equipos, cada equipo con 10 blogueras, que escribimos y recaudamos fondos para éste fin (el objetivo es que cada equipo llegue a los 1000€). Yo estoy en el equipo EL PODER DE LA TETI, de Nuria Rodríguez de It Mum.







La donación mínima es de 4€, y de verdad, por muy poco que sea para nosotros, para ellos es un mundo. El dinero recaudado entre todos los equipos irá íntegro a esta lucha.

Para donar, tenéis que clickar aquí. Estoy segura que antes del 15 de Julio (fecha tope) podremos conseguirlo.




Sólo somos gente pequeña, haciendo grandes acciones.

lunes, 4 de abril de 2016

Un mes. El amor no se divide... Se multiplica.

UN MES.

Delia cumple hoy un mes, y yo cumplo con ella un mes de bimadre, de aprender, de probar mis limitaciones, mis capacidades. De amar.
Un mes que me ha sorprendido en muchos, muchísimos sentidos.


Me ha sorprendido Diego, que no ha tenido ni un ápice de celos. Antes de que naciera su hermana, estábamos pegados cual lapa el uno al otro, no nos separábamos... Yo jugaba todo el día con él, hacíamos actividades, paseábamos, estábamos todo el día haciendo el mono... Ahora me paso todo el día pegada a Delia, ella es muy hambrona, y el 75% del día está enganchada al pecho, con lo que depende de mí 100%. Diego, lejos de ponerse celoso me ayuda... Me acerca el agua cuando la amamanto, me trae las gasitas, le limpia la leche que le cae por la comisura del labio, le da palmaditas para que eructe...
Se tira absolutamente todo el día pegado a ella, nunca le he visto dar tantas caricias y besos en tan poco tiempo. La gente le dice lo típico de '¿me puedo llevar a tu hermanita a mi casa?' y él dice que ni hablar, que la hermanita es suya.
Yo llevo un mes con las hormonas on fire, un mes en el que no dejo de culparme. Me culpo a diario por haberlo destronado, por haber hecho que crezca de golpe... Me culpo cuando lo veo jugando solo en el salón de casa, sin quejarse... Me culpo cuando veo que me faltan manos, que me falta tiempo, cuando él quiere ir al parque y solo puedo llevarlo 10 minutos, o cuando le digo un ''no'' con todo el dolor de mi corazón y esperando una rabieta, pero no, lejos de eso él me sonríe y me dice ''vale, mami''.
Me culpo porque sí, porque soy humana y he perdido los nervios. Diego lleva 4 noches que se despierta llorando (supongo que por pesadillas) y yo intento calmarlo, cuando veo que lleva una hora llorando desconsolado, Néstor se va con él a otra habitación, y yo me quedo llorando en la cama, porque me gustaría irme con él, pero la niña depende de mí. Él me llama a mí, y el no poder atenderle cuando me necesita me duele muchísimo.
Le he pedido perdón muchas veces, y él no sabe ni por qué.
Soy consciente de que le he hecho el mejor regalo que una madre le puede hacer a un hijo, un hermano. Soy también consciente de que cuando empiecen a interactuar toda esta culpa se calmará... Pero ahora no puedo evitar sentirme así.
Ayer estuve toda la tarde hasta las 23:45 sola con los dos. Eran las 21:30 y Diego y yo aún no habíamos cenado, él me decía que tenía hambre, pero yo le estaba dando el pecho a Delia... Imaginad cómo me sentí al no poder partirme en dos.


Néstor es el que más me ha sorprendido. Todos, toditos los miedos que yo tenía respecto a él y que cuento aquí eran totalmente absurdos. Parece que ha tenido 15 hijos recién nacidos... Desde el minuto 0, cuando Delia salió de mi cuerpo, él se volcó en ella, la cogía sin miedo alguno (y fijaos, yo que ya he vivido lo que es tener un bebé tan pequeñito, estaba acojonada temblaba las primeras veces al cogerla), le cambiaba todos los pañales, la calmaba... Puede estar la niña dos horas llorando que él no se pone nervioso, la duerme con una facilidad asombrosa, la viste y la desviste, la baña...
Respecto a mi cuarentena, me ha cuidado, me ha curado, ha limpiado, me ha hecho de comer, me ha mimado, y sobretodo, me ha dado cariño y seguridad.
En estos 31 días de bipadres... Me he re-enamorado de él... Hasta las trancas.


Mi madre. Estas dos últimas semanas, Nés ha tenido que trabajar 15h seguidas sábado y domingo. Ella ha estado aquí ayudándome y apoyándome. Ha sido mi desahogo, ha sido una ayuda muy muy importante.


La madrina de Delia... Me ha ayudado y apoyado, cuando Delia estaba removida ella tampoco perdía la calma, cuando a mí me ha entrado la inseguridad, ella ha estado ahí para hacerme ver que puedo con todo.


Mi suegra, mis amigas, mi abuela, mi familia... Ha sido un mes llenísimo de amor... Hemos visto lo arropados que estamos, y eso nos da fuerza, mucha.


También nos hemos decepcionado. Gente que pensábamos que iba a estar al 200% con nosotros no ha  llegado ni al 5%.
Y, en cambio, gente por la que no dábamos un duro, nos ha sorprendido gratamente.

En resumen, ha sido un mes inolvidable, mágico. Ha pasado tan rápido que aún me cuesta creer que ya seamos cuatro. Un mes en el que he descubierto lo que es amar de verdad y que la felicidad, aunque pienses que es plena, siempre puede ser más y más intensa


viernes, 11 de marzo de 2016

Mi segundo parto. ¿Merece la pena no saber el sexo del bebé?

Hoy Delia cumple una semana. Ha sido una semana mágica, en la que ha habido momentos de sueño extremo, de agobio por no poder prestar a Diego la atención que se merece, por pensar que no llegas a todo... El inicio de la lactancia, el conocernos más aún los 4... Hago balance y aun con todo eso, ha sido la semana más maravillosa de mi vida. Qué cierto es eso de que el amor no se divide, se multiplica.

He llevado un embarazo totalmente sedentario. La vagueza se apoderó de mí y la media hora que me decía la matrona que anduviera todos los días... Si eso la andaba al mes.
El jueves pasado (03/03) no paré, me costaba mucho andar porque el bebé estaba muy encajado, pero aun así me tiré toda la tarde de arriba para abajo.

Estábamos tan cansados Néstor, Diego y yo que nos fuimos a dormir a las 22:00.
A las 22:30 empecé a sentirme un poco molesta con las contracciones de Braxton, las indoloras. Me daban bastantes y yo ya intuía que algo estaba cambiando en mi interior. Una hora después empezaron a dolerme levemente, a lo que empecé a contar el tiempo, me daban cada 8-10 minutos, regulares. Mis soles seguían durmiendo mientras que la duración entre contracciones iba siendo más corta y éstas más largas y molestas. Yo no hacía más que levantarme y pasearme, hasta que a las 3:15 se despertó Néstor y me vio un poco rara. Yo le dije 'me da que mañana no vas a trabajar, eh... Estoy de parto.'
Él se puso eufórico, ya me dolía cada 3 minutos. Yo le dije de esperar a la mañana siguiente, pero a las 5 ya quería irme, le dije que tenía que tener lo menos 5 cm de dilatación, eran muchas horas con contracciones regulares y dolorosas y yo ya era multípara. Llamamos a mi cuñado que se quedó con Diego, éste no hacía más que decirme llorando que no lo dejara, y yo me fui rota por dentro, dejando al que aún era mi pequeño llorando.

a las 5:30 llegamos, me hacen monitores y un tacto que no se me va a olvidar en la vida de lo que me dolió. Estoy 70% cuello borrado y casi 3cm de dilatación. Me desplomé y rompí a llorar... Tantas horas soportando dolor para solo haber dilatado medio cm (lo otro ya lo llevaba dilatado 3 semanas).
Me desmoralicé... Me ingresaron y me dejaron en la habitación con la fitball, pero la cosa empeoraba, lo que eran contracciones regulares cada 3 min. cambiaron a contracciones cada 10-12-4-6... ¿Se me estaba frenando el parto? Cada vez dolían más pero no tenían patrón de tiempo.
Yo estaba agotada y muy triste, veía que me dolía y no servía para nada.
A las 8 y pico pasó una matrona que es un cielo y me hizo un tacto con mucha suavidad, a lo que me dijo que estaba de 4'5 cm, que las contracciones sí estaban dando fruto, y que cuando yo quisiera me pusiera la epidural y nos fuéramos a paritorio.
Yo seguí aguantando en la habitación una hora, hasta que ya volvían a ser muy regulares y muy dolorosas, así que me subieron.
La matrona me preguntó que qué era, niño o niña, a lo que contestamos que no lo habíamos querido saber. Ella se emocionó porque era el primer parto de toda su carrera en el que iba a recibir a un bebé que no sabía su sexo.
Me puse la epidural, y fueron los 40 minutos peores del parto. Me pusieron solo medio bolo porque yo quería sentir el dolor, quería pujar con mi instinto, solo quería indicaciones para evitar el desgarro.
Al ponérmela hicieron lo único que no me gustó, me rompieron la bolsa y me pusieron la oxitocina.
Estaba de 6cm y eran las 14:00, a lo que mi matrona, le dijo a Néstor que se bajara a comer tranquilamente y sin prisa. Que ella no me iba a volver a mirar hasta las 16:00, que esto iba lento. Yo le dije que aguantaba el dolor, que se fuera, y así hizo, se bajó a comer con mi madre que estaba fuera.
Soportaba bien el dolor, movía mucho las piernas y estaba tranquila, respirando genial. Hasta que a las 14:10 me dio una contracción que me partió por dentro. Llamé corriendo, y me dijeron que llevaba muy poca epidural y que a lo mejor se me había ido para un lado, que me pusiera acostada para el otro. Se fue la enfermera y a los 2 minutos me volvió a dar. Sentí que me rompía por dentro. Llamé otra vez con el timbre y me dijeron que no podían hacer nada, que me habían visto hace menos de 15 minutos y que esto era así... Que si quería más chute de analgesia. Yo dije que no y se volvió a ir, y a los 2 minutos otra vez me volví a romper por dentro, a lo que estampé el timbre y llamé a gritos. Me dijeron de hacerme un tacto y yo accedí. 'Madre mía, estás completa y estoy tocando la cabeza, empuja a la próxima, este bebé sale ya'. Yo me puse a llorar, las matronas llamaban a Néstor por teléfono y éste no tenía cobertura, me estaban subiendo al potro y no paraban de decirme que el bebé estaba aquí ya. Yo pensando que Nés se iba a perder el parto, notaba la presión y cómo descendía.
De repente apareció sofocado y poniéndose el gorro y la bata a toda prisa. Automáticamente me tranquilicé y me centré en la que iba a ser la mejor experiencia de mi vida.
Tenía a tres matronas para mí sola, y yo quería que estuvieran las tres. Me estaban tratando genial.
Me pusieron un espejo delante, y yo sola escuché a mi cuerpo. Con cada contracción llenaba a mi hija de oxigeno, conectaba con ella. Pujaba, notaba como bajaba por el canal de parto. Era fantástico.
Al tercer pujo, con todo el dolor, me hicieron episiotomía. Mi piel es muy tersa y era o eso o desgarro.
Al cuarto pujo salió la cabeza. La vi salir, me incorporé cuando aún tenía su cuerpo dentro de mí, agarré sus axilas y me la saqué yo.
Jamás me he sentido como en ese momento. Me sentí más poderosa que nunca, salvaje, mamífera, mujer, fuerte... Sobretodo tremendamente fuerte.

'¡¡AQUÍ TIENES A TÚ PRINCESA, ES UNA PRINCESA!!'

Yo me acosté y la abracé fuerte, lloré como no he llorado nunca. Chillaba una y otra vez ¡PRINCESA! No me lo creía... Intuí hasta el final que era un niño... Néstor lloraba como no lo he visto llorar nunca, como un niño, frágil y vulnerable... Estaba feliz.

No hubo pinzamiento tardío de cordón, la placenta salió disparada sin yo pujar y tuvieron que cortar corriendo... Fue una pena, pero en ese momento solo quería llorar de felicidad.

La matrona me cosió y con lágrimas me dio las gracias. 'Gracias por haberme regalado un parto tan bonito, tan especial'.

Tengo el parto grabado entero, y cada vez que lo veo lloro y se me pone el vello de punta. Euforia, emoción... Era pura oxitocina.

La pregunta que me hace todo el mundo es si ha merecido la pena la incertidumbre. Por supuesto que sí, ha merecido totalmente la pena... La cosa es que le sigo llamando 'el bebé' porque no me acostumbro a que sea una niña, aún estoy alucinando.
También digo que me llevo la experiencia, pero si tengo un tercero no lo volveré a hacer, las últimas semanas son de nervios por no saber lo que tienes, estás muy limitado para comprar cosas y ropa, demasiado sexismo en todo...

También cómo llevé los dos días de ingreso por el estrés post traúmatico del hospital. Pues los llevé genial, como bien me decía todo el mundo, no iba a tener tiempo de pensar ni dónde estaba metida. Nada de ansiedad y nada de taquicardias.

Gracias Delia, me has enseñado más de lo que te puedes imaginar en tan solo una semana. Te debo tanto...



viernes, 4 de marzo de 2016

Os presentamos a Minipunto

Estoy escribiendo esta entrada un lunes, recién cumplidas las 38 semanas. Me encuentro tranquila después del ingreso de la semana pasada, la dejo escrita y la publicaré cuando nazca Minipunto, enseñándoos su carita, que seguro que es preciosa.

Porque creo que os merecéis conocerlo tanto como las personas que tengo a mi lado físicamente.
Porque me habéis aguantado mis días malos y mis días malísimos, como ha sido esta semana pasada (37 semanas).
Porque también habéis aguantado lo mejor, la felicidad que he sentido pese a haber tenido un embarazo tan pesado y tan cuesta arriba.
Me habéis aconsejado cuando lo he necesitado y habéis apoyado todo lo que hemos decidido, como si tuviéramos una mano amiga al otro lado de la pantalla del móvil a la que apretar cuando dudábamos de nosotros mismos.
Habéis soportado 9 largos meses sin saber el sexo del bebé, habéis soportado 9 largos meses de lloros y risas, y me habéis alegrado con los mensajes tan bonitos que hemos recibido y con todos los buenos deseos, cuando flaqueábamos siempre tenía alguno para leer con el que retomar las fuerzas.
Se seguro, que todos o al menos, la mayoría de los que habéis estado con nosotros durante este tiempo, lo estaréis en el postparto y viendo crecer a nuestros hijos. Igual que yo seguiré estando para lo que me necesitéis siempre.

Os presentamos a Delia, nuestra niña, nuestra preciosa niña. 3.200gr y 50cm.

martes, 16 de febrero de 2016

El glamour del embarazo.

Cuando una mujer se queda embarazada le llueven los piropos. Dicen que la etapa en la que una mujer está más guapa es en el embarazo, el pelo no se cae, las uñas crecen rápidas y duras y la piel tiene un extraño brillo que no tiene cuando no estás preñati. DICEN.

Mis dos embarazos han sido TOTALMENTE OPUESTOS. En el de Diego vomité 5-6 veces, en el de Minipunto 5-6 veces también, pero al día. En éste estoy teniendo todos y cada uno de los síntomas habidos y por haber menos la ciática, en el de Diego no tuve absolutamente nada excepto ciática. En este tengo acidez todas las santas noches, en el de Diego no sabía ni lo que era.
Cada embarazo es un mundo, y yo el de Diego lo viví con una agilidad que al recordarla ahora me parece increíble. Ir a natación a diario, a todos los sitios andando... Ahora el simple hecho de estar 4 horas en clase me destroza entera.
Yo cuando di a luz a Die no hacía más que contar lo maravilloso que era estar embarazada, pero ahora cuento la parte opuesta. Hay embarazos y embarazos, y en mi caso este está siendo pesadísimo.

Estamos felices, gestamos una vida, nos ceden el asiento en transporte público y bancos (o eso deben de hacer) nos dejan dormir horas extras porque nuestro cuerpo lo necesita, comemos lo que queremos y nos seguimos viendo maravillosas, es más, cuanto más gordita sea la panza más ternura desprendemos, nos miman aunque estemos insoportables por el boom de hormonas que llevamos a cuestas, y tienen más paciencia con nosotras. Estamos consentidas y felices por ello.
Eso ve la gente.

Pero nadie se imagina lo preciosas que estamos cuando, durante el primer trimestre, nos levantamos a vomitar a diario, nos dan cefaleas fortísimas y nuestras encías sangran porque en el embarazo es muy común tener gingivitis. O cuando el exceso de hormonas nos juega la mala pasada de crear un grano justo entre las dos cejas, haciendo que parecemos un unicornio. Aún así seguimos estando bellísimas a ojos de la gente, aunque nosotras nos veamos como cracos.

En el segundo trimestre aparece la ciática, el bebé crece mucho y ya se nota la barriguita, pero en mi caso en el segundo trimestre parecía que mi gordura era porque me había comido un búfalo, y no porque estuviera en estado de buena esperanza.
Te crecen los pechos ¡oh qué bien! Pues no, duelen mucho, y tienes que ir corriendo a comprarte sujetadores porque los de antes de quedarte embarazada te dejan la marca y te oprimen.
También empiezan las contracciones de Braxton Hicks, que con Diego no tuve ni una, pero con éste hacia la semana 28 ya me molestaban (que no dolían).
Llega el temido momento en el que no puedes dormir boca abajo, y en mi caso empezó a subir el numero de veces en el que me tenía que levantar a hacer pis por la noche. Y qué carajo, por el día. Es super sexy decirle a tu marido 'nene, ¿cómo vamos a ir al cine si hago pipí cada 25 minutos? ¡No me voy a enterar de la peli!'
Supuestamente pierdes la libido, supuestamente. O por el contrario te vuelves como una perra en celo. Todo muy extremista.
En algunos casos empieza a salirte calostro del pecho. No mola nada cuando queda tanto tiempo para que pueda ser aprovechado.

El tercer trimestre es, al mismo tiempo, el más ansiado y odiado.
En mi caso vuelven los vómitos, pero esta vez no por náuseas, sino por la acidez. Nunca he sabido lo que es acidez hasta la semana 29 de mi segundo embarazo, entonces descubrí el amor por la Ranitidina que ahora se desvanece poco a poco, porque 6 semanas y media después me está dejando de hacer efecto.
Vamos al baño cada 10 minutos, ya no aguantamos tanto como hace 10 semanas... El útero presiona la vejiga y ésta tiene menos capacidad de aguante.
El bebé se encaja, yo con Diego no me di cuenta, con Minipunto estoy flipando con el dolor que tengo en toda la pelvis.
Salen hemorroides, qué graciosas ellas.
Y estrías. Yo no tengo ni una de momento, pero esto aún no ha acabado.
Tu centro de gravedad se va a tomar por saco, con lo cual tienes que andar como si te llevara el viento, balanceándote. Unos andares que quitan el sentido.
El útero está tan grande que comprime los pulmones, con lo cual al andar 20 minutos ya pareces un Pomeranian después de haber hecho una maratón. Lengua fuera y jadeando.
A mí me pasa hasta al hablar, cuando cuento algo muy largo me falta el aire.
Los ligamentos se resienten al sostener el peso del bebé. Duele.
Ponerte los calcetines y atarte los zapatos es todo un show, estamos super graciosas.
En esta etapa te duele hasta el alma.

Y aún así la gente sigue viéndote espléndida, aún así esto es lo mejor que te ha pasado en la vida, sonríes sin parar y te sonrojas cuando lees o escuchas lo bonita que es tu barriga, y aún así cuando des a luz y pasen los meses estarás echando en falta la barriga a diario. Se olvida.
MERECE LA PENA.








lunes, 25 de enero de 2016

Bullying: No son cosas de críos

La semana pasada, un niño que casualmente se llama como mi hijo, Diego González, se suicidó.
Él tenía once años. ONCE.
Era víctima de acoso escolar, y cómo no veía otra salida se arrojó desde un balcón dejando una carta que a toda España nos conmovió.

Los padres de Diego con la carta de despedida que escribió su hijo.

Se me parte el alma con noticias así; yo he sufrido bullying y mi hijo está pasando por algo parecido al acoso escolar. Éste caso me ha conmovido especialmente porque me ha pillado en la época en la que estamos luchando contra esto, y porque encima, se llama y apellida como Diego.

Yo entiendo que él no quisiera contar lo que le pasaba porque yo no lo conté, pero en mi caso, no recuerdo cómo, mi familia lo descubrió. Recuerdo que un día estaban en el salón de mi casa esperándome mi madre, mi hermano pequeño, mis tíos y mis primas... Ahí me hicieron contar lo que me estaba pasando.
Años más tarde, dos de las desgraciadas chicas que me acosaban (se metían conmigo, se reían de mí, nada de lo que yo hacía era de su agrado...) pasaron a ser mis mejores amigas, pero hace un año justo me la volvieron a jugar y hasta aquí llegó mi paciencia y mi poder para perdonar/olvidar.
Lo de ellas era mas 'light' pero había otro par que cuando estaba en clase me lanzaban cosas duras a la cabeza, me humillaban y amenazaban, me robaban, querían que yo hiciera cosas malas sólo por tener su aceptación (y lo peor es que las hacía. Si les caía mal alguien hacían que yo me peleara con esa persona, e incluso cosas peores por las que siento una enorme vergüenza...) Siguieron jodiéndome hasta cuando yo ya me convertí madre, hasta tal punto que quedaban con el inseminador cuando yo estaba recién parida y con las hormonas a full, sólo para hacerme daño. Increíble, ¿verdad? Pero un día me cansé, y de eso no hace tanto, unos 3 años... Me cansé y me revolví, como dice el refrán, "el valiente es valiente solo hasta que el cobarde quiere" y yo había dejado de ser cobarde hace meses.
A dia de hoy, me mandan peticiones de amistad al Facebook. ¿Enserio pretenden que las acepte? En fin, sólo espero que lo que me han hecho pasar jamás se lo hagan pasar en un futuro a sus hijxs, yo no me suicidé, pero sí que se lo que es querer desaparecer para siempre.

Y si duele que te lo hagan a ti, mil millones de veces más duele que se lo hagan a tu hijo.
Hace un mes y medio, un día que fui a recoger a Diego, entré en el colegio porque se había dejado el abrigo. Justo estaban saliendo la clase de P5, y al cruzarse con nosotros empezaron a reírse de él y a chillarle 'payaso, payasete' y cosas por el estilo. Yo me agaché y cogí a un niño, le pregunté que qué le estaban diciendo y por qué, y me dijeron que como los payasos tienen el pelo rizado, él es un payaso.
Diego no me había dicho nada, y cuando llegamos a casa, yo, intentando que él notara que le estaba dando poca importancia, le pregunté. Él me dijo que eran sus nuevos amigos, que en el recreo lo buscaban y le tiraban del pelo, y que le habían hecho una canción y todo llamándole payaso.
Si de por sí me destrozó saber que le decían eso en tono despectivo, cuanto menos se me partió el corazón cuando supe que había contacto físico y que, encima de todo, Diego se pensaba que eran sus amigos y que estaban jugando con él.
Mi marido y yo fuimos a hablar con su tutora a la mañana siguiente. Ella me dijo que no lo había visto, que en el recreo hay mas de ciento cincuenta niños y que no se había dado cuenta de nada, que iba a vigilar el tema y que no nos preocupáramos, que sobretodo lo importante es no hablar estos temas delante de Diego, que él no le de importancia es lo mejor que nos puede pasar.
No obstante no podíamos dejar de pensar en ello, así que a los dos o tres días le preguntamos y todo seguía igual. De hecho, le preguntamos porque cuando fui a llevarlo, una niña de seis años empezó a meterse con él delante mía, a empujarlo y a decirle cosas feas. Yo me puse en medio y le dije que era su madre y que no le volviera a decir nada más, a lo que la niña empezó a vacilarme a mí, ¡CON SEIS AÑOS! Cuando acabaron las clases otra vez volvimos a hablar con la maestra, y nos dijo que iba a tomar más medidas.
Esa tarde, cuando Néstor recogió a Diego y lo llevó al parque, un niño de los mayores le preguntó que si era su papá, cuando él respondió que sí, éste le contó que decían no se qué de 'asesinar al payasete'. Obviamente un niño de seis años es imposible que sepa el significado de la palabra asesinar, seguro que lo verían en alguna película, pero eso ya eran palabras mayores y era intolerable.
Al día siguiente fue la profesora la que nos llamó a nosotros, y nos contó que metieron a Diego en la clase de los niños que se meten con él y que les dijeron que se llamaba Diego y no payasete, y que les quedaba terminantemente prohibido acercarse a mi hijo. La sorpresa fue que Diego, al ver a esos niños se puso a cantar y bailar la canción que se habían inventado... Él pensaba que todo era un juego.
No nos quedamos conformes, así que fuimos al día siguiente al recreo a ver si veíamos algo raro, y la profesora al vernos, nos dijo que nada más salir, Diego había buscando a esos niños y que las dos profesoras le habían tenido que explicar que él tenía que jugar con los niños de su edad, no con los mayores.

La cosa quedó así, no volvieron a acercarse a él ni Diego a ellos... Pero ahora, al volver de vacaciones, me ha vuelto a contar que le han vuelto a cantar esa cancioncilla... Con lo cual vuelta al principio, hemos tenido que volver a hablar con la profesora y el viernes hablaremos con dirección, aunque nos estemos saltando el protocolo del centro.
La profesora nos sigue diciendo que Diego los busca en el recreo, pero es que Diego cumplió tres años en Diciembre, él no entiende por qué no puede ir 'a jugar' con esos niños, si ellos le hacen caso...
Mi hijo es así, le prestas un poco de atención y ya quiere estar contigo... Lo malo es que es muy pequeño, y aún no sabe diferenciar la atención de los insultos.




Me han dado consejos en plan "pues córtale los rizos y así no se meten con él". Pero lo primero, es que él no se los quiere cortar, y lo segundo es que así solo le enseñaría que si hay algo de su aspecto físico que no le gusta a alguien tiene que cambiarlo. Entonces qué, si en vez de 13 kg pesara 20 kg y se metieran con él por eso, ¿lo tendría que poner a dieta? O si se meten con él por su color de ojos, ¿le tendría que poner lentillas de otro color? No tiene sentido. Gracias a Dios, nosotros le potenciamos mucho todo lo que tiene, la lengua geográfica, el vello, su pelazo rizado... Por eso él tiene esa seguridad en sí mismo, él se quiere mucho porque nosotros le hacemos ver lo increíble que es.

Rumores, amenazar, marginar, empujar, dañar sus objetos, pegar, insultar, robar...

Estas preocupaciones acaban de empezar, sólo espero que no vuelva a pasarle nunca... Espero que los niños que se meten con otros niños por hacerse los graciosos o los valientes dejen de hacerlo. Que caigan en la cuenta de que hay personas muy vulnerables para las que lo que ellos piensan que son simples palabras son un mundo, y que pueden hacer que tomen decisiones irreversibles, como le pasó a Diego González, o al que se suicidó en Nochebuena, o como los miles que lo han hecho y no han salido en las noticias.

Empatía. Ojalá consigamos que las nuevas generaciones se críen sabiendo el significado de esa palabra.